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MÉXICO, PAÍS AGUJERADO

MÉXICO, PAÍS AGUJERADO

Ago 28, 2011

En su video-columna “Mírame y no me toques”, muy en su peculiar estilo jocoso que compite con la seriedad del tema que abordó el pasado 17 de agosto, Guadalupe Loaeza se refirió al tráfico armamentista de Norteamérica hacia nuestro país. Lo hizo motivada por las demandas que hicieran el poeta Javier Sicilia y el actor Diego Luna al presidente Barack Obama. Mediante una carta en la que se declara “obamista”, se dirige con mucho respeto al atribulado mandatario afroamericano y le dice: “Como sabe, mi país está todo agujerado por las balas de armas que vienen de los Estados Unidos. Más de 50 mil vidas se han perdido a causa del crimen organizado”.

 

Guadalupe tocó así el corazón de la campaña reeleccionista de su admirado destinatario, cuya imagen ha caído considerablemente a niveles inferiores de los que registraron sus predecesores en sus peores momentos de popularidad. El tráfico de armas ha permitido que –como expresa la remitente– “los capos y los sicarios, los cárteles, compran y ocupan las armas que ingresan a México de forma ilegal procedente, naturalmente, de los Estados Unidos”. Destaca de manera contundente que mientras en aquel país cualquier ciudadano puede comprar todo tipo de armas con sólo presentar una tarjeta de crédito, sin requerírsele un permiso especial, en el nuestro está prohibido vender armas a los ciudadanos. Aquí sólo la Secretaría de la Defensa Nacional puede autorizar a particulares, previa justificación suficiente, la compra de armas cortas y de calibres que no sean de uso exclusivo del Ejército.

 

Por un lado está la política laxa e irresponsable de Estados Unidos y por otro la restricción para que los mexicanos adquiramos armas para nuestra legítima defensa, estimulan la acción de venta de muchos ciudadanos norteamericanos que con total libertad compran arsenales que venden a los criminales que operan en México. Además se han dado traslados de armas autorizados por el Gobierno demócrata, que han terminado en manos del crimen organizado.

 

Por ello, y con sobrada razón, Guadalupe le dice a Obama que “ustedes, los estadounidenses, con la operación ‘Rápido y Furioso’, han armado los cárteles de Sinaloa, de los hermanos Arellano Félix, el de Juárez y los Zetas”. Justo es decir que la culpa es bilateral, pues el Gobierno de México ha sido incapaz de cerrar nuestras fronteras. Peor aún, la corrupción de las autoridades mexicanas está en su máxima dimensión, motivada por miedo, incompetencia o simple complicidad.

Al noble pueblo de Monterrey

La absurda y fallida guerra contra los criminales, desatada sin haber dimensionado la magnitud del problema y las posibles consecuencias –como reconoció el Presidente Calderón– ha sido causa fundamental de esta expansión armamentista en México. La estrategia calderonista modificó una política de Estado sostenida por décadas y que implicaba al menos dos prioridades orientadas a evitar el incremento de la violencia y la inseguridad en nuestras comunidades, y evitar la producción y comercialización de drogas en territorio nacional. Se tenía conocimiento muy preciso de las diversas rutas que por aire, mar y tierra transitaban los cargamentos de droga con destino en Estados Unidos, y nuestras fuerzas armadas vigilaban, principalmente, que la mercancía trasladada a Estados Unidos no se consumiera en nuestro país. Había conciencia de que combatir frontalmente a los grupos criminales podía desatar el fenómeno incontrolable que ahora tenemos.

 

Puedo o no estar de acuerdo con aquella política de Estado, pero lo cierto es que había un conocimiento y control de las rutas de los narcotraficantes y ahora se ignora el flujo que siguen los cargamentos de droga que van a Estados Unidos, donde se ha incrementado el mercado de la misma. Existía un nivel de seguridad en nuestras comunidades muy superior al actual, la violencia era preocupante pero en nada se compara con los índices alcanzados en este sexenio que nos ubica como uno de los países más inseguros del mundo. Se consumía menos droga en México y nuestros jóvenes corrían menos peligro en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

 

Antes de esta guerra, las armas ilegales era muy menor a la del presente; los grupos criminales no tenían la capacidad de fuego para enfrentar a las fuerzas del Estado como lo hacen actualmente, poniendo en riesgo al Estado mismo. En todo caso, puede afirmarse con certeza que en el origen de este doliente episodio destaca la pésima capacidad de ambos gobiernos para coordinarse en una estrategia eficaz de combate al narcotráfico. Pretextos sobran para evadir el deber de modificar sus respectivas “estrategias” y conjugarlas en una acción inteligente y no violenta, no preponderantemente armada. Es verdad, como dice Guadalupe, que si Obama quiere volver a ganar en el 2012 necesita ser sensible a las demandas de los latinos, como la que se le hace desde México para que frene el tráfico ilegal de las armas.

 

No menos cierto es que hay agujeros provocados también por el gobierno de Felipe Calderón, por donde se filtra la corrupción, por donde cruza la prepotencia, por donde se pierden miles de empleos por mes, por donde se fugan inversiones ante la inseguridad en nuestras ciudades, por donde entran las armas que vienen del norte. Y si aquí no hay reelección presidencial, que bueno, pero el castigo de los electores puede ser inmerecidamente endosado al Partido Acción Nacional, principal damnificado de los yerros oficiales que siguen agujerando a la nación, perdiendo millones de votos que con gran esfuerzo, los panistas leales, conquistamos en el pasado reciente. Ya se verá si estos atribulados mandatarios se mantienen en la pertinacia o si se ocupan de tapar los agujeros de México.

 

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