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INTERNACIONAL: La crisis en Irak

INTERNACIONAL: La crisis en Irak

Jun 14, 2014

Por Juan Alberto Salinas Macías —-

Desde diciembre del año pasado se alertó sobre la presencia y operación de grupos extremistas en el norte y hoy Irak se encuentra en la peor crisis desde la salida de los norteamericanos. En los últimos días, la ola de violencia propiciada por el grupo denominado Estado Islámico en Irak y Levante (ISIL, por sus siglas en inglés) lo colocó como el reto más importante a nivel regional.

Dicho grupo, tomó el control de dos ciudades claves al Norte de Irak: Mosul y Tikrit. El problema es que Irak, al igual Siria, es una zona de amortiguamiento que no debe entenderse en el vacío, sino como resultado de la interacción entre fuerzas religiosas, étnicas y políticas en una región.

La comunidad internacional cataloga a ISIL como uno de los grupos extremistas más agresivos a nivel global. Cuenta con aproximadamente entre tres y cinco mil combatientes activos y en su origen son extremistas suníes derivados de Al Qaeda. Se estima que en la zona del Norte han desplazado a aproximadamente 500 mil personas en los últimos días. La intención de este grupo extremista es la formación de un Estado islámico (suní) en parte del territorio de Siria e Irak; así lo confirmó Hillary Clinton en una ponencia para el Council on Foreign Relations el miércoles pasado.

Para entender la complejidad de esta amenaza, es necesario ver el tablero completo desde tres posiciones distintas. Primero, la esfera doméstica. Desde el proceso de reconstrucción, resultado de la invasión norteamericana en 2003, se buscó la integración de un gobierno plural. Así se reflejó en un inicio con la integración del Consejo de Gobierno –estructura transitoria– y dos elecciones después (2005 y 2010) tiene una estructura frágil. Su Primer Ministro, Nouri al-Maliki ha estado en el poder desde el 2006 y hay severas críticas internas sobre su tendencia a favorecer una corriente religiosa. Por ello, es seguro mencionar que el principal problema a nivel doméstico parte de su incapacidad para lograr la integración política de otras corrientes religiosas y étnicas: (1) sunitas y chiitas, y (2) con Kurdistán. El actual grupo en el poder es afín a los chitas, grupo minoritario en el número total de musulmanes a nivel global, pero mayoritario en Irak e Irán. Por otro lado, Kurdistán es una nación integrada al Estado iraquí, objeto de atrocidades en la etapa de Saddam Hussein. De hecho, en los últimos días han jugado un papel importante en la recuperación de Mosul, ciudad vecina a la capital de Kuristán, Erbil. El resultado de su configuración original da como resultado el desplazamiento de 500 mil personas en el Norte de Irak en los últimos días.

Segundo, a nivel regional. Cuando se dice que el conflicto es resultado de la interacción entre fuerzas religiosas en la región, ¿a qué refiere? Implica el choque entre dos corrientes religiosas: sunitas y chiitas. Los principales ponentes e impulsores de movimientos sunitas son los Saudís, aliados de Estados de Estados Unidos en el apoyo a la oposición en Siria, pero adversarios en la oposición al Gobierno iraquí. Sí, así de complejo.

El común denominador para los Saudís es la oposición a dos gobiernos chiitas, tanto con Bashar al-Assad como con el Primer Ministro Maliki.

Por el otro lado, el principal impulsor de la agenda chiita es Irán. La agenda revolucionaria de Irán debe entenderse desde una perspectiva religiosa. Tienen el imperativo de buscar la preeminencia de su corriente religiosa en la región y así lo hacen realizar en Siria, apoyando a través de Hezbollah y otros grupos a la minoría alawita a la que pertenece al-Assad, que tiene importante apertura con la agenda revolucionaria iraní.

Con la reciente “apertura” y transparencia del programa nuclear de Irán, el Presidente Rouhani ha logrado relanzar el liderazgo de su país en la región. Para muestra, la recuperación de la ciudad de Tikrit –ciudad natal de Saddam Hussein– el pasado jueves y una posición de cooperación con el actual Gobierno iraquí.

Se puede mencionar que la inestabilidad en Irak puede ocasionar una guerra civil más en la región que se suma a la de Siria que ha cobrado más de 160 mil muertes desde el 2011. Sin embargo, si lo vemos desde la óptica de influencia religiosa, es la misma guerra en distinto territorio.

Por otro lado, Turquía tiene una posición compleja: frontera entre el Norte de Irak, Siria e Irán. Esto lo coloca como una ruta natural para el tránsito entre una guerra civil, dos fuentes de recursos y una de refugiados. Simplemente, resultado de la toma de Mosul y Tikrit, ISIL secuestró a 48 nacionales turcos. En respuesta a esto, Turquía respondió con una amenaza que, de no liberar a sus nacionales, su respuesta sería hostil; léase, militar.

Tercero, a nivel internacional el actor más importante es Estados Unidos en tres áreas. La primera es la deuda moral que tiene después de haber invadido y “reconstruido” el país y que aún no es capaz de contar con instituciones suficientemente fuertes para dar combate a los grupos extremistas. La segunda es la necesidad de cohesionar una estrategia regional para fortalecer la zona del Norte de Irak y las fronteras vecinas. El conflicto en esta área, es el control de Arabia Saudita, uno de los principales aliados de Estados Unidos y contener el relanzamiento e influencia iraní. La tercera es la posibilidad de realizar una operación de asistencia militar con un enfoque limitado. En este tenor, se antoja difícil que Estados Unidos incursione de nuevo con botas en el suelo por dos motivos: (1) enfrentan intermedias en este año y, (2) más de 1.3 trillones de dólares gastados hasta el 2012. Por lo tanto, la alternativa que ha estado en discusión es el apoyo que pueda darse con poder aéreo, particularmente con drones letales.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSONU) no ha adoptado resolución alguna en torno a Irak, más allá de la condena de sus miembros sobre la toma de las dos ciudades. Además, el CSONU difícilmente va a tomar una posición que permita un debate sobre el fracaso de la estrategia de reconstrucción norteamericana en Irak.

El conflicto en Irak es resultado de un conflicto religioso regional. Al igual que Siria, no puede entenderse sin el choque entre las dos principales corrientes de los musulmanes y la influencia que ejerce la revolución iraní en apoyo a los chiitas y los saudís en apoyo a los suníes. Por otro lado, el conflicto y la debilidad Iraquí en el Norte es muestra de la complejidad al reconstruir un Estado.

Esta experiencia debe servir como ejemplo sobre el ejercicio de la responsabilidad de reconstruir y asistir Estados débiles. La asistencia en Estados Unidos debe de aspirar a una solución política que no será a través de fuerza militar, sino a comprender la magnitud de las diferencias y buscar la integración de Medio Oriente, Norte de África y el Golfo.

Twitter: @salinasja

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