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LA COLISIÓN

LA COLISIÓN

Oct 15, 2011

Aunque en las bardas de los tantos candidatos dicen lo mismo de siempre, la dinámica del México actual requiere otro tipo de discurso político. El escenario 2006 o 2009 (en el caso Jalisco) no es el mismo por simples razones de números: 50 mil muertos y 10 mil desaparecidos, obligan a otro tipo de promesas. A eso hay que sumar el desempleo, descomposición social, violencia en otros niveles. El quedarse a medias con asuntos simples como “eliminar la tenencia”, ejemplifican que ya es hora de pedir cuentas y no sólo rendir tributos. Si bien, hay un alto porcentaje de la población que vota circunstancialmente (según gustos o latencias) la afectación involucra a todos.

Como no hay memoria o ésta es a corto plazo, se nos olvidan las arengas y caemos en el mismo desencanto de siempre. Ni vida cotidiana ha transcurrido en los tres escenarios: el dominio del PRI, el PRD en el Distrito Federal y ahora en el Jalisco panista. Las carencias son exactamente las mismas: ni atención ni logros, acaso algunas obras y se termina una historia de trienios y sexenios en el poder. En los ocho años que llevo aquí –esencialmente en Zapopan– he visto la misma calle inundada cada vez que llueve; ya ni siquiera es por colores o moditos del encargado; algo no funciona en el sistema que hace que lo mismo se repita sin cesar.

Llevo tiempo señalando que debido a una emergencia nacional (y estatal) es prioritario que sólo pasen a la final dos contendientes (para presidente y gobernador). Ya también es un asunto de seguridad nacional. Otro periodo de irregularidades, tranzas, desvíos, puede degenerar en acciones sociales contundentes. Los mensajes de otras comunidades no han sido captados y los privilegios para unos cuántos y selectos, pueden ser catapulta de un funcionamiento político al que se le termina su fecha de caducidad.

La propuesta de una coalición no es tan descabellada en este momento de incertidumbre, aunque el mensaje de Ebrard, más que de conciliación, parece anticipar su deseo de una nueva boda, ahora con el PAN, tal como se anticipó aquí hace varias semanas. Una contienda Peña-Marcelo sería más productiva, menos onerosa y concreta. O el PRI o el no PRI, aunque PAN-PRD juegan con las mismas mañas del papá de los Partidos Poder. Un gabinete mixto podría ser más institucional y menos acomodaticio. El verdadero juego es competir por la nómina. Quien la tiene manda, ejerce y domina.

La Partidocracia debe desaparecer por el bien de todos y en víspera de un cambio radical. La sobrevivencia del PAN-PRD deberá depender de esa alianza, por muy antinatural que sea. La oportunidad del PRI de no ser lo mismo, también es espejo de esa posibilidad. Un tercer candidato, en cualquier escenario, más que abonar, estorbaría y dejaría abierta la posibilidad que –nuevamente– un tercio de votantes decida por todos.

El caso Jalisco es semejante. Dos candidatos abonarían a tener mayor cercanía con la gente. Sin embargo, fuera de números o nombres, en el actual escenario suena a sueño imposible que alguien ceda. Con dos candidatos, el que pierde debe ganar algo, de ahí recuperar el análisis de la conveniencia de una coalición. Si las ideas no pude congeniar, al menos sí enfocar las acciones. La práctica señala que las corrientes partidistas no se concentran en los mismos puntos y defienden sus casacas a toda costa.

En el caso Jalisco es preferible ya tener puntos de acuerdo: el caso Godoy, por ejemplo, ya es determinante para saber a quién darle valor al voto. La táctica y los cómo varían, pero es preferible una coalición con defectos que una perfecta colisión.

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