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LIBIA Y LOS REBELDES DE LA OTAN

LIBIA Y LOS REBELDES DE LA OTAN

Ago 28, 2011

Los rebeldes en Libia levantados en armas que buscan la deposición del hasta ahora líder de la nación norafricana, Muamar Kadafi, han logrado avanzar hasta la capital, Trípoli, con la intención de “acorralarlo” y eliminarlo (como el caso de Hussein en Iraq). Esta guerra interior, iniciada por el bombardeo de Francia sobre territorio libio en marzo de este año, abrió el fuego en un conflicto que, colgado de la Revolución de la Primavera Árabe –iniciada en el vecino Túnez– quiso aprovechar la coyuntura del momento en que las protestas civiles en varios países del Magreb, como Túnez y Egipto, arreciaron y obligaron a la renuncia de rancios regímenes de gobierno instalados, desde hacía décadas, por los intereses imperialistas judío-sionistas detrás de las naciones anglosajonas.

Hay algunas diferencias importantes en la situación libia a priori del estallido de hostilidades dentro del país, en contraposición de las que se vivían en algunos de sus vecinos países árabes. Datos que ilustran sobre la situación del país:

-Libia tiene –o tenía– la más alta esperanza de vida del África Continental (77 años).

-El PIB (Producto Interno Bruto) nominal de Libia es el más alto de todo el Continente Africano.

-Tiene el lugar número dos conforme al PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA).

-Ocupa el primer lugar en el índice de desarrollo humano (IDH) en toda África, en igualdad de situación comparativa con algunos países occidentales (que no con los imperialistas, por supuesto).

-Libia posee una de las mayores reservas comprobadas de petróleo (46 mil 500 millones de barriles), con aproximadamente el 3.5 por ciento de estas a nivel mundial; más del doble de las que se encuentran en territorio de Estados Unidos. Además de enormes reservas de gas natural.

-El petróleo libio, del tipo Brent, es uno de los crudos más ligeros y por ende más altamente cotizados a nivel mundial. Libia –antes del ataque intervencionista de la OTAN– era uno de los principales proveedores de los países europeos, siendo de Italia (antiguo “dueño” de Libia) su principal abastecedor del energético.

-Libia, cuya extensión territorial es de casi un millón 800 mil kilómetros cuadrados y que es un país casi desértico (desierto del Sahara), tiene enormes cantidades de agua fósil. Estos yacimientos de agua, –los más grandes del mundo– localizados en la región de Cirenaica (cuya capital es Bengasi), cubren un área equivalente dos veces al tamaño de Alemania.

La infraestructura y desarrollo del país, atraía y daba asilo a millares de migrantes de otros países africanos: tunecinos, argelinos, egipcios, etcétera, era vista como el “sueño americano” de su continente.

-Uno de los mayores y más ambiciosos proyectos de infraestructura hídrica jamás realizados por el hombre se construyó en Libia: el Gran Río Artificial, una obra que abastece del vital líquido a las principales ciudades del país y gracias a la cual grandes territorios antes desierto, se han convertido en fecundos terrenos para el cultivo de alimentos. Esta magna obra lleva agua desde los mantos subterráneos fósiles, a través de una red entubada con más de 4,500 kilómetros de longitud (la distancia entre las ciudades norteamericanas de Nueva York y Los Ángeles). El costo de dicha obra asciende a más de 20 mil millones de dólares, obtenidos de las ganancias por la venta de petróleo, no de leoninos préstamos impagables, como los del FMI (Fondo Monetario Internacional ó del Banco Mundial.

LOS ESTADOS UNIDOS, A TRAVÉS DE SIGILOSOS FRENTES COMO LA CIA (AGENCIA CENTRAL DE INTELIGENCIA) HABÍAN INTENTADO FALLIDAMENTE DURANTE DÉCADAS Y EN REITERADAS OCASIONES, EL ASESINATO DEL CORONEL MUAMAR KADAFI, LÍDER RELIGIOSO, MILITAR Y MORAL DEL PUEBLO LIBIO, QUE, AUNQUE OFICIALMENTE NO OCUPA UN CARGO PÚBLICO POLÍTICO, LO HACE DE FACTO.

-El 97 por ciento de los habitantes de Libia profesan la religión islámica suní.

-Más del 83 por ciento de la población libia sabe leer y escribir.

-La paridad cambiaria del dinar libio es casi de 1:1 con el dólar estadounidense.

Con todo lo anterior –y aún más– Libia es un platillo demasiado apetitoso para la gula de las potencias imperialistas anglosajonas, que han arreciado su ofensiva para derrocar al legítimo gobierno, democráticamente apoyado. Los Estados Unidos, a través de sigilosos frentes como la CIA (Agencia Central de Inteligencia) habían intentado fallidamente durante décadas y en reiteradas ocasiones, el asesinato del coronel Muamar Kadafi, líder religioso, militar y moral del pueblo libio, que, aunque oficialmente no ocupa un cargo público político, lo hace de facto.

Kadafi, el “Hermano Líder y Guía de la Revolución”, ha gozado de la aprobación de las diferentes tribus árabes que conforman la población de su país, razón por la cual se le ha designado con tal apelativo. Si no contara con las simpatías de los demás líderes tribales, no hubiera podido continuar al frente del Gobierno por más de cuatro décadas, a partir de su incursión en la revolución que derrocó al régimen monárquico del rey Idris en 1969. Abogado y militar, Muamar Kadafi, contando con menos de 30 años de edad, habiendo estado al mando de la Junta Militar –el Consejo del Mando de la Revolución– tras la defenestración de Idris como monarca libio, anunció algunos puntos fundamentales a partir de los cuales se regiría el Gobierno de Libia:

1. Neutralidad exterior.

2. Unidad nacional sobre todas las cosas.

3. Prohibición de los partidos políticos.

4. Evacuación –expulsión– de las bases militares británicas y estadounidenses.

5. Explotación de la riqueza petrolera en beneficio del pueblo libio.

Esto, obviamente, fue algo que a los gobiernos británico y estadounidense –en representación de los poderes ocultos– les cayó como poco menos que una bomba atómica; cómo un simple libio los obligaría a abandonar, primero su territorio, y luego a renunciar a tan jugosas ganancias por concepto del petróleo, gas y minerales; ni qué decir de la estratégica posición geográfica de Libia, avecindado con Egipto y que formaba parte del botín de los imperios occidentales asentados ahí, en el Magreb, primero de manera franca, declarando dichos territorios como suyos y, después, utilizando gobiernos títeres que seguían sirviendo a sus intereses, pero ya con una bandera “propia” –la cuasi sempiterna simulación de libertad revolucionaria democrática– a excepción de la Libia de Kadafi, que no se doblegó ante los intereses extranjeros una vez instaurado en el poder, o séase que él resultó mejor jugador que los gigantes imperialistas.

Lo anterior le valió al líder revolucionario el calificativo de “terrorista”, razón por la cual se impusieron a Libia bloqueos y restricciones económicas, además del despliegue del aparato mediático (brain washer) judío-sionista en su contra, sobre todo en la década de los 80. Tan eficiente resultó la estrategia en contra de Kadafi, que la mayor parte de la opinión pública occidentalizada se creyó el cuento de las represiones violentas y asesinatos a mansalva de supuestos manifestantes pacíficos en contra del Gobierno, realizados, según esto, por fuerzas del orden leales al dirigente libio.

Esto obviamente es una de las innumerables artimañas usualmente utilizadas por el Pentágono –y demás– para tener el pretexto de asestar golpes más que contundentes desde el exterior –con drones, misiles Tomahawk y demás parafernalia– todo “a favor de la democracia” (gringa, por supuesto…) pero con una previa campaña de desinformación a la opinión pública mundial para obtener su apoyo, y la “bendición” de las Naciones Unidas para ir a una guerra en la que los únicos que la han padecido, son los millones de libios que sólo buscan un mejor modo de vida, esperanzados en que su líder –hasta este momento– resista los duros embates de la banda de pendencieros, saqueadores y auténticos terroristas que son los miembros de la OTAN que han participado en una de las más cruentas barbaries –hasta ahora– del presente siglo.

De triunfar los maliciosos ejércitos de la OTAN –con todo y su frente “rebelde”– veríamos una reconfiguración en todo el Magreb, y sería un duro golpe para la naciente Revolución Árabe todavía en pañales pero con insospechados vientos de cambio a su favor, en los que la resonancia mundial de lo que la milenaria cultura árabe inició en la primavera del 2011 va in crescendo, replicándose en insospechados lugares, como el corazón mismo de la “democracia occidental”, Washington DC provocando terremotos, no sólo de orden geológico, sino de las estructuras todavía dominantes del poder.

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com