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Las dos agendas de Emilio

El asunto no es menor. Existen evidencias suficientes para pensar que los grupos delictivos están ya operando en territorio jalisciense. Hay municipios en la Zona de los Altos, cuyos presidentes municipales trabajan ya para los líderes de esos grupos o por miedo o por ambición, la población de varias ciudades está atemorizada, la Policía vigila carreteras para que entren miembros de otros grupos antagónicos al que controla, y mientras el gobernador Emilio González Márquez está ocupado en otras cosas, si me apuran, triviales.

Jalisco no está para juegos y el gobernador parece estar jugando a la política. Olvidó que es el responsable de un Estado y se entregó a los placeres de las campañas políticas. Es cierto, todo político vive la plenitud de su vida cada que va a una campaña política, pero el mandatario de Jalisco ya aventó el pandero y se dedicó más a otras cosas que a hacer lo que importa, lo que les importa a los jaliscienses que le pagan su sueldo y últimamente sus viajes.

La agenda de Emilio González está diseñada basada en el impacto electoral que le traerá ahora que pretende ser candidato del PAN a la Presidencia de la República. Ha visitado ya 13 estados del País con el pretexto de promocionar los Juegos Panamericanos. En esos sitios, aparte de los actos públicos relativos al evento que sostiene, ha sostenido reuniones privadas con panistas en busca de sumar voluntades en torno a su proyecto. Se ha encontrado con muchos que ya tienen comprometidas sus simpatías con otros, como Josefina Vázquez Mota o Santiago Creel, pero eso no lo ha hecho desfallecer.

El Gobernador de Jalisco mantiene dos agendas electorales. La propia, para ser candidato presidencial, y la otra, la de Jalisco, para acomodar las piezas localmente de tal manera que no llegue el PRI, es decir, revirtiendo las tendencias desfavorables a su partido a través de enfrentamientos con los principales actores de ese partido, encabezados por el alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval.

La impericia de los priístas los mantiene permanentemente “enganchados” al pleito con el Gobernador y ese, que sabe manejar ese tipo de situaciones, en ocasiones sale victorioso de los conflictos aunque difícilmente ha logrado disminuir los “negativos”, es decir, las antipatías hacia su persona construidas a lo largo de cuatro años de desaciertos en el gobierno.

Ocupado en sus dos agendas, el Gobernador ha descuidado aspectos que hasta hace un par de meses mantenía bajo control, como el de la presencia de los narcotraficantes en territorio de Jalisco. Ahora, en los días recientes, han ocurrido hechos que indican que el panorama cambió, sobre todo en la región de donde él es originario, los Altos de Jalisco, de donde llegan noticias tan escandalosas como la de Atotonilco donde La Resistencia estaba ya en poder del Gobierno municipal y recibía absoluta protección del Alcalde, la Síndico y el Jefe de la Policía.

Emilio está ya más concentrado en sus aspiraciones y las de su partido que en lo que pase en Jalisco, aquí cada quien se rascará con sus propias uñas y estamos en grave riesgo de que nos pase lo que en Monterrey que perdieron toda paz y orden posible. Si esto ocurre, habrá que juzgar a los responsables políticos.

 

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