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Hartazgo social generalizado

“Políticos insensibles, inmunizados contra los reclamos de la gente, que inmoralmente malgastan el dinero del pueblo y en quienes recae la responsabilidad por sufrimientos y muertes de víctimas inocentes”, recriminó Alejandro Martí, a lo que prácticamente toda la ciudadanía asintió con la cabeza. Sin embargo, esa irresponsabilidad y negligencia no se limita a materia de Seguridad Pública, lo sucedido en Sabinas, Coahuila, es una lamentable confirmación.

Aquí, a Guadalajara llegó un menor que milagrosamente salvó la vida, pero que padecerá de por vida la mutilación de su brazo derecho por los impactos de la explosión de la mina de carbón que para otros empleados significó su tumba.

Lo peor de todo es que negligencias en materia laboral y política, vemos a diario en el País y al parecer la vacuna para insensibilizar surtió efecto, desde hace ya muchos años porque no hay que ir a minas irregulares en lugares poco poblados para encontrarnos a empresarios y políticos, inmoralmente hambrientos de riqueza a costa de la vida y los derechos de sus trabajadores o gobernados.

Me imagino al pequeño Jesús quizás con una sonrisa hace 15 días fue con su madre para avisarle que comenzaría a laborar en la mina para sacar carbón y ayudar con algunas monedas a la economía familiar. En mi mente observo la transformación en el rostro de Rosalba, madre de Jesús, al momento en que le informaron que la mina había explotado. Después veo con vergüenza como los políticos que de una u otra manera tenían la responsabilidad de confirmar que se respetara la Ley Federal del Trabajo y la vigilancia de las operaciones de la mina antes de la explosión, ahora se avientan la bolita para esparcir culpas.

“No hay personal”, “no hay presupuesto”, “yo no sabía”, “no estaba registrado”, todas esas son excusas de actos inmorales e irresponsables que ya no cambian las circunstancias, las vidas se han perdido, las víctimas lloran.

Y ¿qué sigue?… Nada, simplemente pasará el tiempo, esos políticos cambiarán de cargo gubernamental, los empleos riesgosos que matan a miles de mexicanos ante la negligencia de políticos seguirán, todo sin revisión, sin hacerse responsables, hasta que aparezca una nueva noticia que sacuda momentáneamente al País. Y la historia se repite.

¿Usted cree que en Guadalajara no podríamos ver una tragedia así? Aquí también tenemos a empresas e incluso dependencias de Gobierno que contratan a jóvenes estudiantes con horarios abusivos, con sueldos precarios, sin goce de beneficios laborales como son Seguro Social, los someten a malos tratos, amenazas de que si no apoyan a determinado grupo político (aunque estén en el mismo Partido) para la campaña que ya arrancó estaría en juego su puesto laboral. Lo digo, porque lo he visto.

Nuestra nación tiene la marca de los impactos de tanta explosión sea por inseguridad o por irresponsabilidad gubernamental, a donde quiera que apunta la mirada hay víctimas de la negligencia y la impunidad.

No es necesario que explote una mina y deje destrucción alrededor. En los Partidos políticos, en los gobiernos municipales y estatales, en estos momentos se están registrando pequeñas, medianas y grandes explosiones que nos ponen en riesgo a todos.

Insisto, no tenemos que ir a la Zona Norte, todo México se ha convertido en una mina de material combustible a causa de nuestros sistemas político y laboral una circunstancia de riesgo, peligrosamente a punto de ocasionar una detonación de hartazgo generalizado (advierten medidores de explosividad ciudadana) mientras que premie a políticos y empresarios que buscan sacar beneficio personal a costa de la integridad y derechos de otros.

Aquí en Guadalajara, en Jalisco, en México, observo abusos laborales, políticos sinvergüenzas e irresponsables que no voltean hacia abajo más que para ver su bolsillo.

Encuentro a legisladores con iniciativas congeladas en sus cajones y la mirada puesta al siguiente escalafón político. Sí checándolo desde este ángulo me incluyo entre los ciudadanos que asientan con la cabeza cuando escuchan a Martí expresar su desilusión por la clase política y cruzando los dedos para que en medio de los pedacitos de carbón del tronco quemado o de esa mina, se encienda una luz que nos permita guiar el sendero que nos conduce al éxito, si es que con empatía logramos ponernos de pie, sacudirnos, tender nuestra mano al prójimo y caminar a ese nuevo destino como nación, como humanidad.

* Es periodista multimedia

 

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