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OPINIÓN INVITADA: Ser anti no es el camino

OPINIÓN INVITADA: Ser anti no es el camino

Jun 23, 2012

Por Ángel Palacios

COMPARAR AL #YOSOY132 CON EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968, ES POR DECIR LO MENOS, UNA FALACIA. PERO TRATAR DE COMPARARLO CON LA PRIMAVERA ÁRABE, O CON UNA ESPECIE DE SEMILLA DE ESTO, ES ALTAMENTE PELIGROSO E IRRESPONSABLE, PUES EL PAÍS NECESITA SERENARSE

Si uno de los motivos del inflado movimiento #YoSoy132 era el de coadyuvar a que el candidato del PRI a la Presidencia de la República, fuera derrotado, tendremos que concluir que no solamente no lo logró, sino que a partir de su singular aparición, Enrique Peña Nieto ha logrado mantener su ventaja y –según la encuesta que se vea– quizá la haya aumentado.

Cuando el movimiento estudiantil se autocalificó como “anti-Peña Nieto, apartidista (¿?) antineoliberal, etcétera” cayó en el tortuoso camino de estar en contra y surgió entonces la pregunta ¿y a favor de qué o quién sí están?

Por supuesto que alabamos que existan las manifestaciones que critiquen un estado de cosas a todas luces injusto y que podría desembocar en una tragedia. Sin embargo, esto se logra con propuestas que quizá las tengan, pero que hasta ahora no es lo que han privilegiado, a no ser sus ya conocidas y no bien fundamentadas demandas en torno a la “democratización de los medios de comunicación”. Nos entusiasma que este sector de la población salga de su marasmo pues es el más propenso a caer en la hedonista cultura del “consumo luego existo”. Pero hasta ahí.

Al identificar a Peña Nieto como el “símbolo” del antiguo régimen autoritario del PRI, el #YoSoy132, comete un gran error que, digamos, no puede deberse a cierta ignorancia histórica. Según historiadores como Enrique Krauze o activistas como Javier Sicilia, el representante de aquello sería… Andrés Manuel López Obrador. Si el movimiento se califica como “antineoliberal”, ¿en donde están las críticas a Josefina Vázquez Mota en tanto representante del modelo neoliberal aplicado a México desde hace 30 años? Aquí el candidato López Obrador tiene razón y yo agregó que tanto el foxismo como el calderonismo son la fase superior del salinismo, en el cual, por cierto, Peña Nieto parece estar atrapado.

Si la intención del movimiento surgido en la jesuita Universidad Iberoamericana era el de aportar el voto juvenil y universitario a la causa del Movimiento Progresista, esto no ha sido exitoso, habida cuenta de que desde antes de su irrupción, este voto ya estaba claramente cargado hacia López Obrador, particularmente en la Ciudad de México, en donde seguramente el Movimiento Progresista se llevará carro completo y su candidato presidencial arrasará a Peña Nieto.

Ahora, comparar al #YoSoy132 con el movimiento estudiantil de 1968, es por decir lo menos, una falacia. Pero tratar de compararlo con la Primavera Árabe, o con una especie de semilla de esto, es altamente peligroso e irresponsable, pues el país necesita serenarse, parafraseando a López Obrador. Darle vuelo a la juventud de que por ese solo hecho son los sujetos “que cambiarán la historia” es una idea que ni el alucinado Herbert Marcuse allá en la década de los 60’s y los 70’s del siglo pasado se atrevería a pensar.

En todo caso, si este es un movimiento sano, tendrá que ubicarse en lo que es en realidad. Un movimiento más –eso si con mucha energía– que podría unirse a las voces que reclaman mejores condiciones de vida para toda la población.