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OPINIÓN INVITADA: LAS AMENAZAS DE TRUMP

OPINIÓN INVITADA: LAS AMENAZAS DE TRUMP

Feb 4, 2017

Por José Ángel Gutiérrez

Claro que la llamada entre el presidente Enrique Peña Nieto y Donald Trump, el empresario venido a más que ahora está al frente de Estados Unidos, sí ocurrió. Y nadie puede dudar que se han dado más llamadas y en diferentes tonos y términos.

Dudar que Donald Trump haya amenazado con enviar a México tropas estadounidenses, sería como no saber la calidad de persona de la que se trata. Sería ignorar que es un sujeto que siempre quiere salirse con la suya, cueste lo que cueste y así sea pisoteando la dignidad de otros.

Y por supuesto que no es difícil pensar que de haber ocurrido lo que hasta ahora se conoce, Peña Nieto no subió el tono al unísono de Trump y se mantuvo cauteloso. Muchos mexicanos consideran que más que cauteloso, timorato.

Pero más allá de filias y fobias. Más allá del disgusto, rencor, odio (llámele como guste) que el presidente se ha ganado… ¿realmente creemos que ante una discusión de esa magnitud, lo mejor es alzar la voz y ponerse al mismo nivel que la contraparte?

¿En verdad pensamos que la mejor actitud ante palabras necias y amenazantes, es responder de la misma manera?

Discúlpenme por pensar diferente. Pero yo no espero eso del presidente de mi país. Haya o no votado por él, mi exigencia para el Primer Mandatario es que intente conservar la cordura y que anteponga la diplomacia a las ansias de torero (en caso de que las hubiera).

Usemos la frase que mejor convenga:

A palabras necias, oídos sordos.

A chillidos de marrano, oídos de chicharronero.

Lo cierto es que (decía Thomas Fuller): «El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla».

Y no es que esté diciendo que en la Presidencia de la República esté un hombre sabio. Lo que digo es que como mexicano, exijo que el presidente y su equipo de trabajo se conduzcan con inteligencia, parsimonia, cordura y no caigan en las mismas necedades que solo nos llevarían a mayor confrontación.

Donald Trump está trazando ante el mundo entero su propia ruta. Mejor dicho, está cavando su propia tumba.

Sus necedades, sus estupideces: hartan, decepcionan, asustan, molestan, inquietan a casi todo mundo. Los propios estadounidenses, en su mayoría, están desconcertados y le dan la espalda a su novel mandatario.

Dejemos que Donald Trump siga con sus necedades. Cualquier paso que quiera dar, enfrentará los obstáculos que la propia democracia estadounidense tiene.

Y si la amenaza de enviar tropas a México es real, no será para someter a todos los mexicanos. En las versiones hasta ahora existentes sobre la llamada, Trump advierte que sería para enfrentar a los «bad hombres» (hombres malos). Ello, en clara referencia a la delincuencia organizada.

Para ser claros: no estaría declarando la guerra a México. Pero sí tendría que justificar ante la comunidad internacional cualquier incursión de sus milicias en nuestro país.

¿Debemos asustarnos? Ustedes dirán.

Pero lo que no podemos permitirnos es que cada palabra, cada movimiento de ese sujeto nos quite la tranquilidad y nos desenfoque de lo que debería ser importante para nosotros los mexicanos: velar por nuestra casa.

Si usted no quiere perdonar a Peña Nieto, no lo haga. Ya habrá tiempo de mostrarle que no estuvo de acuerdo con él. Pero de ahí a seguir tratando de linchar a quien por mandato constitucional nos representa, es casi como querer hacernos el harakiri.