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LUCHAS SOCIALES: Sociedad relegada

LUCHAS SOCIALES: Sociedad relegada

Feb 8, 2014

Por Mónica Ortiz
“El Gobierno depende del ejercicio de los poderes; el secreto está en su funcionamiento”. Antonio Martínez Báez
En cuestión de política y poderes vivimos una constante doble moral. Es común para el ciudadano encontrar las notas sobre nuestros diputados y sus desatinadas acciones, como lo es también leer detracciones y descréditos a la glosa del Informe de Gobierno del Poder Ejecutivo, en el proceso de rendición de cuentas y resultados a un año de la llegada de Aristóteles Sandoval Díaz al poder de la mano del PRI.
La moralidad es atribuible al sistema político paternalista al que estamos acostumbrados a consentir y no a discernir, como forma de vida cotidiana.
Así tenemos dos poderes gubernamentales luchando por el reflector, el que informa mediante un nuevo modelo de glosa dinámica Poder Ejecutivo y el que sin querer queriendo siempre obtiene que el reflector gire para observar su vergonzosa pugna por el posicionamiento político, el Poder Legislativo en este caso después de las Casas de Enlace y las pasiones que esta situación ocasionó, ahora el grupo opositor G-10, pierde un integrante, vuelve a poner en entre dicho si el bloque es político o parlamentario.
Mientras tanto la ciudadanía observa paciente el desempeño de los poderes en el Estado y asiente con desvalorización a la clase política, entre la caricia ciudadana del informe participativo de la primera glosa y las cachetadas guajoloteras de los dimes y diretes de los diputados del PAN y MC que más que representar un distrito, lo hacen hacia un partido o un grupo de poder político.
El resultado: “Ni a quién irle”. Cómo creer en un informe que como conclusión dice: “Estamos trabajando y somos abiertos a la ciudadanía, vamos avanzando, nos falta pero andamos caminando”; cuando el Poder Legislativo encargado de vigilar las acciones de Gobierno, el que debería de recibir la rendición de cuentas por ser la máxima representación del pueblo concentrada en un Congreso, está ocupado en cómo quedar bien con dos amores, la ciudadanía y su respectivos colores o líderes y con el que siempre queda mal es con el ciudadano.
Mejor ni hablamos del poder que resta, porque sí resta, sin lugar a dudas, el vapuleado incluso dentro de la “Glosa Ciudadana”, Poder Judicial en el Estado, encargado de administrar la justicia, mediante la aplicación de normas jurídicas, lo que administra es la caja de los favores cobrados en cargos y puestos entre jueces y magistrados.
Como consecuencia, tenemos una sociedad notoriamente fría y sarcástica a los actos o acciones de Gobierno, pues no existe el equilibrio en los poderes del Estado y aunque la intención sea buena y el trabajo por generar respuestas positivas en la ciudadanía exista, seguimos en el tono de total indiferencia a todo lo etiquetado como gobierno.
La administración de un Estado tiene como base el sustento democrático y constitucional de nuestra forma de gobierno y aunque diferentes lo que haga uno le afecta a otro poder. Es la lógica de efecto dómino de los poderes de un Estado, aunque al final la culpa o logro según sea el caso de un partido o de un color.
Socialmente hablando, no existe coherencia ni congruencia, la posición política pesa más que la opinión ciudadana, las lealtades y deslealtades políticas llevan ecos a la sociedad. La justicia, la rendición de cuentas y la transparencia tienen otro código, que en apreciación ciudadana es tono gris opaco, es color política, de tal forma que resulta imposible evaluar porque cuando hablamos idiomas distintos, ni el lenguaje a señas permite la comunicación entre clase política, Gobierno y ciudadano. No nos queda ni la frase de: “Estaríamos mejor con el anterior”.