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La venganza Bin Laden

La venganza Bin Laden

May 8, 2011

(primera parte)

Con bombo y platillo ha sido anunciada la supuesta muerte –asesinato– del hombre más buscado por la maquinaria de guerra y espionaje más avanzada, poderosa y sofisticada del mundo, la estadounidense –y aliados–.

A pocos meses de cumplirse 10 años del “ataque terrorista” a las Torres Gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York –atribuido al grupo fundamentalista Al-Qaeda cuyo aparente liderazgo encabezaba el saudí árabe Osama Bin Laden– no es casualidad el triunfo que se cuelga el presidente estadounidense Barack Obama.

La popularidad con que el actual presidente de Estados Unidos llegó a la Casa Blanca ha venido a pique en una espiral sin nada que la pueda detener. La supuesta eliminación del enemigo público número uno de la “democracia y la justicia” –por el que había una recompensa ofrecida por el FBI (Oficina Federal de Investigación) de 50 millones de dólares para quien proporcionara datos que condujeran a la captura del buscado “terrorista”– ha sido una argucia metódicamente planeada y ejecutada desde los confines mismos del poder detrás del poder en un momento que urgía darle al pueblo norteamericano más pan y más circo del acostumbrado, cuando se prepara la pista principal para el gran espectáculo a desarrollarse en breve.

Según los resultados más recientes de sondeos de opinión en la Unión Americana respecto a la simpatía y aprobación de las acciones emprendidas por el presidente Obama, éstas arrojan resultados nada alentadores para quien pretende reelegirse en noviembre del 2012. The Rasmussen Reports (una de las más reconocidas empresas investigadoras de sondeos de opinión), en su publicación del viernes 6 de mayo da los siguientes resultados: 26% de los votantes aprueba totalmente la manera de desempeñarse de Barack Obama como presidente, mientras que el 34% lo desaprueba enérgicamente. Esto le da un índice de aprobación de -8. Hace dos años, en el 2009, su índice era de 7 en la misma fecha (6/5/2009); y hace uno (6/5/2010), fue de -10.

Es el nivel más bajo de fuerte desaprobación para el presidente desde julio del 2009. En términos generales es su mejor índice de aprobación en los últimos tres meses (esto gracias a la eliminación del mal encarnado en Bin Laden).

El 55% ahora cree que Estados Unidos y sus aliados están ganando la Guerra Antiterrorista (War on Terror); significan 23 puntos por arriba de hace un mes. Sólo el 11% ahora cree que los terroristas están ganando; la evaluación más optimista desde abril del 2004. 86% aprueba la decisión del presidente de autorizar la misión objetivo Bin Laden. La preocupación acerca de ataques terroristas ha disminuido ligeramente desde otoño del 2010. Sólo el 28% ven como “muy probable” un ataque durante el presente año, a comparación del 35% en noviembre del año pasado.

En general, el 50% de los votantes dicen al menos aprobar en algo el desempeño del presidente. 49% lo desaprueban.

Los republicanos en el Congreso son vistos como más conservadores de lo que fueron hace un mes. 48% cree que el promedio de éstos (republicanos) son más conservadores de lo que ellos son. Sólo el 20% de los votantes dicen que su visión es más o menos la misma que el Congresista Republicano promedio. Estos son 15 puntos arriba desde hace un mes.

Scott Rasmussen (fundador de Rasmussen Reports) en su más reciente libro “In Search of Self-Governance” (2010) hace notar que “la brecha entre americanos que quieren gobernarse a sí mismos y los políticos que quieren gobernar por encima de ellos es tan grande como la brecha entre las colonias e Inglaterra durante el siglo XVIII”. Agregó que “la gente americana (estadounidenses) no quieren ser gobernados desde la izquierda, la derecha o el centro. Ellos quieren gobernarse a sí mismos”.

Lo anterior, dicho por un analista político e investigador serio y respetado como lo es Scott Rasmussen, es algo digno de tomarse en cuenta para medir el nivel de gobernabilidad real en el vecino país del norte. Sin embargo, un buen número de ciudadanos norteamericanos sigue creyendo en su gobierno y las mentiras iterativas que les hacen llegar por medio de los mass media en todo momento, y adoctrinados por el gran espectáculo hollywoodense merecedor de llevarse todos los premios Oscar (desde la mejor actuación, mejor dirección, mejor producción, efectos especiales, mejor maquillaje –el post-mortem de OBL–, etcétera) de lo que ahora presenciamos –la muerte del mismísimo engendro del mal: Osama Bin Laden– y el resurgimiento del sentimiento patriótico “re-uniendo a una nación fuerte y orgullosa” tal cual es la Norteamericana, como lo afirmó su presidente Barack Obama el día primero de mayo en su mensaje televisivo comunicando la muerte del demonio islámico. El discurso mediático –guión leído con obviedad– del presidente el pasado domingo, abre de nuevo las heridas para cerrarlas en torno a él, el gobierno y su “excelso” logro.

Contextualizando en un análisis semántico bastante somero de sus palabras: “el 11 de septiembre los norteamericanos se unieron: ofrecimos a nuestros vecinos una mano, y a nuestros heridos nuestra sangre. Reafirmamos nuestros lazos a cada uno y nuestro amor de comunidad y país. En ese día, no importó de dónde veníamos, a qué Dios le rezábamos o qué raza o etnicidad éramos, estábamos unidos como una familia americana”. Resulta que en agosto del 2001, un mes antes del atentado en Nueva York, el nivel de popularidad del recién electo presidente George W. Bush era el más bajo desde que inició su gestión a principios de ese año con el 50% de popularidad, según un estudio llevado a cabo en por Fox News, CBS News y Gallup, publicó la BBC. Necesitaba urgentemente de un agente catalizador que propulsara su cuestionado triunfo electoral y consolidar los planes fijados en él por la industria bélico-financierista que lo había puesto en la Casa Blanca. Después del 11 de septiembre –fecha del atentado– su popularidad se fue por los cielos. El día 20 de septiembre su porcentaje de popularidad estaba ya en el 81%, para alcanzar su pico máximo de 90% el 9 de octubre. Sin embargo, esa popularidad fue más fugaz de lo que Bush hubiera deseado, ya que a inicios de diciembre de ese año (2001), el escándalo del gigante energético ENRON vino a enturbiar el casi mítico velo heroico con que este se movía y a arremolinar la espiral descendente de su figura presidencial que se vería cada vez más baja a pesar de los intentos desesperados de los “productores” de esa otra “magna producción” que fue la invasión a Irak. Previo a la declaración de guerra a esa nación árabe, su popularidad había descendido hasta el 54% a principios de marzo del 2003, para tener un último repunte del 71% seguido del anuncio declaratorio de la guerra a Saddam Hussein, para finalmente terminar su segundo y doblemente nefasto período presidencial con menos del 20% de popularidad.

“…estuvimos también unidos en nuestra resolución para proteger a nuestra nación y traer ante la justicia a aquellos que cometieron este sanguinario ataque. Rápidamente nos enteramos que los ataques del 11 de septiembre fueron llevados a cabo por Al-Qaeda –una organización dirigida por Osama Bin Laden– que abiertamente declaró la guerra a Estados Unidos y estaba comprometida a matar inocentes en nuestro país y alrededor del mundo. Y así es que fuimos a la guerra contra Al Qaeda para proteger a nuestros ciudadanos, a nuestros amigos y aliados…”. El mismo Osama Bin Laden que había servido al Gobierno norteamericano a través de la CIA creando un movimiento contrainsurgente con los talibanes durante la década de los 80 en la ocupación de Afganistán por las tropas de la antigua Unión Soviética (URSS), en la última etapa de la Guerra Fría.


E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com

One comment

  1. Interesante que Alberto Gómez recupere lo escrito por Scott Rasmussen sobre la situación de gobernabilidad real en el vecino país del norte.

    Interesante que Osama les haya sido “tan ÚTIL”, tanto a George W. Bush como a Barack Hussein Obama, para sacarlos del atolladero ante la opinión pública de su propio país. Una casual casualidad bastante oportuna.

    Felicidades a Alberto Gómez y a Conciencia Pública por tan interesantes artículos.

    saludos.