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FUERA DE JUICIO | El retorno de la historia

FUERA DE JUICIO | El retorno de la historia

Jul 25, 2015

Para términos prácticos, nuestras actividades cotidianas las dividimos en periodos que cíclica y permanente se repiten y cada uno de ellos, en teoría, debiera servirnos para mejorar o superar los errores que se hayan cometido o para ajustar detalles que nos ayuden a mejorar, ya sea en cabeza propia o en cabeza ajena.

Milan Kundera, en La insoportable levedad del ser, lo explica como el eterno retorno de la historia (si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto), pero es un libro que no pasó por los escritorios de los políticos o a lo mejor se quedó ahí, en los escritorios, al menos entre quienes vivieron la elección municipal del 2009 y la del 2015, aunque no haya pasado mucho tiempo de por medio.

En el futbol, por ejemplo, los ciclos son de seis meses (hace relativamente poco eran de un año pero el negocio los hizo rediseñarlos), con etapas de una semana entre jornada y jornada, mientras que en la política son de tres años, entre cada uno de los procesos electorales y sus respectivas administraciones.

Aquí vamos al grano: Entre la elección del 2009, en que el Partido Acción Nacional perdió la capital tapatía y a la postre el PRI regresó al poder, existe un paralelismo que el Revolucionario Institucional no vio porque repitió exactamente los mismos errores y a la postre perdieron Guadalajara, pero a manos del PMC.

Ambos partidos tuvieron un candidato que nadie le puede negar un ápice de inteligencia o capacidad, pero en los hechos no lograron conectar con los posibles electores a la hora de pedirles el voto, principalmente porque su estructura falló y se quedaron abandonados en las urnas.

En ambas fechas las venas de Guadalajara, principalmente en el centro de la ciudad, estaban abiertas producto de la obra pública que se programó por esas fechas: en el 2009 para reparar las banquetas que habrán quedado muy bonitas pero no dieron votos.

En el 2015, basta transitar por cualquier calle para que el automovilista enfrente una desviación por obra pública y entonces el trienio de la actual administración pasó de ser el de mayor inversión en este rubro se convirtió en el principal problema.

La pregunta sería si la obra pública da votos y yo digo que sí, con las debidas atenciones para los futuros beneficiarios.

Como copia una de otra, los partidos perdedores o sus equipos de campaña recurrieron a la guerra sucia que desde entonces decían que no era lo suyo pero en algún momento, incluso, compartieron asesores extranjeros. Pero su guerra sucia resultó ineficiente, ni puntual ni focalizada: tanto contra Aristóteles Sandoval (que todavía recuerda el episodio del mechón como mero pasaje anecdótico) como contra Enrique Alfaro.

Así nos podríamos pasar con muchos de los elementos que se conjuntaron en esas campañas, pero todo puede resumirse en que los grupos internos terminaron por simular un apoyo a pesar de que lucieron desunidos y por consiguiente unas campañas completamente desarticuladas.

Aunados a los errores del partido, existieron también en ambos casos eventos coyunturales con los que debieron cargar los candidatos pero a final de cuentas terminaron por influir en el resultado: en el 2009 la contingencia por la influenza H1N1 y en el 2015 los narcobloqueos del primero de mayo.

La historia se repitió, casi al pie de la letra, pero el libro de Kundera sigue en los escritorios, de poco sirvió la experiencia.

josemapulido@gmail.com