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Opinión: Del hartazgo a la barbarie

Opinión: Del hartazgo a la barbarie

Sep 9, 2018

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Por Salvador Cosío Gaona //

“Son robachicos”. Alguien soltó el rumor de que un par de sujetos que se encontraban detenidos en la Comisaría de Acatlán de Osorio, Puebla, eran “robachicos” y una turba enardecida llego hasta el lugar en donde la policía les abrió la puerta y los entregó a la muchedumbre que iracunda los quemó vivos en medio de la plaza pública mientras que casi 200 personas presenciaron, tomaron videos, aplaudieron y celebraron la escena digna de la maldita inquisición. Otros, más de 800 -entre ellos la madre de una de las víctimas- fueron testigos a través del Facebook live, porque hubo quienes consideraron que la escena merecía compartirse y que otros más debían darle “me gusta”, comentar  y celebrar con ellos que la gente hace justicia por su propia mano ante la incapacidad de las autoridades de protegerlos y proteger a los suyos. 

Sin duda la gente está hastiada de jugar el rol de víctima frente a la delincuencia que priva hasta en el último rincón de nuestro país, donde las autoridades de todos los niveles han sido rebasadas por delincuentes menores hasta aquellos que forman parte de la delincuencia organizada que ha tomado de rehén a la población en general.

La ineptitud de quienes deberían brindarnos seguridad y protegernos ha propiciado que ya tan solo en el estado de Puebla se registren 18 linchamientos en lo que va del año, que si bien desde ningún punto de vista se justifican, son originados por el hartazgo de la población que ha perdido la confianza en los cuerpos policiacos que como ya hemos visto en no pocos casos, están coludidos con los delincuentes.

Lo peor de lo peor de este de por sí ya monstruoso caso, es que las víctimas, que se encontraban detenidos por la policía acusados de  beber bebidas embriagantes en la vía pública, resultaron ser personas de bien, un par de campesinos, tío y sobrino, que no tuvieron la oportunidad de ser reguardados por los propios uniformados que los mantenían detenidos y mucho menos por ellos mismos cuando la gente colérica llegó decidida a hacer justicia por su propia mano. Se los llevaron y los quemaron. Así de simple. Así de cruel. Así de escalofriante.

Fue suficiente que “alguien” soltara el rumor de que eran “robachicos” para que acabaran con su vida de una de las peores formas que uno se puede imaginar; rociándoles gasolina y prendiéndoles fuego. Las imágenes son grotescas, pero creo que más terrible aún resulta observar la sonrisa de muchos de los testigos, la mayoría grabando las espeluznantes imágenes con sus aparatos móviles, y al final aplaudiendo a tal barbarie.

Ello da testimonio de un suceso del que debemos avergonzarnos todos; la autoridad en primer término porque su ineptitud, su incompetencia, y hasta su torpeza da pie a que la gente crea que tiene que tomar la justicia por su propia mano;  en segundo aquellos que participaron de alguna manera en esta barbarie asesinando a un par de inocentes; tercero, quienes en algún momento se alegraron por ello; cuarto, quienes acostumbran compartir cualquier información que les llega por las redes sociales sin antes verificar que su contenido sea verídico o que esté suscrito por un medio de comunicación confiable; quinto, algunos medios de comunicación que por ganar la nota dan por cierta cualquier información que llega a sus mesas de redacción; y sexto, todos los mexicanos debemos sentir una terrible vergüenza de que esto ocurra en nuestro país, es cierto, una nación golpeada por la delincuencia, pero que debiera mostrar mejores herramientas, mejores estrategias y mayor inteligencia y contundencia para combatir el flagelo de la inseguridad que como ya vimos, puede provocar que afloren las peores conductas ante la frustración y desesperanza de la gente. 

Dicen que los dos hombres estaban estacionados afuera de una escuela bebiendo. Una mujer llamó a la policía y dijo que dos sospechosos estaban ahí parados, que no los conocía y qué temía que fueran “robachicos”. El rumor bastó para que acabaran con sus vidas.

E-mail: opinion.salcosga@hotmail.com

Twitter: @salvadorcosio1


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