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Los consensos

Después del resultado de la consulta organizada por los comités nacionales del PAN y del PRD en el Estado de México, en donde acudieron a las urnas 250 mil ciudadanos, de los cuales el 78 por ciento votó por el “SÍ” a una alianza que permita enfrentar a la maquinaria del PRI en dicha entidad, observamos lamentablemente atónitos cómo la fracción más intransigente de la izquierda le da al traste a este esfuerzo inédito de organización ciudadana.

 

Habrá que puntualizar que la alianza propuesta tendría su mayor posibilidad de éxito con la figura de Alejandro Encinas como candidato, así lo demuestran todas las mediciones electorales hechas hasta el momento; resulta incomprensible cómo una figura importante de la izquierda mexicana, congruente y de convicciones bien cimentadas, se ve amedrentado y sumiso ante la figura del caudillo, o sea AMLO, y lo que Fernando Belaunzaran a bautizado como la Jihad pejista.

 

Ese puritanismo a ultranza, del que el propio Andrés Manuel es promotor sin calidad, al provenir de las filas de las mejores épocas del PRI; ese puritanismo convenenciero que usa a discreción a favor cuando él propone, y en contra cuando va en otro sentido a sus intereses personales; cómo es que no dijo nada cuando era presidente del PRD y se alió con el PAN en Nayarit; cómo dio su visto bueno a otras alianzas, o simplemente dejó pasar la de Oaxaca; muestra una inconsistencia brutal, que siempre trata de justificar con una verborrea barata, de hecho, deja pasar la recién firmada alianza del PAN y PRD en Coahuila; insisto, la inconsistencia total.

 

Pero la culpa no es del caudillo, es de quienes lo siguen, por eso es criticable la posición de Encinas; parece complicado que a estas alturas no entienda que la posibilidad real de cambio en el entramado institucional del País, que permita reglas más eficaces para la democracia y el bienestar de la mayoría, sólo se logran con consensos entre los diferentes, para bien o para mal, no le ajusta a la izquierda sola; vivimos un tripartidismo en el que uno solo de estos no logra por sí solo la fuerza para los cambios en los congresos federal y estatales; es indispensable que cuando menos estos cambios se den por dos de las tres fuerzas mayoritarias; no es un tema de gusto, es un tema de obligación ética, de compromiso con la ciudadanía que espera eternamente los cambios necesarios; no se vale interponer los intereses propios por los de la mayoría.

 

Peor aún, en el caso particular del Estado de México, Encinas no perdía nada, el PAN se encontraba dispuesto a ceder para que él fuera el candidato de la oposición, pero el hipotético triunfo de Encinas complicaría el camino de AMLO a la candidatura presidencial, y eso para los ultras de la izquierda, es sacrilegio; no puedo dejar de reflexionar con cierto sarcasmo que la izquierda recalcitrante acaba siendo tan parecida a la derecha fundamentalista a la que tanto critican, a esa derecha rancia en las que ambas se nutren en el discurso de su contraparte; tan lejos y tan cerca a la vez.

 

Me queda claro que somos más, muchos más los que pensamos que más que derechas o izquierdas, lo que hace falta en lo inmediato es que se modifiquen las reglas del juego, para que permitan una democracia de mucho mejor calidad; que obligue a los jugadores a generar consensos; que evite los eternos inmovilismos que padecemos; que complete la transición democrática; pero este esfuerzo requiere de sobreponer los interese generales sobre los particulares.

 

Creo que muy caro, le saldrá a Encinas, al PRD y al País esa visión facciosa; demuestra nuevamente el tamaño de nuestra izquierda, que eternamente vive dividida y pobre en argumentos; en el fondo AMLO acaba siendo aliado de su ex partido el PRI, utilizando para ello a verdaderos luchadores sociales de izquierda; lástima, sólo hace falta voltear a la cercana experiencia española que primero resolvió lo importante por consenso, después de la dictadura, para después entrar a una verdadera contienda democrática electoral. Es claro que el PAN y Felipe Calderón no ceden por gusto, ceden en el ánimo de no pasar a la historia como los culpables de que el PRI regrese a Los Pinos; pero la motivación es lo de menos, lo importante es la oportunidad que abre a un cambio verdadero y necesario en México, diría, impostergable.

 

Por lo pronto con nuestras reglas en la que gana la primera minoría, sin duda hoy la tiene el PRI y seguro, estamos condenados a vivir en carne propia las sabias palabras de Augusto Monterroso: “Y cuando desperté, el dinosaurio seguía ahí”.

 

Lástima de País.

 

E-mail: vicente_viveros@mexico.com