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LA CAJA DE PANDORA

LA CAJA DE PANDORA

Jun 19, 2011

No arriesga su vida a balazos como los policías que enfrentaron a niños y jóvenes Zetas en San Cristóbal de la Barranca. No se levanta a las cinco de la mañana para después lidiar con el transporte público para ir la escuela o a un trabajo que le pagará máximo dos salarios mínimos. No forma parte de algún escuadrón que recorre barrancas o batalla con inundaciones. No invierte capital de su propio esfuerzo para abrir un negocio y generar empleos. No ha ganado algún premio significativo por trayectoria o logro.

No compite en deporte, ni canta ni baila. Tampoco ha inventado, construido, fabricado, enseñado. No encabeza una organización para evitar los accidentes viales o el bullying o acoso sexual. No tiene responsabilidad social ante nadie. Nadie votó por él. Pero a pesar de todo lo anterior, el auditor de Jalisco, Alonso Godoy, goza de fortuna, poder e impunidad.

Si nos asombramos o enojamos por el Hankazo, más deberíamos de indignarnos por un personaje al que todos se le cuadran. A su favor, hay que admitirlo, puede decirse que es de los pocos que tiene el apoyo de las fuerzas divergentes de la entidad. Alonso Godoy sí puede presumir que a él lo defienden igualmente el Gobierno de Jalisco, el Congreso, los Partidos, la Universidad de Guadalajara. Ya que no tiene una virtud que lo haga tan popular, sí hay algo con lo que sabe hacer magia: los gastos, los dineros, la rendición de cuentas. Aparece y desaparece irregularidades y en su pluma está la sentencia de ensuciarte o dejarte limpio.

Quien quiera ser alguien en Jalisco –sobre todo a la hora de los destapes– tiene que contar con el privilegio de Godoy. Ya ni quien se acuerde quién lo puso ahí, pero es seguro que nadie se atreve a ser el verdugo que le corte la cabeza. Como planta venenosa, le cortas una rama y le salen más.

Todos aquellos que sí se parten el alma a diario, que nos salvan de los malos, que nos rescatan, que dan clases, que estudian, que trabajan, que crean empleos, deberían (deberemos) indignarse de mantener –como mantenido– a alguien que hace y deshace a su antojo.

Todos esos y más que pagan (pagamos) impuestos tienen la obligación moral de darse cuenta que cada vez que están frente un Zeta o cualquier otro narco, hay alguien que sin hacer nada, contará lo que te descuentan cada vez que cobras tu salario. Lo mismo pasa quien le da clases a 100 niños en escuelas de quinta o el que compite por ganar una medalla.

Si Godoy se “pasa por el Arco del Triunfo” todos los poderes de Jalisco, es hora que el poder ciudadano ponga orden en una situación que cada vez es una burla. Auditorías al Auditor han demostrado discrepancias –mera sutileza– que suman millones. La Caja de Pandora de Godoy debe guardar muchos secretos que hacen inviable cualquier intento de remoción. En un País donde es más castigado comer un pedazo de carne contaminada que tener en casa 88 armas, cualquier cosa puede pasar. Pero no queda más que seguir alzando la voz. Ya que los demás guardan silencio cómplice, que los ciudadanos también lo hagamos, nos hace partícipes de la impunidad.

En un estado donde jóvenes no quedan en listas para preparatoria o universidad, donde a los adultos mayores se les jinetea el apoyo, donde científicos carecen de presupuesto, donde comerciantes luchan quincena a quincena para tener para la nómina, es un insulto que quien audita los quebrantos de los presupuestos, sea parte fundamental de la criminalidad oficial.

Nada justifica el no hacerle nada y ni siquiera revisar a quien se le paga –y muy bien– por cuidar que nuestro dinero vaya a donde debe.

 

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