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Notas respecto al Caso Aristegui

La nota de la semana, por extraña, no porque sea la más importante, sino la más escandalosa fue la acusación que el diputado Fernández Noroña hizo en la sala de espectáculos denominada Cámara de Diputados, en la que presentó una manta que preguntaba si dejarías manejar tu auto a un borracho, con una fotografía del Presidente Felipe Calderón Hinojosa y preguntando por qué entonces lo dejan dirigir el País.

El tema es atractivo por el morbo que acarrea, un lugar común es el hablar de tlatoanis ebrios, mujeriegos y que tienen biografías inconfesables que parecen atraer y crear una aureola de maldad en los poderosos, dado el concepto popular de que el poder y la maldad están muy relacionados, así recordamos la mitología de la esposa de Ruiz Cortines, el supuesto contrato de fingimiento matrimonial entre López Mateos y su esposa, sus novias y pachangas, las historias de la señora López Portillo y la impotencia de Fox, de todos se habló mucho basado en el rumor y sin que hubiera, que yo tuviera base alguna que no fuera solamente la labor de devorar prójimo.

Tengo que decir que Fernández Noroña me parece un sujeto impresentable, un barbaján sin el menor talento ni político ni social, alguien a quienes sus amos envían a golpear cada que lo consideran conveniente; los barbajanes de los otros partidos no son ni siquiera comparables, tal vez el único de la categoría sería Molinar Horcasitas, pero no le tocó estar ahí. De esa manera, al acusador inicial no puedo darle ninguna credibilidad, aunque dijera una verdad, eso si reconozco su irrestricto derecho a decir tonterías. Aprovecha el sujeto que el señor Presidente es bastante poco agraciado y que de no tener el hueso y presupuesto que tiene, nadie le haría caso.

Personalmente no me interesa en absoluto si el señor Presidente bebe o no en exceso o moderadamente, no creo que el hacerlo o no hacerlo lo haga mejor o peor Presidente. La historia así nos lo enseña, ha habido gobernantes como Adolfo Hitler que era un hijo de su…, por mencionar el título más delicado con el que puedo referirme a él, y era absolutamente abstemio además de ser el primer gobernante que prohibió fumar. El hecho de ser un gran bebedor no quitó a Churchill un ápice como estadista.

La única evidencia que tengo para sospechar de un problema fue la estúpida aparición del Secretario del Presidente tratando de justificarlo, lo que me pareció innecesario, pero aún así no me interesa. Carmen Aristegui en su noticiero trató el tema y consideró de algún modo por vía de explicación una manifestación de Los Pinos acerca de la  veracidad de lo dicho por el diputado de marras.

Yo no soy periodista, entre otras cosas porque los que lo son manifiestan ser objetivos en sus percepciones lo que a mí me resulta prácticamente imposible y puedo entonces explicarme que la periodista pensara que necesitaba esa confirmación para tener la noticia completa, pero fue una  imprudencia de su parte ya que me parece absolutamente inadecuado que alguien, no nada más un funcionario público sino cualquier persona tenga que demostrar que no es borracho.

Un principio de prueba es que los hechos negativos no son materia de prueba. Lo  contrario sólo puede ser creído por quienes vendieron y compraron las famosas “pruebas de confianza”, que son una vacilada. Y aquí hay dos posibilidades, la primera y más creíble es que las gentes de la presidencia hablaran con los dueños del canal, tal vez comentarían algo de las concesiones.

No puedo tener pruebas, como lo piden los diarios y periodistas oficialistas, pero el uso del poder exige que las presiones que hay que ejercitar se ejerciten, si se quiere es una forma de censura o tal vez es un ejercicio del poder, “pónganle Juan al niño”, de modo que los empresarios al recibir la noticia, temblaron, vieron volar sus concesiones presentes y futuras y no hay nada que duela como la lana y si para conservar sus prebendas y la gracia de los habitantes de la Hacienda de la Hormiga tenían que correr a Aristegui lo harían sin duda y rápidamente comunicarían a sus amos que sus órdenes habían sido cumplidas, esta versión es la que creo que sucedió.

La segunda es que sin llamada del poder a los empresarios, que esperaban una prebenda les entró frío y decidieron no correr riesgos y cortar la hebra por lo más delgado, y en  este caso la parte más delgada se llamaba Carmen y se apellidaba Aristegui, no es novedad que los poderosos usen la censura, quien critica a los poderosos sabe que ese es el riesgo, no hay manera de no saberlo, pero quien tiene facultad de acabar, tiene también la de resucitar.