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FUERA DE JUICIO | Es una broma

FUERA DE JUICIO | Es una broma

Oct 24, 2015

Algunos de los nuevos funcionarios del Partido Movimiento Ciudadano llegaron con tantos aires de pureza que olvidaron que a final de cuentas eran parte de lo mismo.

Por eso sólo con un sentido del humor bastante amplio podría entenderse o aligerarse la revisión de algunos pasajes en la política local, como el hecho de que un día se pretende la instauración de un programa bajo el lema de nadie fuera de la ley pero al día siguiente se puede ir a comer una torta a un lugar que viola la norma.

Sea por el motivo que sea: por el sabor de la torta ahogada, porque se estaba cerca, porque hay que saciar el hambre, porque se es amigo del dueño, porque se olvidó la consigna del día previo.

Eso es preferible a pensar que lo que se buscó fue una acción mediática que opacara la presentación de un plan anticorrupción presentado por la Secretaría de Movilidad, independientemente de que dicho plan vaya a servir para algo o para maldita la cosa, pero el afán era poner piedritas al de enfrente.

Existe un pasaje en la novela «La broma», de Milan Kundera, donde el personaje principal de nombre Ludvik narra que durante una marcha, alineados en el campo militar, los obligan a poner las manos con las palmas hacia abajo y a levantar las piernas tan alto que alcancen sus propias manos.

A medida que avanza el ejercicio en el campo de concentración donde es enviado por una broma, Ludvik se imagina su desgarbada figura, se imagina a sí mismo ridículo, y su propia idea le produce risa; luego esa risa contagia al que va a un lado sin saber de qué se ríe, y el otro contagia al siguiente y así sucesivamente hasta que toda la fila termina a carcajadas tirada al piso.

En eso termina la intención de aplicar un castigo con acciones como esa, en una broma a la que todos estamos expuestos.

Lo mismo puede decirse del nombramiento de Salvador Caro como Comisionado de Seguridad, que debe de recurrirse a una paradoja para aceptar que debe de estar ahí.

Filosóficamente lo explica Adolfo León Gómez en su «Nuevo tratado sobre la mentira», que Miguel de Cervantes, en el capítulo LI del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

En ese pasaje, un acaudalado coloca una horca al otro lado de un río para proteger su caserío con la leyenda de que «si alguno pasare por este puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna».

Sucedió que tomando juramento a un hombre, «juró y dijo que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento, y dijeron: «Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre».

Así fue la respuesta a las peticiones de si su comisario había aprobado las pruebas de control y confianza cuya especulación duró 20 días.

El argumento es que sí las pasó, aunque muchos duden de ello producto de la misma especulación, pero las pruebas no se pueden dar a conocer porque si así ocurre se incurre en un delito, hayan sido positivas o negativas y lo mismo ocurre con quienes no creen, que no pueden dar a conocer las pruebas porque también violarían la ley.

Incluso los panegiristas que retan a que prueben que no pasó los exámenes, estarían conminando a la comisión de un delito.

Con todo y eso mantienen para su bien una confianza y expectativa bastante alta entre los ciudadanos que los llevaron al poder.