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Luchas Sociales: “Ya me voy, nadie me valora”

Luchas Sociales: “Ya me voy, nadie me valora”

Mar 5, 2018

Por Mónica Ortiz //

La crisis de credibilidad y hartazgo en el que la clase política ha resultado ser protagonista, rebasa por mucho al ámbito social, ahora resulta que también existe al interior de los partidos entre sus militantes y perfiles políticos, la falta de congruencia y coherencia al no lograr posicionarse como candidatos, ni ellos ni sus intereses personales y terminan buscando el cobijo de otro partido, con el afán de obtener dos cosas: continuar en la política y causarle desgaste al partido del que se retiran.

En este sentido, Jalisco vive una ola de chapulineo o elegantemente dicho, migración partidista, sin embargo el punto medular de esta forma de conseguir permanecer en la vida pública y política, no permite la sensación de credibilidad en el actor político, sobre todo cundo sus alegatos los fundamentan en interés personal o de sus grupos, esta falta de compatibilidad es solo una manera demostrativa de que ni en el argot político son sostenibles ya, las viejas prácticas o usanzas políticas de empoderamiento interno de sus actores y que se torna difícil mantener el interés, la vocación político-social e ideología de sus colores partidistas, por lo tanto no conseguir los lugares que se proponen ni los acuerdos que les favorezcan, marca el adiós rotundo y contundente.

En Jalisco lo más reciente que tenemos para ejemplificar, es la salida del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Sergio Chávez y Claudia Delgadillo en ese orden, estos actores políticos se refugiaran en Movimiento Ciudadano (MC) Y Morena respectivamente, lo verdaderamente significativo de este asunto es la forma en la que buscan justificar y argumentar su decisión a dos sectores distintos: la clase política y la sociedad, cuyos lenguajes son completamente ajenos uno de otro y que sinceramente es completamente absurdo que la sociedad, apruebe o analice de forma consiente que se retiran porque no obtuvieron lo que pedían, se van reclamando su poderío logrado y su reinado trabajado, lo que les hace creer que son herederos del merecimiento político, lo más irracional es que nos lo cuenten.

El merecimiento político es un tema de vergüenza, la ciudadanía es la única que merece respeto y responsabilidad de la clase política y de los gobiernos, es indiscutiblemente inadmisible que nos confiesen sus penas políticas como prioridad en medios comunicación, resulta un atentado a la inteligencia política y social, las razones de las que se duelen estos dos actores políticos, pero al final son solo eso políticos inmersos en un mundo distinto al de las calles, las empresas, las universidades en resumen la sociedad en general, donde todo se obtiene de manera distinta con esfuerzo y dedicación.

Ésta muestra de la vida al interior de los partidos políticos, los deja más expuestos a ellos como entes ambiciosos y fuera de foco respecto a lo predicaron durante años, el supuesto interés de trabajar para la sociedad, dejándonos claro que la salida de un partido a otro, usualmente no se debe a incompatibilidad de proyectos o aplicación de políticas públicas, que no son viables para la sociedad, ni donde el estudio de las propuestas de campaña pudieran tornarse imposibles o simuladas, entonces la ciudadanía quizás podría comprender que no existe la afinidad entre el actor político y el partido o su líder, acompañado de la estudiada justificación de su elección de otro color partidista.

En este contexto lo único que tenemos tristemente es lo que merecemos, son sólo dos actores políticos en franca queja de no sentirse valorados por sus partidos, levantando la voz para señalar su sentir y sus motivos (intereses) personales, en contraste la ciudadanía sigue sumergida en la molestia y el enojo social a la simulación de la clase política, no obstante de saber que en México la actividad política está situada en el filito de la cuerda, nos vienen a querer conmover, sin tener de cara a la sociedad ningún tipo de actividad trascendente, donde la gente que no es militante sino simple ciudadano, no tiene que agradecer sinceramente nada.

En conclusión, los partidos políticos no son empresas ni sociedades, no deben figurar patrones, socios, gerentes o líderes empoderados de grupos a cambio de posiciones, puestos y poder, pues de ser así, igual que siempre y peor que nunca, entonces es mejor que quienes viven de estas prácticas que no abonan democráticamente, se retiren a buscar donde puedan mostrar y obtener poder, pues de este tipo de políticos que usan el chapulineo como forma de vida empresarial, son de los que la historia nos ha dejado claro, no ven más allá de la política, mientras la sociedad cada vez más harta de votar para lo mismo y por quienes no entienden el espíritu de la política y las necesidades de su sociedad, no nos debe causar nada más que un profundo y sentido “qué pena lo tuyo, espero te recuperes pronto”.

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