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LUCHAS SOCIALES | “A mí no me pasaría eso”

LUCHAS SOCIALES | “A mí no me pasaría eso”

Jan 21, 2017

 

Ante los lamentables sucesos ocurridos en Nuevo León surge la duda con respecto a la seguridad de los niños y adolescentes en los planteles en México, así como la forma en la que se pueden salvaguardar los derechos y las obligaciones de todas las partes que involucran el sector directo o indirecto del sistema de educación en el país, pero que invariablemente puedan garantizar la seguridad y la tranquilidad de la sociedad.

Escuchar y sentir una noticia como la referente al tiroteo en el Colegio Americano del Noroeste es un impacto emocional para una gran parte de sectores implicados en la educación en México, por obviedad se relaciona con los que somos padres de familia, aquellos que ejercen la profesión de maestros o docentes, administrativos y autoridades a todos los niveles, cuya función es, entre varias, la seguridad del ejercicio y obligación de la educación.

Sin embargo, el tema tiene varias vertientes que deben analizarse por las autoridades de todos los niveles y por la sociedad en la que tenemos participación y obligación; los padres de familia debemos tomar la parte que nos corresponde con nuestros menores en la observación de sus constantes y habituales actitudes, para que nos permitan detectar cuando existan problemas de salud física, mental o de otra índole, quizás las diversas actividades nos distraen un poco de la observación en casa, pero esta es una alerta dolorosa sobre el papel que debe desempeñar un padre, profesor, autoridad, administrativo o compañero con respecto a la prevención de la violencia.

En nuestro estado, Jalisco, los hechos del Colegio Americano del Noroeste deberán detonar una fuerte campaña de observación con el objetivo claro de la prevención con cargo a los adultos involucrados en el tema de la educación, todos aquellos desde autoridades, sociedad y profesionales, los cuales, de la manera más combativa continuamente y mediante el diálogo, la concienciación y previsión, se logren crear los filtros necesarios para que no se enciendan las alarmas como la de Nuevo León, sino que se desactive cualquier situación en la que un menor se encuentre muy cercano a cualquier situación que lo pueda llevar a ejercer la violencia para él mismo o para terceros.

Somos una sociedad con evidentes carencias generacionales y con una fuerte dosis cultural violenta y desapegada de la atención a los menores, así como los adultos mayores; nos despreocupamos de sus necesidades, creemos que los maestros son solo niñeros de medio día, que las autoridades están para robar, que en las escuelas les preocupa cobrar la cuotas, existimos en medio de la cultura del morbo y desvaloración, pero muy bien enterados a conveniencia de lo que es un derecho humano y su defensa, somos una sociedad egoísta e individualista, todo se puede encerrar en la reflexión “A mí no me pasaría eso”.

En este contexto es muy difícil lograr que, organizadamente, la educación en México pueda ser segura, efectiva y de calidad, no existe la voluntad individual del maestro, padre de familia, autoridad y administrativos en marcar una diferencia que selle un distinto panorama en la educación con respecto a la prevención, detección y ayuda en casos con alto riesgo de crisis violenta, por lo que podríamos volvernos a estremecer con otro nuevo y triste episodio social como el que todavía se siente con respecto al tiroteo en Nuevo León.

Luego entonces, son las acciones focalizadas que de inicio sean el diálogo de padres a hijos y viceversa con respecto a lo ocurrido, la participación activa de las formas en las que las autoridades puedan, porque además deben ser parte obligada en la prevención de situaciones y sucesos, como todos son prevenibles, así como la respuesta activa de los docentes e instituciones educativas del país, en conjunto con esta sociedad un tanto deshumanizada y morbosa, contribuyan a tratar los problemas generacionales de los niños y adolescentes, siendo partícipes de la forma de difundir estos hoy lamentables sucesos, quizás entonces las grandes movilizaciones no serían contra los gobiernos y los gasolinazos, sino a favor del rescate de nuestra joven sociedad, lo que por lógica también evitaría tener la clase política fuera de realidad de la que hoy nos quejamos, pero parece que importa más que nuestros niños y jóvenes.

monicaortizg@hotmail.com