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FUERADEJUICIO: El club de la torta ahogada

FUERADEJUICIO: El club de la torta ahogada

Feb 8, 2014

Por José María Pulido —
De las varias lecturas que pueden darse al regreso de Francisco Ramírez Acuña a la política jalisciense es que más que unir al panismo fomenta el grupismo y divide al Partido Acción Nacional con sus claras intenciones y mensajes de rechazar las alianzas para el próximo proceso electoral.
Ramírez comenzó con el pie derecho, eligió el momento adecuado, pero con su objetivo difícilmente podrá garantizarse el regreso del PAN a la primera posición electoral y se antoja más factible que pueda convertirse en un puente e interlocutor con el PRI, terreno donde también enfrentará resistencias con grupos como el de Hernán Cortés que ya le llevan ventaja.
A Jalisco le urge elevar el nivel de su práctica política, no sólo en el debate sino también en la práctica, sobre todo cuando se revisan las condiciones en que dejaron el Estado sus antecesores del blanquiazul, más ocupados en otras prácticas que en el ejercicio del poder.
En ese terreno, Francisco Ramírez Acuña viene a convertirse en un referente porque para nadie es un secreto que se trata de un animal político y sus posturas inamovibles (el que se va se calla) le hace ganar respeto.
Por eso su postura de no necesitar bules para nadar viene a dividir a un ala panista que ya estaba con la idea fija del rechazo a las alianzas, grupo del Comité estatal que manifestaba una oposición natural a aquel grupo que proponía ir en alianza con el Partido Movimiento Ciudadano y que encabeza Eduardo Rosales junto con otros alfaristas de clóset.
Nadie le puede quitar al ex gobernador, ex secretario de gobernación, ex diputado local, ex diputado federal y ex alcalde que tiene un peso específico y por eso debió haber sopesado el daño que le ha causado el grupismo a su partido, porque, grupismo que comenzó en los distritos, siguió en los ayuntamientos y terminó con traiciones antes de aceptar las reglas que los hicieron crecer.
A estas alturas y a toro pasado, puede decirse que ese grupismo fue el cáncer que terminó con el poder de Acción Nacional en Jalisco y que fue la causa de otros males como el de las divisiones y las mencionadas traiciones porque antepusieron la búsqueda del poder por el poder mismo.
Antes de partir, Ramírez Acuña sabía que encabezaba un grupo sólido de panistas, que llegaron a colocarse como los prospectos más interesantes para el Jalisco a futuro pero que terminaron por truncarse a la vuelta de las elecciones.
Por ejemplo, cuando surgieron y se hicieron públicas las diferencias entre Ramírez Acuña y Jorge Salinas sabían que era un camino sin retorno y ahora ambos deben saberse necesarios y sabedores que deberán picar piedra.
Ese es un vacío en el regreso del ex gobernador a la política jalisciense, que por un lado llama a no necesitar “bules para nadar” pero carece de los operadores necesarios para fortalecer su figura y por eso la segunda parte en la lectura de su retorno es convertirse en el interlocutor del PRI.
A estas alturas, ambos saben que si se quiere elevar el nivel de la política no se puede hacer con gente carente de experiencia, por eso no deben de repetir los errores del pasado como cuando Ramírez Acuña fue llamado a trabajar como secretario de Gobernación en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, pero se ganó el mote del “grupo de la torta ahogada”.

E-mail: josemapulido@hotmail.com