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JALIZCO

JALIZCO

May 29, 2011

En la total indiferencia, que puede confundir omisión con complicidad, grupos Zetas se han instalado en Jalisco en regiones abandonadas desde el Epicentro de Guadalajara, donde todo el esfuerzo parece que nada más tiene que ver con los Juegos Panamericanos.

La pregunta que hicimos en otras colaboraciones, sigue vigente: ¿Y en qué beneficia el evento de eventos para lugares como Mezquitic?

La respuesta es la misma desde hace años con gobiernos de diferentes tonos y colores: ninguna.

Mezquitic, como ya documentamos en Conciencia Pública, no está en el Norte de Jalisco, está en el punto cardinal del Olvido.

Y son esas condiciones las que grupos de delincuentes aprovechan.

Recientemente vi en un documental cómo penetraron los talibanes en Afganistán y Paquistán. Llegan a lugares de pobreza, implantan sus leyes marciales, cuidan la zona; pero dan cobijo y trabajo. Nada es legal, pero de no tener nada a tener algo, sin que esto lo justifique, es una opción que se acepta. De un día a otro la gente está armada, tiene una pertenencia y se convierte custodio de estilo de vida bélico.

Los Zetas en Michoacán sentaron sus bases en un esquema semejante, como antes lo habían hecho otras ramificaciones del crimen organizado en Ciudad Juárez, por ejemplo.

Los Zetas en Tierra Caliente, Michoacán –por citar un lugar–, llegan a tener tiendas, casas de cambio (para los dólares que llegan de Estados Unidos de los hijos que se fueron), cajas populares donde prestan efectivo, ciertas obras, escuelas. Las poblaciones pagan un impuesto de no agresión, pero para muchos es como aquella cuota que se le da al Gobierno, por nada a cambio.

La influencia llega a la política donde deciden quién puede gobernar como presidente municipal o delegado regional.

La guerra Calderón provocó que los grupos organizados del crimen se hicieran antagónicos y pasaron dela clandestinidad a la acción. De ahí la matanza que ya llega a 40 mil.

Los Zetas ni son héroes ni mucho menos insurgentes, pero saben a dónde establecer sus redes de influencia.

La reciente presentación en la Procuraduría de Jalisco de hombres y mujeres Zetas, que fueron arraigados después de un combate que dejó 18 muertos, lo revela en sus edades, de 18 a 28, con promedio de 22.

Un Estado (“desmoronado” –diría Sicilia–) que es incapaz de generar estudio y/o trabajo para su fuerza laboral más fuerte, los jóvenes, entonces está en riesgo que sean otros quienes la aprovechen.

Los Zetas saben cómo llegar con empleo y organización y actualmente se han dispersado en zonas lejanas a su origen. Uno de los arraigados se escapó de una cárcel de Nuevo Laredo y es zeta desde los 17 (hoy tiene 19). No es que haya elegido su destino: cuando la alternativa sólo lleva a un camino, es difícil que haya cargos de conciencia.

Esos Zetas tejen sus redes a través del campo, en acción por tierra y llegan con advertencia: o te aclimatas, o te…

Usan la religión como fuente de enlace y su discurso social convence a la buena o a la mala. Su mercado se basa en el narcomenudeo y usan a mujeres como enlace. Los Zetas protegen y son protegidos por los mismos policías municipales y quien no entienda el mensaje puede aparecer muerto en las condiciones de violencia extrema.

Mientras escribo esta colaboración, se publica la muerte del director de policía de Tonaya, quien junto con su escolta, apareció muerto la noche del miércoles 25 de mayo en medio de una carretera de Colima. Ocultar la inEfluencia Zeta en JaliZco es nuevamente no ver la realidad. Pero lo peor es que eso no parece inquietar a la autoridad.

 

E-mail: leonardo@epicentroinformativo.com