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Luchas Sociales: Nuestra costumbre a la corrupción política

Luchas Sociales: Nuestra costumbre a la corrupción política

Abr 29, 2017

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Por Mónica Ortiz //

COMO DICE LA CANCIÓN, «NO CABE DUDA QUE ES VERDAD QUE LA COSTUMBRE ES MÁS FUERTE QUE EL AMOR», SOMOS INDULGENTES A LA CORRUPCIÓN Y LA IMPUNIDAD, CARECEMOS DE RESPETO POR NUESTROS HOGARES QUE SON TAMBIÉN LOS ESTADOS Y MUNICIPIOS QUE HABITAMOS EN ESTE NOBLE PAÍS.

Son tiempos difíciles para la clase política y las ideologías partidistas, este es el momento preciso en el que como sociedad estamos parados frente al espejo, lo que reflejamos es lo que somos, un país sumergido en la desconfianza a las instituciones gubernamentales, sometidos sin aparente opción a una élite política, víctimas conscientes de la simulación de la democracia y la participación ciudadana.

Las detenciones de los exgobernadores Tomás Yarrington Ruvalcaba y Javier Duarte de Ochoa son asuntos de interés público que evidentemente viene a darle forma a las próximas elecciones en el país. Sin equivocación, de hecho, los partidos políticos han creído acertar en que la entrega a la justicia de aquellos señalados como deshonestos, cayó como fruta de temporada estratégicamente previo al arranque electoral, podría darles un respiro en la deteriorada imagen general que tiene el país de los partidos y sus grupos de poder, para así poder realizar las respectivas astucias propias de la percepción ciudadana.

Sin embargo, ¿realmente importan los partidos políticos? ¿Vale la pena salvar ideologías y colores partidistas? En esta detención de ciudadanos que en algún momento fueron políticos, después candidatos y finalmente se convirtieron en servidores públicos de alto nivel gubernamental, por lo que deberíamos pugnar los ciudadanos, es por la verdad de estas historias típicas de la política ambiciosa y corrupta, en la que sociedad sigue sumergida, quizás por apatía, ignorancia o desinterés, pero hasta la fecha es el mayor de nuestros males, gobiernos de todos los niveles y partidos políticos, con actividades ilícitas, corrupción y opacidad, abuso de poder y enriquecimiento ilícito, lo que da como resultado un país como el que tenemos, con una realidad que al parecer queremos.

En este contexto, más allá del sentimiento de hartazgo y vergüenza del sistema político y gubernamental, mismo que experimentamos constantemente, hoy observamos como los partidos políticos y sus principales personajes se cuestionan unos a otros las probables relaciones de estos señores que no son libres y esperemos tampoco sean impunes, mediante un ring lleno de contrincantes que buscan minimizar o maximizar según sea conveniente para estos tiempos, a todos aquellos que produzcan algún efecto en la próxima etapa electoral; mientras tanto la ciudadanía seguirá con la esperanza de que algún día cambien y que el próximo que prefieran no salga ni tan ratero ni tan peligroso.

Falta un basta enérgico, lleno de exigencia social que haga que se desplomen junto con Yarrington y Javier Duarte toda la estructura política, partidista, empresarial y gubernamental, participe de sus formas de gobierno y política, ese sí sería un mensaje a la clase política, para eso se requiere un juicio real sin tintes políticos, ni manipulación mediática. La nación, nosotros ciudadanos no se los demandamos, sólo somos espectadores de lo que se rumora, supone o acusan, pero no ejercemos la presión necesaria para lograr que políticos como los mencionados arrastren todo lo que les ayudó permitiéndoles construir y conseguir su emporio de poder, alimentado de corrupción.

En este sentido sabemos de sobra que nuestro país posee un grave problema cultural de corrupción e impunidad que no se elimina solo con los peces gordos, sino de los peces que se quedan libres y que de alguna manera participaron voluntariamente de esta élite política extractiva de los recursos públicos, toda la pecera infectada de ciudadanos que ejerce al ejercicio del servicio público y el gobierno que administra una entidad en nuestro México, debe ser parte de los procesos judiciales, como en su momento lo fueron de los gobiernos como los de estos señores.

La corrupción y su implicación en la sociedad es y seguirá siendo el mayor obstáculo que tenemos la sociedad mexicana, cuyo efecto no permite la permeabilidad de la democratización y de la efectiva participación ciudadana, solo desde la denuncia, el seguimiento de los procesos y el ejercicio de la transparencia, desde el entorno familiar, profesional y social se puede reconstruir la visión de las instituciones, los gobiernos y la clase política, mismos que hemos comprobado con el caso del Estado de Veracruz destruyen todo, es por eso que como dice la canción «No cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor», somos indulgentes a la corrupción y la impunidad, carecemos de respeto por nuestros hogares que son también los Estados y municipios que habitamos en este noble país.

E-mail: monicaortizg@hotmail.com


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