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Opinión: Los ojos que no ven

Opinión: Los ojos que no ven

Mar 26, 2018

Por Ramiro Escoto //

Las autoridades estatales y federales que operan en Jalisco ahora lamentan la desaparición de personas que ha aumentado dramáticamente en los últimos días, sin embargo, como ocurre, estas reacciones pudieron ser evitadas por la prevención y esto no ha ocurrido, y lo más lamentable es que no se ve que ocurra en corto plazo.

La historia más reciente, y de la cual parece estar en el archivo del olvido, fue justo en el último año de gobierno de Emilio González Márquez, quien licitó de manera oscura y por debajo de la mesa, una red de fibra óptica que permitiría la instalación de miles de cámaras de vigilancia en zonas específicas, proyecto que quedó ahora favoreciendo a una empresa de televisión por cable que además ofrece telefonía e internet, es decir, nunca para los fines de seguridad y menos para un tema tan sensible como lo es la seguridad. El ahora ex gobernador debe sentirse culpable, responsable en parte de este asunto y la historia tendrá que hacer lo propio en su momento.

Recientemente fue inaugurado el llamado C5 en Zapopan, las autoridades advierten que con este centro de monitoreo podrían reducirse hasta en un 30% la incidencia en delitos, y puedo creerlo, prueba de ello es lo que sucede en la CDMX, donde la videovigilancia ha permitido la intervención de las autoridades con base en una especie de inteligencia que ha permitido hacer estrategia en investigación y desarticulación de bandas delictivas y células criminales, lo cual deja entrever que en el caso Jalisco, no sólo es un tema de poner cámaras, centros de monitoreo y ya. Más cuando estamos hablando de uniformados que no pasaron exámenes o se encuentras laborando al servicio de otra nómina y otros intereses, por lo que hace difícil la efectividad de respuesta en reportes o filtraciones de lo que se ve.

No es fácil y no le veo una salida fácil a este tema, que como escribo, cuesta mucho describir y más en tiempo de elecciones, donde seguramente escucharemos que la instalación de cámaras como una solución, pero ha sido la promesa de muchas administraciones y que ha dejado desfalcos, favoritismos y por supuesto nula efectividad.

Las zonas están perfectamente identificadas, no hay cámaras en esos sitios, no hay vigilancia y cuando hay, los policías de la zona están señalados como quienes o participaron o permitieron participar a la delincuencia, pero hoy, mientras usted lee esta columna siente miedo, y desconfianza seguramente porque este asunto ya rebasó los tiempos y capacidades.

Recuerdo también un esfuerzo del entonces presidente municipal Arturo Zamora quien quiso poner cámaras en la zona de Plaza del Sol, justo en la entonces llamada zona de tolerancia, pero trascendió que el equipo podía detectar rostros, placas de automotores y que esa información podía ser usada para extorsionar a quienes buscaban a las sexo servidoras, esa iniciativa se vino abajo y no sucedió, al menos en esa administración.

Hoy tenemos una recompensa para quienes den información y localizar a los estudiantes desaparecidos, un fin de semana de manifestaciones, una temporada vacacional que lejos de representar un respiro informativo, hace crecer los rumores de que Jalisco es inseguro. Hoy escribo esta columna desde Cuernavaca, Morelos, donde las cosas tampoco van bien, pero el tema de mi estado parece superar al de esta localidad.

No hay cámaras, no hay policías, no hay estrategia…menos el principio de todo este eje rector: la previsión y prevención.

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