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OPINIÓN: La prohibición de los coches de caballos

OPINIÓN: La prohibición de los coches de caballos

Dic 28, 2013

Por Javier Medina —-

No habían pasado 20 años de la conquista de México (1521) cuando llegaron al país los primeros coches tirados por caballos, a los cuales se aficionaron tanto los ricos de Nueva España que el Rey Felipe II tuvo que prohibir su fabricación, uso y tenencia, so pena de fuertes multas y castigos a los infractores, ya que los equinos en ellos utilizados se requerían con urgencia para la guerra que libraba el Virreinato contra los indios chichimecos.

Los caballos, “fuerza y defensa de la tierra”

El 24 de noviembre de 1577, Felipe II expidió en Madrid la Real Cédula que imponía penas severísimas a los habitantes de Nueva España, “de cualesquier estado y condición, que viajen en coches y carrozas, y también a quienes los fabriquen y posean, en razón de que los caballos son la fuerza y defensa de la tierra, o sea, prioritarios para la guerra, antes que servir para tirar coches y carrozas de lujo.

Esta disposición, que se hacía extensiva a los demás dominios de “Nuestras Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano”, advertía que por la primera violación a la misma los infractores perderían no sólo los coches sino también los caballos y mulas que los guiaren, además de una multa de 500 pesos de oro.  Y por la segunda infracción en que incurrieren, la pena se duplicaba.

Respecto a los fabricantes de coches, debían pagar una multa de 200 pesos de oro, además de “la pena de destierro de las dichas Nuestras Indias”.

Gran escándalo entre nobles y ricos de la capital

Al oír pregonarse en México semejante prohibición se alarmaron los acaudalados usuarios de coches, pues lo único que les quedaba era quemarlos como leña, y no entendían cómo Su Majestad y su Consejo confiaban más, para la defensa del Reino, en la fuerza de los “brutos” animales que en la fidelidad de los “racionales”. ¡Un comino le importaba al Rey que sus vasallos carecieran de coches si la conquista estaba en peligro!

Sin embargo, aquella furibunda Cédula corrió la suerte de otras muchas que fueron sepultadas bajo el honroso epitafio de “Obedézcase, pero no se cumpla”. Pudo ser acatada algún tiempo, pero lo cierto es que a principios de la siguiente centuria no sólo ricos hombres y encopetadas señoras, sino los mismos virreyes y arzobispos, sonriendo y orgullosos se paseaban por las calles, arrastrados por aquellos caballos tan queridos de S.M. Felipe II.

En su “Grandeza Mexicana” publicada en 1604, Bernardo de Balbuena menciona ya la existencia de muchos coches en México.

Severas penas contra los cocheros ebrios

Más tarde, el Gobierno virreinal siguió con la idea de limitar el uso de equinos en los carruajes, ya que en auto del 21 de agosto de 1621 prohibió  “la superflua ostentación y gasto” de traer cuatro mulas o caballos en los coches y carrozas. Esta disposición exceptuaba al “Arzobispo, Obispos y Títulos que hay en esta Nueva España”. Todos los demás debían uncir en sus carros un máximo de dos bestias.

Ya en el siglo XVIII, por bando de la Real Sala de 31 de Octubre de 1777, se establecieron también severas penas para corregir los abusos que –entonces como ahora– cometían los cocheros.

Tal ordenamiento prohibió que apresuraran el paso de las mulas, para evitar atropellos a las personas, y los obligó a ir voceando y avisando para que la gente se apartara del camino del coche. También prohibió que arrimaran demasiado los forlones a la pared, impidiendo el paso de los transeúntes. Todo esto, so pena de “doscientos azotes a forma de justicia, y cuatro años de presidio”.

Bajo la misma pena, se declararon ilegales las competencias de carreras por las calles, así como la conducción de coches en estado de ebriedad. Éste es el lejano antecedente de la “Ley antiborrachos” que tantas resistencias ha despertado últimamente en Guadalajara; las sanciones que esta ley prevé son nada en comparación con los 200 azotes y cuatro años de cárcel que en aquella época se imponían a los conductores alcoholizados.

¿Quince mil coches en la Ciudad de México en 1625?

Thomas Gage, viajero inglés que vino a México en 1625, asegura que durante su residencia en la capital, el número de los habitantes españoles llegaba a 40 mil, “todos tan vanos y tan ricos que más de la mitad tenían coche”; de suerte que se creía por muy cierto que “había en ese tiempo en la ciudad más de 15 mil coches.” El historiador Luis González Obregón considera exagerado este dato, pero de cualquier manera da una buena idea de cómo proliferaron los coches en ese tiempo.

Obra consultada: Luis González Obregón. México Viejo. Editorial Patria. México. 1955. Imagen, de la misma obra, grabado del siglo XVIII.

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