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FUERA DE JUICIO | Señuelos

FUERA DE JUICIO | Señuelos

Ago 15, 2015

Algo pasa en los partidos políticos que los hace quedarse en el discurso.

Todos coinciden en que deben entender la realidad de los nuevos tiempos que permitieron la incorporación de los candidatos independientes, pero no hacen absolutamente nada por remediarlo.

Como ejemplos están el PAN y el PRI, curiosamente dos de las tres fuerzas políticas más importantes de Jalisco y las dos principales a nivel nacional.

Ambos casos tienen que ver con la renovación de sus dirigentes estatales y sus luchas intestinas para mantener el status quo que los ha caracterizado.

Una de las frases que marcaban al Partido Acción Nacional en tiempos de renovación o de nombrar a sus aspirantes a cargos de elección popular era «primero los estatutos y luego el candidato» o «primero los principios y luego el nombre».

Se referían a que el perfil era preponderante en la elección de sus candidatos y en sus campañas la ideología sería la base para la consecución de los votos.

Pero en el ejercicio del poder y su necesidad de mantenerlo hizo cambiar toda esa ideología y esa forma de actuar para incorporar a candidatos que se llamaron externos aunque no pensaran como ellos o a realizar alianzas que en otras épocas estarían vedadas.

Hoy, su lucha en la renovación de la dirigencia exhibe el privilegio de los grupos sobre la ideología y el pragmatismo sobre sus principios. De no contar con un dirigente a modo tendrán la posibilidad de apoyar a los llamados candidatos independientes, que no han dejado de llegar sin el apoyo de las propias estructuras de partido.

Y en el Partido Revolucionario Institucional pasa algo similar, lejos de abrirse a las democracias internas repite esquemas que le funcionaron en épocas de la «dedocracia» con la célebre frase de «nos adivinaron el pensamiento».

Lo importante es evitar elegir para disminuir el riesgo de equivocarse y si se equivocan poder culpar a otros del fracaso como ocurrió con la elección de su candidato a la alcaldía de Guadalajara.

Podrían definirse como priistas a modo.

Su esquema de renovación pasa por las mismas penurias que Acción Nacional y la práctica de cerrar filas para mandar la señal de unidad no deja de ser apenas un señuelo que pretende engañar a los aspirantes ajenos a quienes se consideran dueños del partido.

Así ocurrió en el desayuno de la semana pasada, encabezado por todos los sectores a quienes bien les vendría la pregunta de dónde estaban esos sectores cuando se necesitaba su voto o si se parecen tanto al PAN que ya son capaces de prenderle fuego a la casa propia con tal de ver arder la ajena.

Ese fue el mensaje externo, que hay apoyo y no cambio, pero el acuerdo es que habrá renovación y que saldrá de entre ellos mismos.

Si bien es cierto que los estatutos lo favorecen, también lo es que no quieren dejar entrar a nadie al círculo cerrado y mucho menos quienes ostenten un discurso crítico o se dediquen a denostarlos.

Descuidan que los procesos electorales arrancan cuando termina el último, o al menos tienen dinero para ello, y estos son tiempos para planear los objetivos para que luego no se quejen porque el otro candidato ya les lleva ventaja.

Ni en el PRI ni en el PAN quieren asumir sus culpas de la derrota el pasado siete de junio, ambos son los partidos más viejos y parecen estar cortados con la misma tijera.

Y mientras más tarden en aceptar sus errores, más tardarán en corregirlos.

josemapulido@gmail.com