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VIDA URBANA | La distancia inconmensurable

VIDA URBANA | La distancia inconmensurable

Ago 15, 2015

Tres son las obras de Tennessee Williams por las que exploré, entre otros autores, a la dramaturgia norteamericana: Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc y La noche de la iguana, que vi a escondidas, hecha película, con los gigantes del cine Richard Burton, Deborah Kerr y Ava Gardner. Por La noche de la iguana, Las Peñas se hizo famosa hasta convertirse en nuestro amado Puerto Vallarta.

Tennessee Williams se adelantó a su época cuando nos dijo: “El tiempo es la distancia más larga entre dos lugares”, que día a día se evidencia más y más, pues ya no decimos que “estamos a 5, 10 o 15 kilómetros de distancia, sino a 15, 20 o 30 minutos”.

Sea cual fuere nuestro entendimiento de la distancia, sin duda siempre será un lazo misterioso que en el amor parece inconmensurable. A quien la distancia no le duele es que no ama lo que permanece distante, y así no lo procura pues no le hiere.

Recién, Manlio Fabio Beltrones, candidato de unidad de la militancia priista a la presidencia del Revolucionario Institucional, señaló que se acabó la sana distancia de su partido con el presidente de la República, cuando éste sea priista, y me parece una decisión muy sabia.

Para los puristas de la política idealizada y sembrada entre cardos llenos de espinas, el atrevimiento de Beltrones es volver al pasado. Difiero. Renunciar a la cercanía que declara el sonorense, sería tanto como arrojarse al vacío donde, al PRI, le aguardaría la muerte solo para complacer a quienes no entienden del ejercicio real del poder.

La necesidad de comprender sus propios destinos, hoy lleva a los tres principales partidos políticos en México a renovar sus dirigencias y lo hacen por caminos diferentes… muy distintos y distantes.

Los laberintos de la política son los que cada partido caminará en la búsqueda de la salida que mejor les posicione de cara a la sucesión presidencial. Están llamados a demostrar que entienden mejor a México y que tienen la capacidad para llevarlo a estadios más elevados.

Quienes gustan de hablar por hablar, pues se vacían intelectualmente en sus silencios, se atreven a señalar que la unidad priista en torno de Beltrones es la antítesis de la democracia, y nada más falso y grotesco. Manlio Fabio Beltrones es, sin duda, uno de los políticos mejor formados de México. No juega partidos que no le corresponden, ni deglute rabietas de otros. Entiende que la deslealtad es el único defecto que no puede perdonarse en política, y hoy, para los priistas, la lealtad al presidente Enrique Peña Nieto no admite fisuras.

Pero que se entienda, lealtad en política no significa ceguera ni complacencia, ni mucho menos complicidades. Es hablarse de cara y con franqueza, en la intimidad de la cercanía, donde las palabras tienen el tono que no ensordece.

Manlio Fabio Beltrones, como lo ha hecho César Camacho, sabe construir con gran eficiencia la nueva narrativa política. Es un político añejado en la brega de la cultura del esfuerzo, como buen sonorense y como dijera Luis Donaldo Colosio.

El ejercicio de la política tiene un único camino: el ofrecer certeza, y Beltrones hoy es quien mejor puede lograrlo entre los priistas, por militancia y por afecto. El reto, el gran reto, será encontrar las estrategias de acercamiento, diálogo y entendimiento con quienes abanderan la agenda ciudadana nacional y tienen coincidencia global.

Las alianzas que todos los partidos políticos requieren construir no son sólo las que ya tienen con sus militantes, sino aquellas que hoy parecen imposibles ante el desprestigio de la política en México y el mundo. Las candidaturas independientes son una muestra de ese hartazgo.

Luis Alberto Spinetta –poeta, músico y compositor argentino de rock- tiene una frase que aquí nos viene bien: “No habrá un destino incierto…Ni habrá distancia que pueda alejarme de ti”. Y creo que de ello se trata esta cercanía anunciada. Y Fito Páez –músico, cantante, escritor, novelista, guionista y director de cine, también argentino- ha dicho: “cuando me fui, no me alejé…”.

Una verdad de Perogrullo que pocos, que muy pocos, alcanzan a entender.

La eterna preocupación de quienes se aman es cómo borrar las distancias que los separa, y descubrir, en su añoranza que explota en el mismo instante en que se anuncia la separación, cuán grande es el tiempo de espera al momento del reencuentro, aun cuando éste sea de unos instantes. K

Será necesaria, sin embargo, una distancia justa que permita no caer en el hastío de la cotidianidad ni a cerrar los ojos frente a una realidad ciudadana que camina sola, sin querer a los políticos y gobiernos como compañeros de viaje.

Las palabras no se hicieron para atragantarnos con ellas. Ya basta de extrañezas y distancias entre los políticos con los ciudadanos. Ya basta de hacerle caso a los agoreros de las tragedias políticas que de política poco entienden. Simplistas del pensamiento unidireccional que no aceptan conjuros distintos a los suyos. Ya basta de creer que la distancia acerca y sanea la política.

Bien por la cercanía.

benja_mora@yahoo.com