Portal informativo de análisis político y social

GRILLOS CON PIEL CIUDADANA

GRILLOS CON PIEL CIUDADANA

Jul 9, 2011

Nadie puede negar que la actuación de los diputados es lamentable, que el Poder Ejecutivo gasta mal el dinero público y que político es sinónimo coloquial de ratero. Sin embargo, las protestas y manifestaciones ciudadanas que florecen en la ciudad hacen necesario hacer dos preguntas: 1) ¿Ciudadano es sinónimo de honestidad, limpieza y blancura?; y 2) ¿Los llamados grupos ciudadanos no son, en muchos casos, otras formas de organización política, con los mismos vicios y mañas que las de los partidos y políticos profesionales?

En primer término, estos ciudadanos protestantes son de una vocación multitemática y presencia casi ubicua que hacen pensar que sus luchas no les dan tiempo de trabajar y ganarse el sustento como el resto de los mortales que son asalariados u hombres de empresa. Basta con tomar cualquier periódico y revisar los nombres de los quejosos para percatarse de que suelen ser los mismos personajes, aunque el reclamo varíe: hoy protestan contra el Auditor Superior, al siguiente día lo hacen afuera de la UdeG y hace unos meses en un encuentro cultural internacional. Cambia la queja, pero no el discurso tronante y quienes lo sostienen. Son agitadores que, bajo la careta de la “sociedad civil” –la entrecomillo porque no la representan– adoptan causas populares, pero para satisfacer intereses personalísimos.

Mientras los partidos políticos –con todo lo nefasto que tienen– cuentan con reglas, los ciudadanos protestantes no las tienen, ni rinden cuentas sobre sus actos políticos. Este asunto tiene que ver con un segundo aspecto importante, ¿quién eligió a los ciudadanos protestantes para representar a la sociedad civil? Nadie, por ello los 10 sujetos que hacen un plantón fuera de una oficina sólo hablan por ellos mismos y con esa mínima representación suelen exigir cualquier cosa, por más disparatada que sea: por ejemplo, cualquiera puede hacer una “manifestación ciudadana” para exigir que los ciclistas anden por las banquetas –aunque esto afecte los derechos de una enorme mayoría de peatones– e imponer un privilegio de minoría sobre las mayorías.

Sin embargo, el mayor daño no está en las payasadas públicas con disfraces y protestas a manera de burla. El peligro se encuentra en los aprendices de redentor que buscan posiciones políticas cobijados en el mesianismo ciudadano, ya que estos sujetos tratan de utilizar grupos o colectivos para luego venderse a partidos politicos. Estos oportunistas rabiosos no tienen límites en su ambición, por lo que toman el rol de Ayatolá o Cadí y hacen juicios sumarios que no tienen otro objetivo que obtener posiciones políticas que no han conseguido por la vía institucional ordinaria.

Estos lobos con piel de oveja –o grillos con piel ciudadana– distan mucho de la santidad cívica que pretenden simular: las entidades que lideran no se diferencian de otros grupos de presión e interés y en la práctica son más extorsionadores chantajistas que émulos de la Real Academia, que limpia, fija y da esplendor –que parece slogan de líquido para pisos, pero es el lema del organismo cuya constitución aprobó Felipe V en 1714–. No sorprende que ex titulares de organismos públicos se disfracen de ciudadanos para conseguir su siguiente hueso: ellos son la mayor evidencia de que la bandera ciudadana no es sinónimo de honestidad.

Esto no quiere decir que todo movimiento social sea nefasto, en los grupos ciudadanos hay gente positiva como también existen los oportunistas. Los movimientos por las víctimas de la violencia vial, el crimen organizado o para el apoyo a ancianos o migrantes son una buena muestra de que en lo ciudadano no todos andan tras la nómina del Gobierno. Por ello los ciudadanos deben ser los primeros interesados en que no se enlode la lucha de grupos con buenas intenciones. Por la credibilidad de la sociedad civil, no dejemos que cualquier agitador interesado usurpe su nombre.

 

E-mail: oscarconstantino@gmail.com