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Opinión: Envejecer a los 40

Opinión: Envejecer a los 40

Ago 12, 2018

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Por Ramiro Escoto //

En México llegar a los 40 años no es motivo de celebración, es más, es un motivo para pensar en qué hacer cuando falte el empleo, la quincena o las prestaciones. Llegar a esa edad en una empresa es representar para la oficina de recursos humanos, la posibilidad de llegar a un “arreglo” a través de un finiquito o seguir en el puesto laboral pero con la calidad de “honorarios”.

En México se envejece así, más por una “carga social” que por el aprovechamiento mismo de la experiencia acumulada y tras estas decisiones muchas empresas están corriendo riesgos y muchos experimentan el desempleo, la frustración y la depresión.

En redes sociales se anuncian de manera constante las ferias del empleo, en los avisos de ocasión se ofertan puestos atractivos pero son para menores de 40, y los que tienen más son discriminados o se les ofrece un trabajo que no corresponde a lo estudiado o a la experiencia adquirida. “Trabajo hay”, se defiende la autoridad laboral, pero y entonces ¿para qué sirven el currículum, las maestrías y doctorados estudiados?

En Estados Unidos, Inglaterra y otros países, los puestos de confianza, de jerarquía los siguen ocupando los que cuentan con la experiencia y no los que tienen la edad, aún y cuando muchas de las empresas están siendo presididas por jóvenes de menos de 40.

40 es el número que parece debemos tomar en cuenta para legislar, para cambiar la “letra” que parece confinar a un presente incierto a un grupo social en México; y no, no podemos preguntar a un legislador sobre este asunto, porque ellos no saben de desempleo, no saben de IMSS o de ISSSTE o de Afores, ellos tienen una carrera cuyo límite es el partido en el que militan, o sus padrinos políticos, o lo que atienden por encargo, pero en este tema es, letra muerta.

Hace unos días previo a una video columna sobre este tema, hice un ejercicio periodístico simple, entrevisté a varios empacadores de una tienda de autoservicio, todos mayores de 50 años, uno de ellos, don José que tiene laborando para la tienda 6 meses, dice que gana entre 250 y 300 pesos diarios, que agradece la oportunidad pero añora sus tiempos en una empresa donde trabajaba con Director administrativo. “Nunca lo pensé, amaba el trabajo, lo que significaba para mi llegar y tener lista la información al Director general, las cuentas, el desarrollo de lo que implica una gran responsabilidad” …

¿Y qué pasó Don José ? -Le pregunté-.

Un buen día de recursos humanos me dijeron que la jubilación salía cara y que eran momento de ajustes, y que me tocaba a mi, acepté el cheque y quise emplearme de nuevo, no hay espacio para la experiencia, ahora contratan jovencitos recién egresados de freelance, no tengo nada contra ellos, pues son una generación que también debe trabajar, pero hoy no creo que se estén haciendo bien las cosas”.

Sereno, tranquilo seguía empacando mis compras y entonces le dije que por qué decidió estar ahí en ese puesto de “cerillito” como también se le conoce y me dijo sin mirarme al rostro:

Aquí me siento útil, administro los víveres en bolsas para cuando usted llegue a casa sepa lo que va en el refrigerador y lo que va en la alacena – ríe -. Aquí agradezco el poder tener una responsabilidad que me permita llevar el sustento a casa, no gano los 2 mil pesos diarios que acostumbraba, pero sigo siendo productivo (…) Pero hay algo que quiero pedir… que la propina que recibo es por servir y no por lastima”. – Esa frase siempre la llevaré presente le dije al Buen Don José antes de entregarle por su trabajo una compensación económica.

Mi trabajo ahora es como la de un mesero” – me dijo, “Ahora sirvo a la gente que viene a comprar y quiere llevar su mercancía segura, así es esto, a veces arriba y aveces en medio” sonríe.

¿Alguna anécdota estos meses de trabajo aquí? -Le pregunto-.

¿Anécdota?, cuando vino el que era mi jefe, porque vive aquí en este fraccionamiento y me tocó empacar a su esposa el “mandado” me vio y me dijo: “Pepe que gusto verte, y verte bien” y me dio una palmada en la espalda, si quieres saber, no me dio propina, pero ese día gané más en muchos aspectos”.

Hoy, algunas dependencias ofrecen capacitación y fondos para el auto-empleo que permiten de alguna manera “llevarla”, sacar para el día, pero no asegura pagar un estilo de vida y mucho menos asimilar la cuota por los años de estudio y experiencia. Hoy debemos pensar en el México que envejece laboralmente y qué se debe hacer cuando la pensión llegue y no alcance ni a lo más básico: aliviar un dolor de cabeza.

El gobierno entrante seguramente dará esa ayuda que ofreció en campaña, pero es insuficiente, hoy la gente de 40 años y más necesita de confianza de una sociedad que los ha separado, marginado de lo que aún saben hacer: trabajar.


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