Portal informativo de análisis político y social

LUCHAS SOCIALES | Oportunistas

LUCHAS SOCIALES | Oportunistas

May 9, 2015

«En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia»
William Somerset Maugham

 

 
Politizar los hechos violentos del pasado primero de mayo en Jalisco, e introducir el tema entre campañas, partidos y políticos, es equivalente a demostrar que lo importante no es Jalisco, sino que el tema no se les vaya de las manos. Y es que hoy es tiempo de convencer ciudadanos de las opciones diversas para gobernar administrando los municipios del estado y ocupar la mayor cantidad de curules.

Ni para el fiscal Luis Carlos Nájera, ni para el Partido Movimiento Ciudadano y su líder Enrique Alfaro es congruente enfrascarse en una guerra de declaraciones y retos. El primero tiene la obligación de servidor público de hablar de su trabajo, de aguantar las críticas y cuestionamientos de la sociedad, sin evidenciar su molestia por ser señalado, y el segundo, del PMC, debe evaluar que utilizar los hechos de los narcobloqueos y la figura del fiscal es a todas luces sucio proselitismo mediático.

Es encontrar un hecho violento que razonablemente tiene sensible a la sociedad jalisciense, para conseguir resultados políticos, y hacer evidente que su comportamiento es igual al de todos los partidos políticos aunque juren de rodillas ser ciudadanos libres, con un partido político impuesto sólo por protocolo de legalidad electoral.

Sin entrar en detalles de gobierno y política, desnudando el tema del narcotráfico en el país y en el estado, la sociedad también deberá hacer un examen de conciencia y caer en cuenta de que la grave problemática del crimen organizado lleva también responsabilidad en la ciudadanía, que sigue siendo tolerante a dicha actividad, venerando la cultura del narco, consumiendo, vendiendo drogas y sentirse muy mexicanos con narcocorridos, mucho más que un acto cívico de honor a nuestra bandera, el crimen organizado prevalece, porque no existe lucha social contra está actividad desde el íntimo del nicho familiar, no existe miedo o desprecio a los que a cualquier nivel ejercen la actividad del narcotráfico, sino por el contrario, pareciera que la admiración prevalece sobre la evaluación de razón social.

Gobierno, política y sectores sociales, todos tenemos un granito de responsabilidad y falta evidente de responsabilidad, lo sabemos perfectamente bien, el crimen organizado está en todas partes, provocando hechos y actos como los que hemos vivido en Jalisco, sin embargo que los políticos con hambre de ganar vengan a indignarse, para contagiar a la sociedad y que los gobiernos sean rebasados; cuando la sociedad clama seguridad y justicia, al mismo tiempo directa o indirectamente tenemos ojos cerrados y oídos tapados, a los círculos cercanos y actividades concernientes a esta actividad, estamos entonces corriendo en círculos y nunca encontraremos la manera de sacar de la cultura social mexicana, a la que podríamos llamar ya sector social denominada narcos.

Es pues incongruente e insana la lucha por ganarse la aprobación de la sociedad, cuando de combate y guerra contra la delincuencia organizada se refiere, mientras entre los políticos, el gobierno y la sociedad civil se critica y se dé manotazo en la mesa por los actos violentos del primero de mayo, cuando se siga sigilosamente el consumo y venta de droga, se tolere en la cercanía y se respete a quien ejerce dicha actividad, se sientan más orgullosos mexicanos al escuchar un narcorrido y se identifique la sociedad con las series televisivas mexicanas y colombianas de temática cultural de narcotráfico.

Nos engañan políticamente y nos engañamos solos como sociedad, aquí es corresponsabilidad de gobierno, política y sociedad, en donde es más fácil contar la historia de algún narcotraficante, que las historias de las luchas sociales que nuestro país ha tenido durante siglos y los cambios producidos en el país y sentir orgullo. No, en cambio hemos aprendido a sentir respeto e idolatría por los líderes de la delincuencia organizada, para luego exigir seguridad a los gobiernos y creerle a los partidos políticos de que con ellos no existirá la tolerancia a la delincuencia organizada, todo por tres votos.