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LA VIOLENCIA

En verdad trato de reflexionar a fondo el tema del combate al crimen organizado en el País, más aún después de el sinnúmero de marchas por la paz que se llevaron a cabo el día de ayer, y con tristeza observo que somos una gran tragedia; el futuro no es halagador y no hay nadie en el horizonte que tenga medianamente la capacidad de convocar a la mayoría de los actores relevantes de la clase política para establecer los acuerdos mínimos necesarios.

 

Soy un firme convencido de que el Estado tiene la responsabilidad y la obligación de enfrentar con el uso de la fuerza a aquellos que violentan la norma establecida, no tiene otra opción, para eso todos los ciudadanos le delegamos parte de nuestra potestad, para que el monopolio de la violencia la ejerza el Gobierno en aras de proteger a quienes formamos parte de este País; este punto no debe de tener discusión, así son las reglas elementales que fundan cualquier Estado.

 

Sin embargo es obvio que el uso de la fuerza no basta, es necesario implementar políticas públicas paralelas con la misma intensidad que el uso de la coacción; es necesario, indispensable y urgente modificar nuestro esquema educativo; es necesario reestablecer una escala de valores aceptados por todos independientemente del color de nuestra preferencia política, valores como la tolerancia, la cultura de la paz, el respeto a la ley, el valor democrático, la eticidad como modo de vida, entre otros que son de carácter general, pero que en estos momentos casi nadie aplica, que parecen tan lejanos en estos tiempos.

 

Pero seamos honestos, ¿nuestros profesores están preparados para inculcar estos valores? Evidentemente no, empezando porque soportan o son cómplices del mayor mal del País, la dirigencia de su sindicato; nada le hace tanto daño a este País que el monopolio sindical de la maestra Elba Esther; dudo que en otro País del orbe exista una situación similar, tal vez ni en la desaparecida Unión Soviética se dio un caso de un sindicato como éste; cualquier reforma educativa pasa por terminar con este cacicazgo y la construcción de un sindicalismo moderno, que defienda los intereses de sus agremiados, pero que también se preocupe por establecer estándares de calidad y de desarrollo del más de millón de maestros, que ejercen el más noble de los oficios, el de enseñar.

 

Sin embargo hay que reconocer que Elba Esther no nació sola, nació con la complicidad del viejo régimen priísta y con el contubernio coyuntural del PAN en la elección del 2000; por lo pronto, Moreira y Peña Nieto parecen dispuestos a refrendar y compartir el poder con el SNTE por un sexenio más; insisto, que tragedia.

 

Necesitamos nuevas formas en la educación, en el desarrollo social, en la promoción económica; pero esto sólo se logra con el concurso de todos, no basta con el uso de la fuerza, ni con la omisión de buena parte de los gobiernos estatales que medran con el cálculo electoral para desacreditar al adversario, cuando su omisión es aun más grave que la acción, por más equivocada que ésta sea, o la cómoda posición de aquellos que vociferan y son promotores del fundamentalismo mesiánico, cuando afirman que el Estado soy yo, y después de mí, el diluvio.

 

Esa es la calidad de nuestra clase política, pero también de buena parte de sus habitantes, desde el pequeño consumidor de drogas, pasando por el que da mordida cuando un agente de tránsito lo detuvo por pasarse un alto, o que tira basura en la calle de su ciudad, o que da una dádiva al actuario, agente del MP o juez para verse favorecido en una disputa legal; en buena medida la clase política es nuestro vivo reflejo, por eso o empezamos a cambiar nosotros mismos, o esto sólo empeorará.

 

Busquemos nuestras coincidencias, por pocas que éstas sean; son el inicio para salir del hoyo que poco a poco hemos cavado por décadas y generaciones; coincidencias por encima de las muchas diferencias, éste sería el mejor inicio de un cambio necesario e inmediato, de lo contrario es posible que la elección del año entrante ya no sirva para nada.

 

E-mail: vicente_viveros@mexico.com

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