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Indulto de Alfredo Ríos «el conde»

Indulto de Alfredo Ríos «el conde»

Feb 20, 2016

La tarde del domingo 14 de febrero, el día que serviría para celebrar el 474 aniversario de la fundación de la cuarta Guadalajara, era muy agradable, el viento estaba ausente y las nubes no hacían aparición alguna. Los stand instalados en las afueras de las taquillas e ingresos de la plaza estaban a reventar, no cabía un comensal más. Pues bien, todo parecía perfecto para disfrutar de una excelente tarde de toros viendo partir plaza al mejor rejoneador del mundo, el español Pablo Hermoso de Mendoza y a pie a los diestros Morante de la Puebla y el tapatío Alfredo Ríos «El Conde» lidiando un impresionante encierro de la prestigiosa ganadería «Fernando de la Mora».

Pero cuando más entusiasmados estábamos los presentes, se cumplió el adagio que los toros no tienen palabra de honor y así fue. Los astados presentados lucieron, todos ellos una mansedumbre que hacía desesperar a los más de tres cuartos de plaza que abarrotaron el coso de la colonia Independencia. Así fueron desfilando uno a uno los «Fernando de la Mora», sólo el quinto de la tarde, lidiado por Morante de la Puebla fue el que más o menos sacó la casta para salvar al resto de sus hermanos.

Pues parecía que todo quedaría en una corrida para el olvido y viene el séptimo de la tarde, uno que no estaba previsto ser lidiado en lidia ordinaria. Tuvo que ser de una ganadería diferente. Así, llegó lo que tanto esperan los asistentes cuando no ha habido triunfador alguno.

Saltó al ruedo un toro sobrero perteneciente a la Ganadería de los Encinos, de nombre «Tapatío». Un toro cárdeno claro que fue aplaudido por los asistentes. El matador «El Conde» hizo lo que tenía qué hacer, entusiasmar al respetable. Con la muleta inició la faena metiendo al burel a la toledana aprovechando su docilidad. Realizó series de derechazos y naturales rematando con cambiados por la espalda. El toro repetía una y otra vez la cita con el torero, se le vieron pues incluso dosantinas al de Guadalajara y es ahí cuando todo lo bonito se estaría convirtiendo en algo para recordar y no de manera muy memorable que se diga.
El grito de «¡Indulto, indulto!, que salía de las gargantas de menos de la mitad de los aficionados movieron el alma del amigo del matador Arnulfo Martínez y sus asesores y sucumbieron ante esto para indultar de manera benevolente al de los Encinos abaratando de esta manera la «Nuevo Progreso» de Guadalajara.

«El Conde» es el menos responsable de las críticas subsecuentes en los diferentes medios de comunicación que publicaron la reseña de la corrida, él hizo lo que tenía qué hacer, reitero.

Esperemos que la emoción que embargó a los del palco de la autoridad no se repita de manera hebdomadaria y se otorguen los premios a los toreros de forma seria y objetiva.

La fiesta brava es pasión y cultura…

Correo: fernandoosorno1969@hotmail.com