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Los Hombres del Poder: El candidato del establishment

Los Hombres del Poder: El candidato del establishment

Dic 3, 2017

Por Gabriel Ibarra Bourjac //

No fue el candidato de los priístas.

Ni el candidato de Enrique Peña Nieto.

Es el establishment.

La decisión la tomó el Presidente conforme a los usos y costumbres del sistema. La liturgia tuvo cumplimiento. De entre los cardenales, el sumo sacerdote tomó su decisión.

Se podrá decir que es el dedazo del milenio. Es mucho más que eso. Parte de una decisión que supera los afectos, más allá del corazón. Es la conveniencia de acuerdo a las circunstancias y macro intereses, superiores al partido.

José Antonio Meade Kuribreña es el hombre del establishment, de los dueños de México, de los que mandan. Es el personaje de la globalización. Como canciller, como secretario de Hacienda, el de las mejores conexiones con ese nuevo mundo, donde el poder económico se impone.

El candidato de los priístas era el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, el único de los cuatro finalistas con experiencia electoral, que pasó por la Cámara de Diputados y por la gubernatura de Hidalgo.

El secretario de Educación, Aurelio Nuño, sin duda, encarnaba los afectos del Presidente Enrique Peña Nieto.

El secretario de Salud, José Narro, fue una carta que se jugó, pero hasta allí. Un buen perfil, pero poco le dice al capital financiero.

Enrique Peña Nieto, fiel a la liturgia, en efecto, engañó con la verdad. Hizo toda la ingeniería para ir cuerpeando al caballo negro en la carrera por la candidatura presidencial del PRI.

Si la decisión se hubiera tomado en razón de los afectos y de los latidos del corazón del Presidente, seguramente el favorecido hubiera sido su secretario de Educación. Fue una decisión fría en razón de quien puede concitar las mayores alianzas con el poder económico de este país, además de jalar el voto de los panistas descontentos con su actual dirigente Ricardo Anaya y que están dentro de la corriente calderonista que fue desplazada de su control.

Cuando inició el gobierno en el 2012, la carta a jugar se llamaba Luis Videgaray, a quien el Presidente convirtió en el Secretario de Hacienda. Sin duda el hombre más poderoso del peñismo y enemigo declarado de la clase política. Cabeza de la tecnocracia, quien al final ganaría el juego con José Antonio Meade, a quien lo integró al gobierno priísta a nivel de titular de la Cancillería.

Videgaray tuvo la inteligencia de visualizar que si él tropezaba en el camino, como así sucedió, el Plan B sería José Antonio Meade, su amigo y compañero en el ITAM.

EL TRIUNFO DE LA TECNOCRACIA

La tecnocracia de la Secretaría de Hacienda, el verdadero poder de este país, que trasciende sexenios tricolores y azules, es la que se lleva la candidatura presidencial del PRI. Luis Videgaray como operador de este grupo de elite, dejó muy atrás del camino a los Manlio, a los Osorio Chong, a los Gamboa.

Muy fino el tejido de la construcción del proyecto de José Antonio Meade. ¿Que no era militante del PRI?, qué importa. Cambiamos los estatutos. Videgaray-Peña fueron mucho más inteligentes que el maestro Carlos Salinas de Gortari, a quien sus enemigos le descarrilaron su proyecto de poder transexenal al eliminarle a su delfín Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas.

Salinas no pudo con el candado constitucional para convertir a Pedro Aspe en su candidato sustituto tras la muerte de Colosio y tuvo que echar mano de Ernesto Zedillo. Lo demás es historia.

Habrá que ver si ahora, con la carga negativa del PRI y con la alianza con los Calderonistas-Panistas es suficiente para ganarle a Andrés Manuel López Obrador, convertido en el enemigo a vencer y quien trae la agenda de los pobres, el candidato antisistema.

EL JUEGO DE ANAYA

La otra alternativa es el Frente Ciudadano por México que lidera el joven Ricardo Anaya y que pretende rebasar por la izquierda y derecha en un golpe de audacia, luego de arrebatarle a Calderón el control del PAN. El joven queretano en un juego de poder despertó la ambición de los líderes del PRD y de Movimiento Ciudadano, vendiéndoles la idea de que el 2018 podría ser de ellos.

A Anaya le ha sobrado audacia y ambición, pero le ha faltado inteligencia. Su rudeza se le ha vuelto en su contra por los daños que ocasionó dentro del PAN ante la incapacidad de lograr unir a los diversos grupos, cuando el pastel pretendió devorarlo y hoy vemos los resultados de la indigestión.

Habrá que ver cómo termina el proyecto del famoso Frente Ciudadano por México que paradójicamente se convirtió en un grupo cerrado cupular que le teme a abrirse para la elección del candidato presidencial y que está desvielando la máquina antes de la carrera.

Anaya tiene la oportunidad de mostrar su talento político, si cuenta con la estatura para llevar el destino de México el próximo sexenio, cuando el Frente parece naufragar.

La elección presidencial del 2018, todo parece indicar que será entre dos sopas: El candidato antisistema, Andrés Manuel López Obrador y el candidato del establishment, que es José Antonio Meade –más que del PRI- porque Anaya parece rezagarse.

Correo electrónico: gabriel.ibarrabourjac@gmail.com