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Lucha de gigantes

Treinta y cinco mil millones de dólares equivalen a la tercera parte de las reservas internacionales de México, a 11.6 por ciento del valor de la empresa Apple, a la compra de 140 mil casas de lujo en este país o a la adquisición de un millón 551 mil 533 automóviles Ford Fusion último modelo. También es lo que vale anualmente el mercado de telecomunicaciones y radiodifusión de México, que se pelean con garras y dientes Telmex, Televisa y TV Azteca.

En términos absolutos, ese mercado vale una mugre: el país tiene 112 millones 336 mil 538 habitantes, por lo que esa tajada del pastel económico ni siquiera implica sacarle 500 dólares a cada mexicano. Si Televisa se dedicara a hacer investigación y desarrollo para ofrecer computadoras de alto nivel, podría manejar recursos siete u ocho veces mayores que los del triple play –voz, audio y video–. En realidad, las televisoras y Telmex luchan por su sobrevivencia en un mercado que ya superó el viejo modelo del payasito de la tele vendiendo pastelitos o partidos políticos.

La consolidación de los servicios de televisión, telefonía e Internet de banda ancha implican que, para informarse, divertirse o comprar productos, el consumidor no tendrá la necesidad de sentarse frente a un televisor en la sala de su casa. Ahora, a pesar de que México aún no cuenta con triple play, basta con pulsar unos botones de la BlackBerry –o deslizar los dedos en el iPad o iPhone– para comprar boletos del cine, pedir una pizza e incluso “hacer el mandado del súper” –mismo que se entrega a domicilio–. En unos años, hasta los sectores más pobres del país podrán ver sus telenovelas en el celular y comprar cervezas a través de un Smartphone: ¿en un mercado así, qué lugar pueden ocupar las vetustas televisoras que han sido incapaces de ofrecer señales digitales que no se fastidien cada media hora?

El cambio de paradigma digital afecta hasta la forma de trabajar. El modelo del capataz que verifica el cumplimiento de “horas-silla” de sus subordinados es motivo de burla hasta en los anuncios del Internet móvil de Telcel. Cuesta más caro instalar oficinas que asignar una computadora portátil a cada empleado y ponerlo a trabajar desde su casa: se ahorra combustible, mobiliario y dinero. En la era de los resultados, el esfuerzo por calentar el asiento sólo se valora en la cultura del servilismo.

A pesar de todo, Telmex tiene una posición más cómoda que las televisoras de este mundo feliz: la expansión del sistema Dish es la evidencia más clara de su mejor ubicación en el mercado. A pesar de las acusaciones de Televisa, la realidad es que Telmex aportó a la alianza Dish uno de los activos más valiosos en el modelo de negocios actual: una base de datos personales de alta calidad. Los costos de emprender un sistema de televisión restringida se reducen de una manera considerable si la contratación de servicios se monta sobre una plataforma de clientes comprobados. Las únicas listas de usuarios mexicanos más amplias que la de Telmex son las de los derechohabientes del IMSS, los contribuyentes del SAT y los usuarios del servicio público eléctrico –y las tres no cuentan con datos confiables–. Televisa no cuenta con ese poder de datos personales y TV Azteca tampoco.

La lucha de gigantes, aún en la arena de la Comisión Federal de Competencia, no resolverá el problema de un mercado al que ya alcanzó la modernidad y donde los gigantes de las telecomunicaciones son enanos de los contenidos: de nada sirve la posibilidad de enviar al teléfono un programa de televisión, si es enfadoso o de muy bajo nivel cultural. Con el nivel ínfimo de contenidos atractivos en el país, resulta claro que antes del triple play se necesita un home run en materia educativa.

 

E-mail: oscarconstantino@gmail.com