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LA LEALTAD

LA LEALTAD

May 15, 2011

Si hay un valor que escasea pero que sin duda es el más importante en la política es el de la lealtad, en ninguna parte del mundo los liderazgos se construyen solos, por más carismático que sea el líder o la cara visible de cada cofradía o expresión grupal, necesita de la colaboración de muchos, cada quien cumple con una función específica, así nacen, se consolidan y por lo general fenecen en una traición la inmensa mayoría de los grupos políticos.

 

De ninguna manera pretendo hacer una valoración de carácter ético sobre el actuar de los grupos políticos, porque seguramente la valoración sería muy negativa, esa discusión la dejamos para después, el tema hoy es entender que el valor supremo en la “Real Politik” el valor de la lealtad como elemento fundamental para la sobrevivencia de grupo y siempre cuando un miembro rompe esta regla es pensando exclusivamente en un interés personal por encima del interés del grupo que lo acompañó hasta ese momento.

 

También es común que las traiciones se den de abajo hacia arriba o entre pares, las traiciones de abajo hacia arriba se dan cuando algún miembro del grupo siente que no ha recibido lo que a sus méritos es proporcional y obtiene la promesa de ascenso de un grupo antagonista o entre pares cuando existen dos o más miembros en condiciones similares y en plena pugna por el espacio de relevancia de dicho grupo.

 

Todo esto viene a colación por la comida realizada hace poco más de ocho días en el restaurante La Estancia Gaucha entre Alberto Cárdenas Jiménez, Francisco Ramírez Acuña, y Emilio González Márquez en un claro intento de acotar el liderazgo emergente de Hernán Cortés Berumen que les arrebató el control del órgano máximo de Gobierno al interior de Acción Nacional, gran fracaso y exhibición hicieron los mencionados personajes, pero los análisis están hechos y tampoco son el tema.

 

El tema es una traición que llama poderosamente la atención porque se da de arriba hacia abajo, cuestión que se da las menos de las veces, además se da en un político muy curtido de formas hechas a la vieja usanza, esa usanza que aprendió hace ya muchos años con uno de los diputados más jóvenes en la historia de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, aprendió de viejos priístas como el maestro José Luis Leal Sanabria, entre otros, cuando la palabra dada, valía más que un documento firmado, donde la gallardía formaba al político, en esos ambientes Ramírez Acuña, aprendió y aprendió bien, tanto que le dio para ser presidente municipal, gobernador y secretario de Gobernación, no siempre en la mejor circunstancia, sabiendo sortear momentos difíciles y adversos, bien definido hace poco, como un verdadero animal político.

 

Por eso resulta incomprensible que Francisco Ramírez Acuña haya traicionado a su principal pupilo, compañero o escudero, aquel que le aprendió las formas, que le fue leal aun en los peores momentos, claro también disfrutó de las mieles cuando su tutor se encontraba en la cúspide política, pero tampoco pretendo realizar un análisis ético del comportamiento de Jorge Salinas Osornio, además nunca ha sido mi intención, lo que quiero destacar es que Francisco Ramírez Acuña rompió la regla de oro, esa regla que él bien aprendió y que al menos en lo que yo conozco hacía valer, la palabra de Ramírez Acuña era palabra con valor.

 

Ignoro los motivos para esa decisión, pero me aventuro a pensar que sólo se puede dar en la soledad de la pérdida del poder que alguna vez tuvo, no digo que FRA esté acabado políticamente, tiene una amplia posibilidad de terminar la legislatura como coordinador parlamentario y de ser senador en la siguiente, pero, solo, más solo que nunca, él se encargó de terminar con su último activo, Jorge Salinas, que al menos en esta ocasión le dio una gran lección, la lealtad no se rompe aunque la circunstancia sea adversa.

 

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