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FUERADEJUICIO | Sin reservas

FUERADEJUICIO | Sin reservas

Jul 4, 2015

Anunciados desde el mes pasado, los cambios en el Poder Ejecutivo nomás no llegan, lo que hace surgir la pregunta de quiénes son los interesados si con dos ajustes que se realizaron ha sido suficiente para que las aguas vuelvan a su nivel y la realidad que enfrentan es que los relevos no se prepararon a tiempo.

Una de las principales conjeturas sobre la derrota del PRI en la Zona Metropolitana, dicho por las propias autoridades, fue que la sociedad había castigado al gobierno en las urnas por su falta de resultados y porque precisamente las elecciones intermedias se toman como una evaluación.

Si ellos mismos los anunciaron y no se han hecho pueden enlistarse algunos motivos por los que no llegan:

1.- La falta de reservas.

2.- Fundamentar que los ciudadanos se equivocaron en lugar de aceptar que hubo errores en la toma de decisiones, o

3.- Quedarse en la zona de confort.

Los cambios se anunciaron incluso de manera estruendosa con artilugios tan innecesarios como la renuncia sobre el escritorio, como si al titular del Ejecutivo le hiciera falta la disposición del funcionario para cambiarlo o reubicarlo y no que lo puede cambiar cuando quiera porque se trata de designaciones, no de cargos de elección popular que la ley privilegia.

De no aguantar la presión, los cambios quedarán sólo en posibles enroques o reubicaciones porque, es de insistirse, la banca luce pobre, tendrán que esperar a que los diputados de la actual legislatura concluyan su encargo para asignarles nuevas responsabilidades.

La otra posibilidad es que al paso de los días hayan reconsiderado sus primeras opiniones y que lejos de aceptar que se han cometido errores en el ejercicio de gobierno, los ciudadanos se hayan equivocado al votar por otros partidos, lo que podría conllevar rencores en la toma de decisiones futuras.

Sería no aceptar la realidad cuando el propio ejercicio de gobierno ofrece la oportunidad de hacer ajustes en determinado momento porque los cambios son comunes y en ocasiones programados durante una carrera de resistencia que dura seis años.

Pueden ser cambios de fusibles, cuando el funcionario ya cumplió con la labor que le fue encomendada y que incluso puede ser de pararrayos que en algún momento dejan de ser útiles.

Existen los ajustes de tuercas, por supuesto en busca de mejorar la función a que está obligada la administración y que pueden llegar a refrescar la toma de decisiones.

Pueden darse los cambios que propicien los golpes de timón que regularmente ocurren en los últimos años de las administraciones.

Y existen también los cambios obligados por causas de fuerza mayor y a los que la actual administración ya se ha visto sometido.

En todos los casos, la decisión deberá romper con las lisonjas de los cercanos a quien decide y un grave error sería realizarlos bajo la presión de agentes externos.

Finalmente ellos tienen el pulso.

De nuevo la pregunta: ¿Son necesarios?, depende de la visión de las autoridades, a final de cuentas dentro de tres años vuelve a haber elecciones y los ciudadanos ya aprendieron que tienen herramientas para el castigo.

La realidad es que no es que el gobierno estatal en turno se quiera quedar con los cambios guardados como Mejía Barón en la Copa de Oro, cuando tenía a Hugo Sánchez en la banca, la realidad es que se requieren los cambios pero no tienen las reservas necesarias, no se trabajaron a tiempo y el segundo tiempo apenas comienza.