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Luchas Sociales: Un candidato atípico

Luchas Sociales: Un candidato atípico

Dic 17, 2017

Por Mónica Ortiz //

A DIFERENCIA DE ALGUNOS OTROS HOMBRES DE POLÍTICA, MIGUEL CASTRO REYNOSO TIENE PERFECTAMENTE UBICADO SU RUMBO. NO SE PIERDE EN EL IR Y VENIR DE LOS INTERESES POLÍTICOS MEZQUINOS, SU BANDERA IDEOLÓGICA ES CASI UN ESLOGAN PERSONAL “TRABAJAR PARA TODOS”.

Es Miguel Castro Reynoso el precandidato a gobernador por el Partido Revolucionario Institucional, con un perfil político forjado en los cargos públicos que ha desempeñado desde el 2004 cuando por primera vez se convirtió en presidente municipal del Ayuntamiento de San Pedro Tlaquepaque hasta hoy que buscará convertirse en el próximo gobernador de Jalisco.

Un político relativamente joven pero ya maduro en su andar público y electoral, atípico en muchos aspectos, en contraste con sus adversarios y hasta con algunos de sus compañeros de partido: perceptivo, conocedor, respetuoso de su entorno inmediato y hasta de sus contrarios, ciudadano entregado a su labor de hacer política sensible.

Miguel Castro se destaca de entre los políticos en el Estado por su constante empeño de mantener un trabajo limpio y al tiempo las consecuencias son notoriamente visibles reflejan el desempeño de un político con calidad humana y entendimiento de los espacios tanto políticos como sociales, lo que usualmente le genera la popularidad acumulada con la que durante esta última década, le ha permitido posicionarse tanto al interior del Partido Revolucionario Institucional como en la sociedad Jalisciense, siempre con ese toque urbano característico de hombre de trabajo y mano amiga.

A diferencia de algunos otros hombres de política, Miguel Castro Reynoso tiene perfectamente ubicado su rumbo. No se pierde en el ir y venir de los intereses políticos mezquinos, su bandera ideológica es casi un eslogan personal “Trabajar para todos”.

Tal vez sólo aquellos a los que les sorprendió verlo caminar a lo largo de las calles, en las campañas donde ha buscado ganar o quienes les tocó bajarse de un camión y ser recibidos por él como candidato con un café en la mano, sin olvidar a los que con sorpresa abrieron la puerta de su casa para encontrarlo dispuesto a escuchar, así como aquellos no pocos que atendió durante su labor en la Secretaría de Desarrollo e Integración Social, son los que posiblemente validarán con la aprobación de su aspiración personal y política, situación que ya se percibe de esta nueva contienda.

Arropado invariablemente por su familia de casa y la que ha conformado sus equipos de trabajo en todos sus espacios ganados, Miguel Castro sumará puntos a diestra y siniestra, generando aprecios, afectos y familiaridad entre los habitantes del estado porque es lo que sabe hacer, crear confianza y certeza. No perdamos de vista el trabajo político, social y electoral de quien por congruencia se espera marque la unión de su partido y de la sociedad.

Podríamos concluir que en el caso de este joven político, el camino será largo pero sin duda rendirá frutos, como los que ha amasado durante su carrera de político de servicio público con y por su labor de llegar a los habitantes que pretende convencer de su trabajo. En resumen, dejando a un lado los inevitables obstáculos de credibilidad política y adversarios que se presenten, tendrá que ser de la misma manera en la que concretó sus triunfos con la que responda en esta candidatura a gobernador del Jalisco.

Gobernar Jalisco es comprometerse con las necesidades no solo de un estado sino de una sociedad, para lograr crear un espacio armónico entre ambos sectores, así como mantener el equilibrio justo de las políticas públicas, el desarrollo de la entidad y las necesidades de sus ciudadanos. Un gobernador deberá simplificar y perfeccionar las relaciones gobierno-sociedad, dignificando la política y reforzando el respeto a la titánica labor de gobernar para todos los ciudadanos.

Como modelo para aquellos políticos que sean o no del mismo partido, este ejemplo de político será indiscutiblemente de los que podrían mantener por amplios periodos a su partido en el poder, más no el poder para gobernar, sino en el poder utilizado para servir al país desde lo particular a lo general porque ¡cuántas almas se pueden atraer con el buen ejemplo!, San Juan Bosco.

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