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LA DERROTA DE CALDERÓN

LA DERROTA DE CALDERÓN

Sep 3, 2011

Hace cinco años, cuando Felipe Calderón asumió la Presidencia de la República, califiqué aquel suceso con la frase: “Los pantalones llegaron a Los Pinos”, en alusión de que una mujer había sido el gran poder en el llamado sexenio del cambio y que nos quedó debiendo, y que ahora llegaba un hombre provisto de firmeza y carácter. El que el periodista pueda mirar en retrospectiva en torno a la percepción que se tenía hace algunos años sobre los grandes sucesos y temas del país, haciendo un comparativo a la perspectiva de hoy, tiene su valor. Se dice que el periodista registra la historia y que no somos meteorólogos para predecir. Es cierto. Finalmente son los hechos los que hablan por las personas.

Cuando Felipe Calderón tomó posesión tenía la plena seguridad de que ejercería el poder a plenitud y que recuperaría la potestad perdida del Estado Mexicano durante el gobierno frívolo y timorato de su antecesor Vicente Fox. El guanajuatense había dejado instituciones muy desdibujadas con un endeble tejido gubernamental por su pobre desempeño como jefe de las instituciones, permitiendo que grupos criminales ganaran mayor poder al que ya tenían, apoderándose de importantes regiones de Michoacán y otros Estados del país, en detrimento del poder de la autoridad.

Felipe Calderón venía con toda su pasión a recuperar la supremacía del Estado que debilitó Vicente Fox, quien prefirió administrar los problemas en vez de agarrar al toro por los cuernos. No lo hizo, pero Calderón se convirtió en su antítesis como Presidente. Calderón ha dado la lucha contra los cárteles de la droga para evitar el envilecimiento de la sociedad, como lo destacó en su quinto informe, para evitar que los cárteles controlaran decisiones y recursos del Estado y de la sociedad para evitar perder el país.

Pero… ¿se la ha arrebatado este poder a los criminales? ¿Somos dueños los mexicanos de nuestras calles, de nuestras plazas, de nuestros espacios de ocio? ¿Somos dueños de nuestras carreteras? ¿Podemos sentirnos seguros cuando viajamos? ¿Nos sentimos más tranquilos que hace cinco o 10 años?

Calderón cuando inició su gobierno llevó adelante en Morelia, la capital de su estado natal Michoacán, un operativo muy vistoso con la participación de miles agentes y policías de la Secretaría de Seguridad, de la PGR, del Ejército, de la Marina. La violencia en Michoacán no ha bajado en este lustro, y por el contrario subió en otras regiones.

¿SE LES HA ARREBATADO EL PODER A LOS CRIMINALES? ¿SOMOS DUEÑOS LOS MEXICANOS DE NUESTRAS CALLES, DE NUESTRAS PLAZAS, DE NUESTROS ESPACIOS DE OCIO? ¿SOMOS DUEÑOS DE NUESTRAS CARRETERAS? ¿PODEMOS SENTIRNOS SEGUROS CUANDO VIAJAMOS? ¿NOS SENTIMOS MÁS TRANQUILOS QUE HACE CINCO O 10 AÑOS?

 

EQUIVOCARON LA ESTRATEGIA

Ya es un lustro del gobierno calderonista y los resultados son pobres, son miserables en la lucha contra la criminalidad. Son más de 40 mil muertes violentas y más de 10 mil desaparecidos. Cada vez sufrimos los mexicanos mayores actos de violencia, equiparados al terrorismo, como los de Monterrey, Michoacán, San Fernando, Tamaulipas. Recuerdo al primer procurador de esta administración, Eduardo Medina Mora, quien llegó a declarar que la violencia llegaría a su clímax y que después del tercer año empezaría a bajar, para ganar la batalla. Medina Mora antes de la mitad del sexenio dejó la PGR al y se fue de embajador a Londres al perder la partida frente a Genaro García Luna, quien se convirtió en el líder de la lucha anticrimen.

 

UN GOBIERNO MARCADO POR LA VIOLENCIA

En su quinto informe, Felipe Calderón reconoció que los logros de su gobierno que son de todos los mexicanos “simplemente se ven opacados ante la abrumadora preocupación que con justa razón todos sentimos por el tema de la inseguridad”. El presidente michoacano defendió su decisión de enfrentar a la criminalidad, al argumentar que no tenía otra alternativa. A diferencia de sus antecesores –así lo ha señalado– prefirió enfrentar el problema en vez de “no moverle, no meterse con ellos, seguir con la administración de la ilegalidad y la simulación de la justicia”.

Es incuestionable que se tiene que librar esta batalla contra la criminalidad, pero con inteligencia y no con la fuerza bruta, lo que ha ensangrentado al país. Son cinco años, el sexenio prácticamente ya se fue. Y los resultados positivos esperados de esta lucha que Calderón inició, no le tocará verlos.

Y seguramente su gobierno así será juzgado: por el fracaso de la guerra contra el narcotráfico. La decisión que tomó el Presidente Calderón por supuesto que tiene su valor, muestra su amor y pasión por México, pero se equivocó, le faltó trabajo de inteligencia, se tumban las cabezas de los capos de cárteles, pero no se ataca la estructura ni la red financiera. La percepción general es que la guerra Calderón la ha perdido y en las urnas seguramente así se marcará con el cambio de partido político en la Presidencia de la República dentro de un año.