Portal informativo de análisis político y social

LOS HOMBRES DEL PODER | La cultura gandalla

LOS HOMBRES DEL PODER | La cultura gandalla

Ene 30, 2016

Va mi más sentido pésame a Claudia Gallo, a sus hijas y a Enrique Ibarra por la partida tan temprana del esposo, padre y concuño, como fue Pedro Humberto Garza Gómez, a quien lo llegamos a apreciar sus amigos con sus virtudes y defectos, provisto de una gran inteligencia, siempre con un espíritu rebelde y muy crítico que mostró a lo largo de su vida. Pedro Humberto sabía ser amigo de sus amigos. Fue funcionario público gran parte de su vida, pero nunca perdió su independencia, ni renunció a expresar lo que pensaba por conservar la chamba. Vaya que lo vamos a extrañar. Descanse en paz.

 

Los gandallas

 

El hartazgo de los ciudadanos para con la gran burocracia y los políticos tiene mucha razón y motivo, pero la mayoría de estos personajes eso no lo entienden, ni lo quieren entender. En el pasado inmediato el escándalo lo protagonizó el Congreso del Estado donde todo lo indeseable podría suceder por lo elástico que hacían las leyes y la impunidad que los protegía. Parece que esto ha ido cambiando y aquellas prácticas tan negativas aparentemente se han superado.

Pero ahora el escándalo llega al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco que había estado tranquilo cuando trasciende que algunos consejeros buscan obtener más privilegios de los que reciben con los sueldos millonarios, ya que en el 2014 los siete integrantes del Consejo percibían ingresos al mes de 953 mil pesos, correspondiendo al presidente 154 mil pesos, en tanto que un consejero recibe 133 mil pesos al mes.

Estas percepciones se dan haya o no elecciones, pero además esto no es todo, cuando estos señores consejeros quieren más, como bien lo advierte el trabajo que en esta edición de Conciencia Pública nos presenta Chema Pulido, en el que el IEPC está inmerso en una crisis, por diversidad de factores, por un lado la ambición de algunos consejeros que «piden hasta choferes a cargo del erario» (o sea que lo paguemos usted y yo con nuestros impuestos), la injerencia de los partidos políticos que buscan su destitución, además de las deudas que arrastran después del proceso electoral en el que por lo visto no hicieron la planeación adecuada y se pasaron del gasto.

Bien escribe Chema que los afectados no son los consejeros a quienes seguramente en forma puntual han venido recibiendo sus percepciones, con aguinaldos y todo lo que implica, los afectados son los trabajadores de planta y eventuales a quienes les adeudan prestaciones.

La crisis se acentúa cuando al INE le corresponde tomar la decisión de ratificar directores y comisiones solicitadas que ha provocado una lucha encarnizada a su interior cuando se disputan posiciones, lo que ha llevado a que la máquina del IEPC se pueda desbielar. Y en esa situación el IEPC carece de defensores, mientras que las deudas se acumulan, en enero ya se deben 10 millones de pesos y en febrero serán otros 10 millones, aquello crece.

Lo que sucede en el IEPC es expresión de esa cultura gandalla que existe en nuestra sociedad, no sólo en el campo de la política. La tenemos también con ciudadanos que son igual o “pior” (pior es pior que peor, para que no me corrija nuestro corrector de estilo y de ortografía Sergio Barajas) y que se expresa en el campo al que echemos un vistazo, como el caso de los automovilistas que invaden zonas destinadas a los discapacitados, o que se estacionan en doble fila, o aquellos que te echan el carro encima y que se te meten al carril donde vas conduciendo, sin importar que pueden generar un accidente. Y es que como son muy machos, lo pueden hacer. Y cuidado si les reclamas porque se sienten ofendidos.

La mayor parte de los consejeros que llegan al IEPC (hay quienes tienen los méritos académicos) llegan por recomendación de los partidos políticos o de personajes poderosos enquistados en estos organismos y que ha sido una forma de negociar.

Así como tenemos a magistrados gandallas en el Poder Judicial, en el IEPC la situación es similar. No hay conciencia del servicio, del compromiso y la palabra ética les provoca urticaria.

Es penoso que se sigan registrando este tipo de actitudes que muestran la pobre calidad ciudadana que tenemos, de cómo ensucian con sus ambiciones a las instituciones que se construyen para tener un mayor desarrollo cívico, con una cultura basada en valores de respeto, honestidad, tolerancia, laboriosidad y que pase precisamente en el órgano que tiene como tarea promover el cambio que nos ayude a mejorar como sociedad. Por momentos pareciera que estamos como el cangrejo, se avanza por un lado, pero luego se retrocede en otra pista. Es un juego permanente de vencidas y este tipo de conductas gandallas es la que provoca esa desconfianza y rechazo ciudadano para los servidores públicos y las mismas instituciones de las que se sirven.

Correo electrónico: gabriel.ibarrabourjac@gmail.com