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OPINIÓN: Ayuntamiento Acorralado

OPINIÓN: Ayuntamiento Acorralado

Nov 23, 2013

Por Pedro Vargas Ávalos —-
Hacía seis periodos municipales de dominio panista, y más que los méritos del priísmo, los equívocos de los blanquiazules ocasionaron el regreso del viejo partido de la revolución institucionalizada. La ciudadanía votó en julio de 2012 y con justa razón castigó a los que incumplieron sus promesas y en medio de ineptitud y atropellos, cometieron actos de corrupción.
El vencedor en esos comicios fue Ramiro Hernández García, añejo aspirante a la gubernatura de Jalisco y candidateado a veces para la alcaldía de Zapopan, pero en esta ocasión, según dicen los entendidos en los vericuetos de nuestra política, en razón a que “el bueno” era Eugenio Ruiz, pero el abanderado panista sería Alberto Cárdenas, el popular “Bebeto”, ex gober de la Entidad, quien en 1995 había derrotado al célebre “caballo”, no queriendo arriesgar los altos mandos priístas, viraron con rapidez y trajeron al sosegado Ramiro.
Como un perdido a todas va, los votantes pensamos que un hombre apacible como el ingeniero Ramiro Hernández, pondría no sólo fin a las trapacerías panistas, sino que rescataría algo del pésimo prestigio de los políticos locales. El fenómeno Alfaro, que quitó muchísimos votos al PAN coadyuvó para que el actual presidente municipal triunfara; de esa manera se recobró la capital tapatía para el partido tricolor.
El primer gran problema para el flamante Gobierno municipal que encabezó Ramiro, fue la composición de su equipo de trabajo. Ya en su partido le habían impuesto regidores que francamente al nuevo primer munícipe no le responden; pero el mismo ingeniero colaboró en la debilidad de su cuadro de funcionarios de confianza, pues llamó a viejos lobos de mar que practican arcaicos estilos de hacer política y por ello más bien tiran para sus muy personales intereses. Ramiro con todo mundo quiso quedar bien y al final de cuentas lo exhibieron.
Otro grave inconveniente fue que el ejercicio de este ayuntamiento inició en la parte final del año de 2012, por lo que el presupuesto estaba agotado y de obra pública o mejoría de servicios, nada se pudo hacer; el dinero apenas alcanzó para pagar la nómina y cubrir la enorme deuda que se heredó. Esta fue la tercera gran dificultad de Ramiro: No puede hacer mayor cosa al respecto porque el Ejecutivo estatal es su predecesor y decir que recibió una ciudad endrogada, con demasiados atrasos y contrapesos, es punto menos que imposible porque políticamente lo condenarían sus mismos correligionarios.
El caso de la dama de los panteones, sólo es una cereza en el magro pastel que viene a ser el Gobierno tapatío. Sin embargo refleja que el Ayuntamiento de Guadalajara está acorralado, débil y al garete. Los cambios de funcionarios que recientemente se anunciaron, son un desesperado esfuerzo del alcalde para tratar de salvar la nave, sobre todo en vista de que no tarda en iniciarse el proceso para disputar la presidencia electoralmente. Y como se ven las cosas, si no sucede algo milagroso, todo parece indicar que habrá partido vencedor distinto al que ahora ejerce el poder.
Para colmo, al enterarnos del alcance del nuevo presupuesto de egresos de Guadalajara, mismo que no se incrementa ni siquiera en uno por ciento, siendo que la inflación rebasará los cuatro puntos porcentuales, los salarios se tendrán que incrementar y los insumos para obras y servicios estarán más caros en 2014, nos preguntamos: ¿Cuál es el destino del gobierno guadalajarense? Desde luego nada alentador para la población tapatía, que al final de cuentas es quien debiera ser la principal preocupación de todo servidor público, pero que en la Perla tapatía, no pasa de ser meta alejada, ideal inalcanzable; en pocas palabras, frustrante desvarío.