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LUCHAS SOCIALES: El discurso de la izquierda

LUCHAS SOCIALES: El discurso de la izquierda

Dic 14, 2013

Por Mónica Ortiz —-

“Cuando oigas a un hombre hablar de su amor por la patria, es signo de que espera que le paguen por eso”.

Mencken, Henry Louis

Para las izquierdas en México existen metas, propósitos y razones para salvaguardar sus registros, su presupuesto y su militancia. El cómo es lo de menos, aunque saben bien que el desconocimiento y la desinformación es su mayor campo de acción y para desgracia de nosotros los mexicanos estos dos supuestos mueven más que la fe.

La Reforma Energética aprobada en lo general y en lo particular en un sistema bicameral, es de las más trascendentales del paquete de cinco reformas propuestas por la Presidencia de la República, indiscutiblemente medular por los cambios planteados porque se pretende genere economía y desarrollo para el país, sin embargo también era la más temida, requería alianzas y acuerdos con el PAN y el Partido Verde Ecologista.

Independientemente del fondo o la forma del proyecto de reforma, las izquierdas como la oposición que deben ser por naturaleza sociopolítica, nos usaron como cualquier comerciante en época navideña en calidad de materia prima. Los elementos fueron el desconcierto social, la incertidumbre y el descontento.

Dejando de lado la constitucionalidad de la reforma y la parte mediática dónde los partidos de izquierda buscaron infructuosamente desacreditarla, así como la viabilidad en la materia para la que se supone fue propuesta y después aprobada, disfrutamos las formas y estilos de los partidos de izquierda, tanto en tribunas, plenos, calles y redes sociales, todo para vender su postura como marca de partidos sociales, en supuesta y franca lucha social contra el gobierno.

La realidad pudiera estar disimulada en este gran circo. El trabajo era para generar el show que requieren las izquierdas, para mantenerse y conservarse pues nunca existió el fundamento legal, teórico o práctico de la entrega del petróleo a los extranjeros.

Los análisis de la reforma a fondo no dejan ver inconstitucionalidad, tal vez sí, paja y texto excedente de la formalidad jurídica, tampoco se cede dominio a empresas ni nacionales ni extrajeras, de tal forma que no hay tal privatización sino contratos reguladores, no se pierde soberanía sólo la que los partidos opositores dejen de tener sobre quienes sí notaron todo su espectáculo logrando deducir que hacen su labor basada en la simulación de los reales contenidos de la Reforma Energética, era temporada alta, se ganaba muy buena utilidad social para los partidos de López Obrador y los perredistas.

En materia política, gubernamental y legislativa, los acuerdos entre los partidos y sus actores trascendentes en la clase política son negociables según las circunstancias, no hay tal tribuna de debate, ni izquierda verdadera, sólo grupos de poder con prerrogativas, no había motivos reales para tan absurda ridiculización de las cámaras legislativas, la resistencia de los partidos de izquierda era para mantenerse no en un curul sino en el partido o en la faena política, hacían su chamba y vaya qué defienden su lugar de manera magistral se merecen ¡aplausos!

Es fácil engañar al ciudadano que con buena fe busca refugiarse en lo que cree, que le traerá beneficios sociales inmersos en un supuesto amor social a la patria, cuando las verdades amargas dicen que por lo menos en este país las izquierdas son negocios particulares, para sus líderes son momentos de trabajo arduo, pero ¿cuándo dejaron de ser ciudadanos idealistas con hambre de revolucionarios convirtiéndose en poderosos políticos? ¿Comprendieron de qué se trata su tarea? Es risible su grito ¡Traidor, vende patrias!