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LINCHADORES DE PACOTILLA

LINCHADORES DE PACOTILLA

Oct 15, 2011

Charles Lynch es recordado por ser el padre del linchamiento, esa práctica en que una turba violenta ejecuta a una persona sin bases legales, ni debido proceso judicial. Esa costumbre idiota, bárbara y nefasta, que debería ser materia de vergüenza, es la guía de algunas de las más aplaudidas iniciativas de corrección moral en México.

 

Sea en el Gobierno Federal, estatal o municipal, los renovadores morales impulsan prácticas persecutorias que son una mezcla de inquisición española, cacería nazi y linchamiento. Desde la denuncia anónima hasta los programas del Gobierno Federal, donde todos los servidores públicos se presumen culpables de corrupción, hay una línea conductora que sólo está a unos pasos del fascismo. Este tipo de imbecilidades incluso se pretenden poner en práctica en empresas, escuelas y universidades, por lo que nadie se salva del dedo acusante –anónimo o cobijado con el manto de la presunta víctima, que siempre es inocente y libre de toda culpa, amén–. La pregunta es: ¿la honestidad ha mejorado como resultado de estos procedimientos?

 

En el Índice de Percepción de la Corrupción 2010, de Transparency International, México está en el 98 peor lugar de 178 países. El año anterior estaba 10 posiciones arriba, o sea que la situación empeoró. Por su parte, Jalisco es el 25 Estado más corrupto de México, de conformidad con el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2010 de Transparencia Mexicana. En los últimos ocho años, Jalisco ha empeorado crecientemente en el índice de prácticas corruptas. En suma, de nada han servido los programas de “acuse a su vecino”.

 

El Gobierno invita, histéricamente, a que presentemos quejas contra las malas personas, pero la Secretaría de la Función Pública, los Órganos Internos de Control, las contralorías y otros organismos de responsabilidades están saturados de imputaciones falsas contra, paradójicamente, individuos honestos: el servidor público que no aceptó una “mordida”, el empresario que no aceptó la propuesta de soborno, el profesor que reprobó a sus malos estudiantes, el gobernante que no aceptó las presiones de un grupo de interés.

 

Y ahí está Lynch, con su tridente, esperando la quema de personas, mientras activistas y persecutores aplauden como focas. No sólo López Obrador justifica los linchamientos del pueblo bueno, los radicales de derecha e izquierda son pequeños pejes que también linchan desde sus feudos y justifican a sus pueblos buenos respectivos –el mal usuario de un servicio público que se equivoca en un trámite, el sujeto que pretende facilitar un negocio con dinero, el tipo que trafica con las respuestas de un examen nacional, etcétera– que se convierten en blancos corderitos por el simple hecho de señalar a los que son malos también por decreto: basta unos testimonios o pruebas prefabricadas para condenar a cualquiera.

Después de los sobornos millonarios a Néstor Moreno García de la CFE, que en México sólo se conocieron porque una Corte Federal de Estados Unidos conectó un caso de fraude con los pagos a ese burócrata, la conclusión es obvia: la inquisición y linchamiento en México es para aterrorizar a la gente común que no comete faltas, para así simular honestidad y desviar la atención de las raterías y corruptelas de los grandes sinvergüenzas que abusan del poder.

 

El legado de Charles Lynch es tan nefasto como el de Torquemada y sólo evidencia que la corrupción no se combate con persecuciones y quemas, sino con educación: mientras haya gobernados que den propinas para agilizar trámites, estudiantes que hagan acordeones para los exámenes y personas que se roban la luz, agua o Internet, habrá funcionarios públicos corruptos, técnicos que ayuden a instalar diablitos o gestores de negocios fáciles. Desafortunadamente esto no lo entienden los linchadores de pacotilla que, desde sus pequeñas parcelas de poder, promueven la torpe persecución de inocentes.

 

Acuse de recibo

Agradezco los correos por mi anterior columna. En particular quiero dar respuesta a una pregunta sobre libros para conocer la vida y legado de Jobs. Hay dos que pueden conseguirse en las librerías locales. Uno es En la cabeza de Steve Jobs: La mente detrás de Apple, de Leander Kahney; otro es El camino de Steve Jobs, de Jay Elliot. Asimismo, este 24 de octubre se lanzará mundialmente la biografía oficial de Steve Jobs, escrita por el nominado al premio Pulitzer Walter Isaacson y que la editorial Debate publicará en México, libro que será fundamental para entender al Da Vinci de Cupertino.

 

Twitter: @oscarconstantin

Correo electrónico: oscarconstantino@me.com