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¿Juay de ticher?

¿Juay de ticher?

Feb 19, 2011

La comidilla de la semana fue el deficiente dominio del inglés que Joaquín López-Dóriga demostró el lunes 14 de febrero en su entrevista a sir Anthony Hopkins. Más allá de la burla, el “juayderito” que expresó López-Dóriga es un síntoma de los problemas educativos de este país, aún en personajes con el ingreso económico e influencia del conductor del noticiero estrella de Televisa.

México tiene problemas estructurales de calidad y cobertura en su educación de todos los niveles. Resulta común que la gente no hable ni escriba adecuadamente en inglés, no use con eficiencia computadoras y otros dispositivos electrónicos, ni cuente con aptitudes en administración de proyectos. Los mexicanos no sólo carecen de estas herramientas fundamentales para competir en el mercado laboral, tampoco poseen habilidades lógico-matemáticas, de comprensión y redacción, como se aprecia de los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) y de la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE).

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), los jóvenes mexicanos tienen habilidades deficientes en lectura, resolución de matemáticas y conocimientos en ciencias, con calificaciones por debajo de Eslovenia, Croacia, Turquía o Serbia. México está en el lugar 48 de 65 naciones, por debajo de Chile y de España –posición 44 y 33, respectivamente–. Nuestros socios comerciales –Canadá y Estados Unidos– ocupan los lugares 5 y 17 de la lista. Por tanto, no nos debe asombrar que a 48 por ciento de los mexicanos no les interesen los asuntos culturales, que sólo 27 por ciento leyera un libro en los últimos 12 meses –y que de ellos sólo 13 por ciento terminara su lectura–, que 43 por ciento no conozca una biblioteca o que 24 por ciento no tenga en casa libro alguno, como lo reveló la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumos Culturales solicitada por el Conaculta.

Ante estos datos, ¿nos debe sorprender que Joaquín López-Dóriga destroce el idioma inglés? Baste con recordar que fue el mismo personaje que señaló el pasado 27 de enero que a Kalimba le dictaron “auto de formal prisión por falta de pruebas”, cuando en realidad era auto de formal libertad por falta de méritos: en México se opina de lo que no se sabe –en todos los niveles–, se disculpa la ignorancia irresponsable y no se construye ciencia y tecnología propia. La consecuencia natural de estas deficiencias es que 6 de cada 10 personas con empleo no alcancen ingresos superiores a los cinco mil 500 pesos mensuales que se necesitan para adquirir la canasta básica. Por ello es una excelente noticia que estén surgiendo organizaciones promotoras de una reforma educativa.

Una de ellas es la Coalición Ciudadana por la Educación –donde militan académicos cercanos a la socialdemocracia–, otra es el Movimiento Nacional Tecnológico y Universitario –una organización vinculada al priísmo que se integra por intelectuales y universitarios con experiencia directiva–.

Mientras la Coalición Ciudadana por la Educación busca presionar a Felipe Calderón para que le amarre las manos al SNTE, el Movimiento Nacional Tecnológico y Universitario propone una reforma de fondo al sistema educativo nacional, centrada en que haya educación de calidad para la mayoría de las personas y en aprovechar la investigación científica para sacar al país de la pobreza. Obviamente los alcances de cada una de estas organizaciones son muy distintos: sin duda tiene un impacto mayor que un grupo nacional de intelectuales priístas cuestionen de raíz toda la educación en México, tanto por la trascendencia de su iniciativa como por la composición del Poder Legislativo, donde el PRI tiene una fuerza sustancial.

Este país requiere dejar atrás el actual modelo educativo, formador de licenciados en desempleo, que salen de las aulas con la pregunta “¿quién me dará trabajo?”, en lugar de inquirirse “¿qué negocio puedo poner en marcha?”. Para lograrlo se necesita que, al menos desde la secundaria, los jóvenes dominen lenguajes abstractos, mecanismos informáticos y digitales, un segundo idioma –no que lo arruinen, como “juayderito”–, habilidades para planear, ejecutar y dirigir, así como para innovar y ofrecer valor agregado en lo que hacen.

Por el bien de México, el caso López-Dóriga debe servir como punto de partida de un agudo diagnóstico del problema educativo nacional y de la construcción de propuestas de solución para que la mayoría de las personas dejen de vender su fuerza de trabajo como mercancía barata y empiecen a ofrecer su talento al ritmo de los avances de la ciencia y la tecnología, salvo que queramos decir por siempre “¿juaydepoberti?”.

E-mail: oscarconstantino@gmail.com