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LA IRA SE EXTIENDE

La tensión en Egipto va en aumento, y como consecuencia de nuestra “era globalística”, casi todo el mundo vive en carne propia dicho estado de incertidumbre.

Y es que por más alejada que está de nosotros la mítica y legendaria nación de los grandes faraones, todo lo que está sucediendo y sucederá, nos afecta. No sólo a nosotros los mexicanos, sino a la humanidad entera.

Es probable que el filósofo, educador y lingüista canadiense, Marshall McLuhan, tuviera la visión de los alcances que tendría lo que él denominó aldea global –por allá a finales de los sesentas, principios de los setentas–, para describir la interconexión humana a escala global, propiciada principalmente por los medios de comunicación electrónicos y que estos se convertirían en una extensión humana.

Decía en su libro “Guerra y Paz en la Aldea Global” –publicado en 1968–, que las conexiones entre todos los habitantes del mundo, se estrecharían conforme los medios de comunicación evolucionaran. Esto traería múltiples consecuencias, entre otras la subordinación del destino mutuo entre los seres humanos. La claridad con la que McLuhan describió dicho mundo futuro en aquel entonces, –nuestro presente el día de hoy–, es verdaderamente apabullante para quienes lo hayan leído.

Menciona en su libro que tal sería la interdependencia de la sociedad humana, que volveríamos a ser una inmensa aldea, (de ahí el nombre del concepto), en la que las acciones de uno, repercutirían en los demás, sin importar la distancia o sitio geográfico donde se encontrara. Algo así como el “efecto mariposa: el delicado aleteo de una mariposa en China, puede provocar un huracán en Nueva York”. Este ejemplo se popularizó por los postulados hechos en 1960 por el meteorólogo Edward Lorenz tratando de encontrar un modelo matemático, a partir de ecuaciones con variables sencillas, que permitiera predecir el comportamiento del clima –basado en la Teoría del Caos–, la cual sostiene que hasta las más leves variaciones en un sistema –como el climático–, resultarían en una situación nueva e imprevista.

A colación podríamos traer una gran cantidad de fenómenos y efectos de distinta índole que lo confirmen –la aceleración del cambio climático debido a factores originados por el hombre, por ejemplo-–, sin embargo, nos ocuparemos de tres factores: el económico, el político y el social, que convergen en un mismo punto: la evolución o involución de la humanidad… es más, su “re-evolución”.

Los ciudadanos egipcios, persuadidos por la fragancia de la aún no finita “evolución de los Jazmines, han amplificado el efecto antes mencionado, característico de un sistema complejo y caótico como nuestra actual civilización.

Egipto, que además de ser cuna de una de las civilizaciones más antiguas y místicas de todos los tiempos, es también un importante centro de operaciones estratégicas de quienes se dicen demócratas y libertadores de los pueblos oprimidos, pero que a la par, instauran dictadores convenientes a sus intereses mediante golpes de Estado; el país egipcio no es la excepción.

Dentro de los márgenes previsibles y controlables de las otrora primeras potencias (imperialistas) mundiales, todo parecía estar fríamente calculado. Ya se operaban las principales tácticas para deponer al ahora prófugo presidente de Túnez, Ben Alí, ya que su ambición no tuvo límites y sus antiguos aliado-protectores determinaron que resultaba ya un riesgo para sus intereses, así, lo abandonaron a su suerte. Tan grande era su ego y pérdida del sentido de la realidad, que seguramente vio la oportunidad de perpetuarse en su país y la historia cometiendo acciones rapaces de las que hacía cómplices a toda su familia, participando en toda clase de negocios, lícitos e ilícitos. Claro que era de esperarse que su final no fuera tan feliz.

Ahora, refugiado en Arabia Saudita, está a la espera de su destino… eso sí, con la buena compañía de 1.5 toneladas de oro –propiedad de las reservas de Túnez–, así como jugosas cuentas bancarias y una larga lista de propiedades inmuebles y empresas. Vaya que le resultó bueno el “negocito” de obedecer a italianos, franceses y estadounidenses. Y no es que Túnez tenga grandes riquezas petroleras o minerales, por cierto. Sino que el valor para este trío, es su ubicación geográfica y la infiltración –a través de su territorio y a sabiendas del gobierno de Ben Alí–, de agentes encubiertos (CIA, principalmente) en poblaciones, sociedades y religiones, alistados para procurar el salvoguardo de sus intereses vitales y poder continuar teniendo un pie allá entre las naciones árabes y monitoreando los cambios que se gestan desde hace años.

La “nueva” Revolución de los Jazmines, no es tal ni ha terminado. Las agencias noticiosas y de información occidentales, se adelantaron al hecho de la culminación de una “conquista democrática árabe”. Si no lo hacían, la auténtica revolución crecería y sería prácticamente imposible de detener. El movimiento social de los tunecinos, apenas comienza.

El viernes, cientos de habitantes del país de la luna y la estrella, salieron a las calles a manifestarse por la muerte de dos detenidos, presuntos delincuentes. Así las cosas, los tunecinos no están ya dispuestos a perdonar nada que sean reminiscencias del régimen de Ali Babá… es decir, Ben Alí.

Y en Egipto, candela pura…! El todavía presidente Mubarak, se niega dejar la investidura más alta del país, mientras continúan creciendo las manifestaciones de repudio que exigen su inmediata salida a pesar de haber hecho declaraciones públicas en el sentido de no volver a contender en las próximas elecciones, a celebrarse en el último tercio del 2011. Esto a contracorriente de lo “recomendado” por el Gobierno estadounidense ahora en boca de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que urge al Gobierno egipcio a iniciar negociaciones con la oposición y terminar con el derramamiento de sangre. Sí… y también para evitarse ellos mismos (los de la bandera de barras y estrellas) mayores complicaciones que se les sigan saliendo de control.

Los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza opositora en Egipto, rechazan de manera tajante cualquier tipo de diálogo y/o negociación con el gobierno de Hosni Mubarak.

Los mercenarios y agentes de élite estadounidenses especialistas en contrainsurgencia, han hecho todo lo “inhumanamente” posible por implantar el caos en la nación egipcia, provocando la violencia infiltrados entre los ciudadanos que claman por una mejor situación de vida para el país. Y es que no es para menos lo que en ese país se juega, entre otras cosas, el tratado de paz egipcio-israelí y con ello, el respaldo de una buena parte de los árabes al Estado judío-sionista.

Arabia Saudí y Jordania son actualmente los únicos países árabes que continúan apoyando al gobierno de Mubarak, gusto que poco les durará a ellos también ya que, cual reguero de pólvora, ya no sólo son Yemen, Argelia y Marruecos en donde la población arrecia sus protestas en contra de sus gobiernos, sino que se han sumado a tal despertar Jordania y Libia.

Gran parte de la clave del éxito de la Revolución Árabe, radicará en que la población se mantenga alerta y unida para no permitir la intromisión entre sus filas de emisarios de los intereses judío-sionistas, dispuestos a provocar confrontaciones violentas para enturbiar aun más la situación, para entonces aprovecharse de esto e imponer nuevos dirigentes obedientes a sus más ruines intereses, nunca en beneficio de las mayorías, de la humanidad, ni por supuesto, de la cultura árabe.

Parte de los impactos de los crecientes sucesos árabes, son el desproporcionado aumento en el precio de los commodities, principalmente los metales (oro y plata), petróleo, alcanzando el nivel de los 100 dólares por barril y, lo más delicado los granos (soya, trigo, maíz, avena, cebada).

A estos aumentos de precio, causados siempre que hay un riesgo de guerra o durante el transcurso de conflictos bélicos, hay que aunarle la alarmante crisis alimentaria mundial en ciernes, según el informe presentado por el Grupo de Cooperación en Materia de Evaluación, conformado por unidades independientes de bancos multilaterales. Recomendaron la revisión de las políticas públicas en el rubro de la generación de alimentos agrícolas. A este respecto, los líderes mundiales en el Foro Económico Mundial (WEF) en Davos, advirtieron la semana pasada que las alzas de los precios de los alimentos generaban riesgos de provocar más inestabilidad e, incluso, llevar a guerras.

Las condiciones están listas para una escalada global de enfrentamientos entre gobernantes (amos) y gobernados (esclavos). Tal vez sea esta la hora de la liberación final. Los árabes -como en otras épocas– marcarán la pauta.

albertogomez.consultor@gmail.com

One comment

  1. ricardobribiesca /

    Gracias beto, muy interesante el comentario y el analisis. Un buen momento para reflexionar.

    saludos,