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LA INFLUENCIA GRINGA EN EL “MÉXICO INDEPENDIENTE”

LA INFLUENCIA GRINGA EN EL “MÉXICO INDEPENDIENTE”

Jan 7, 2017

En el año 2021 se cumplirán 200 años de haberse consumado la independencia de México. A partir de la creación del nuevo Estado Mexicano, uno de los factores que nos ha hecho mucho daño en todo este tiempo ha sido el enfrentamiento entre hermanos.

Siempre divididos. Primero los conservadores contra los liberales y, en la era moderna, el PAN contra el PRI. La izquierda busca aún su lugar en la historia de nuestro país.

Hay un factor que también ha influido determinantemente en la vida mexicana. La intervención de los Estados Unidos de manera directa en nuestro suelo y a través de algunos de nuestros hombres, nos ha reafirmado con una fina ironía, el hecho de que somos “el patio trasero” de los gringos.

En 1824 el entonces embajador norteamericano en México, Joel R. Poinsset, logró imponer a Guadalupe Victoria como primer presidente del “nuevo México”, instaló sus logias masónicas “yorkinas”, impuso el nombre de “Estados Unidos Mexicanos” y hasta se llevó para su tierra la nacionalísima “Flor de Nochebuena”, la que registró como una marca propia.

No sólo eso. Grandes héroes nacionales como Benito Juárez y el “General invicto de la Revolución Mexicana”, Álvaro Obregón, en su momento solicitaron ayuda al gobierno norteamericano para vencer a sus enemigos mexicanos. El primero venció finalmente a quien lo traía “asoleado” con tanto golpe militar, el general Miguel Miramón, pagándole a los “güeros” con las promesas incluidas en el tratado McLane-Ocampo y, el sonorense, derrotando al “alzado”, su propio paisano sonorense, Adolfo de la Huerta, quien terminó exiliado en Nueva York.

En este último caso el pago fue la firma de los Tratados de Bucareli, que permitía en los hechos a los americanos, meter la mano en nuestro petróleo.

Distintos y muy variados episodios de la historia de México, dan cuenta de la intromisión estadounidense en nuestro suelo, incluida la irresponsable venta de más de la mitad de nuestro territorio nacional y la invasión del ejército norteamericano en 1862.

En nuestros días, una vez más, México y los mexicanos tenemos un enemigo abierto, declarado. Se llama Donald J. Trump y a partir del próximo 20 de enero firmará como presidente de los Estados Unidos.

El presente texto de ninguna manera pretende declarar la guerra al país más poderoso del mundo, pero existe la plena convicción de que estamos frente a una espléndida oportunidad para buscar y hasta alcanzar la unidad nacional mexicana como jamás antes la hemos tenido.

Ha llegado la hora de anteponer con toda la seriedad de hijos bien nacidos en México, los altos intereses de la Nación, por encima de los intereses personales o de grupo, de ideologías que pretenden alcanzar la derecha y la izquierda y la del político tradicional que nos pretende engañar con una posición desde el “centro”.

Muchos se preguntan, ¿cuál es el objetivo de generar un caos y una anarquía en nuestro país en momentos en que el vecino del norte puede arrasarnos?

¿No será más conveniente que el señor Trump se enfrente a un país unido que abraza a su bandera nacional y a sus instituciones nacionales por encima de los hombres y gobiernos temporales?

En lo personal soy un convencido de que en México se presentan revoluciones periódicas, cada cien, doscientos y trescientos años. En 1521, Hernán Cortés conquistó la Gran Tenochtitlan y la corona española sobrevivió en lo que llamó “Nueva España” durante 300 años, exactamente.

En 1821 Iturbide, Guerrero y el último virrey, Juan O´Donojú, consumaron la independencia nacional. Cien años después Obregón pacificó la Revolución con el poder de las armas para dar paso a la vida institucional. Estamos ahora a sólo cuatro años de cumplir los cien años de aquel acontecimientos y para muchos ya se ha iniciado una nueva revolución incruenta en México, lo que sin duda dejará atrás el sistema político basado en los principios de la Revolución.

Es un momento histórico. Un momento que no nos podemos dar el lujo de echar a perder. La única ideología debe ser la mexicana y dejar a un lado (cuando menos por un momento), los ideales de izquierda y de derecha que se han establecido en nuestro corazón.

Será solo la unidad nacional la que nos permita salir de este terrible hoyo económico, político, social y cultural en que se encuentra nuestro país. Desperdiciar este momento histórico sería condenar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, a una moderna esclavitud, sujeta para siempre a los intereses extranjeros y a los caprichos del dinero y del poder tan sólo por el poder mismo de unos cuantos, por encima de millones de almas.

(*) Francisco Ruiz Quirrín es director del Semanario Primera Plana de Sonora.