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La cultura como rehén

Políticos galos de los más distintos signos, desde conservadores hasta socialistas y progresistas, han denostado el sistema judicial mexicano para abogar por su compatriota Florence Cassez, que purga una condena de 60 años en nuestro país por secuestro, invadiendo terrenos políticos y diplomáticos, mucho más allá de los jurídicos que deberían emplearse para el caso.

Los encabeza el tan frecuentemente tildado de populista Nicolás Sarkozy, quien busca en Cassez una bandera política que le permita frenar la estrepitosa caída de su popularidad ante un futuro electoral adverso.

Comparto con Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí la apreciación de que Sarkozy se equivoca, puesto que existen suficientes elementos para comprobar la culpabilidad de la ciudadana francesa.

Creo que se equivoca también al inmiscuir en este asunto al Año de México en Francia dedicándolo a una delincuente y, por lo tanto, politizándolo. Recordemos que fue el propio Sarkozy quien tuvo la  iniciativa de celebrar este encuentro cultural, iniciativa que hoy él mismo sabotea.

Considero que el Gobierno mexicano ha actuado acertadamente al negarse a celebrar este encuentro bajo tales condiciones. No sería justo exponer a nuestros creadores y a sus maravillosas obras a un ambiente hostil.

El ministro de cultura francés, Fréderic Mitterrand, ha dicho que el gobierno mexicano ha tomado como rehén a la cultura, pero hay que señalarle que sucede todo lo contrario: es su jefe quien ha inmiscuido a la cultura en un asunto concerniente a la justicia. En el fondo de la queja francesa se encuentra el teatro montado por Genaro García Luna al detener a la ciudadana francesa un día y al siguiente obligarla a actuar frente a las cámaras, junto a varios involucrados más, en una ya famosa reconstrucción de los hechos que casi echa por tierra el proceso judicial y que costó la carrera a un reconocido periodista.

Que sea esta una lección para los productores de espectáculos noticiosos, así como para todos quienes dirigen la lucha contra el crimen. Intentar obtener ganancias políticas y mediáticas en un asunto tan serio como la seguridad pública sólo puede tener consecuencias funestas.

Todo aspecto de nuestra vida pública debe tener su lugar independiente, sin politizar la seguridad, el arte, la educación y tantos temas más que deben ser abordados con una visión de Estado, no como lo ha hecho Sarkozy con el tema de Cassez o como lo hizo García Luna con su montaje de la detención de la ciudadana francesa.

Como bien dice el artista plástico Alfredo Vilchis —a quien se puede encontrar en uno de mis mercados favoritos de la capital de nuestro país, La Lagunilla, programado para exponer en Marsella durante este festival— no se debe mezclar la política y el arte. Incluso Carlos Fuentes afirmó que el programa del Año de México en Francia tiene que seguir adelante, pues se trata de un incidente jurídico que debe resolverse por la vía judicial, sin afectar los grandes encuentros de las culturas.

La esperanza se aviva ahora que reconocidos miembros del propio partido de Sarkozy se han opuesto públicamente a lo que llaman “diplomacia brutal” de su Presidente; con plena libertad de expresión, han dejado de acompañar la postura presidencial al ver que golpea al partido en el que militan juntos.

Demuestran así la madurez democrática de su patria, en la que no se exige que el partido sea un instrumento presidencial y avale todo incondicionalmente. Se reconoce que también pueden ayudar a su Presidente y a su patria no desde la sumisión, sino desde la crítica constructiva, la propuesta, el consejo y la advertencia. Se tiene claro que no es una traición al Presidente el ayudarle a corregir.

Ojalá aquí también se opte por no azuzar al Presidente, por no ponerle guantes de box, optando por mantener —junto a la razón, que sobradamente se tiene— una postura diplomática de altura, elegante, que contraste con las bravuconerías de Sarkozy.

Aunque nuestra reacción de mexicanos, patriótica y natural, es responder con fuerza, más conveniente para los intereses nacionales es actuar con mesura y evitar caer en nacionalismos irracionales y extremos, que sólo conducen a confrontaciones estériles.

Actuando con mesura saldrá ganando nuestro país y probablemente el gobierno francés recule de su arbitraria pretensión, a fin de que no se tome la cultura como rehén y se celebren las festividades con respeto a la dignidad del incomparable talento mexicano.

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