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Osama Obama

Osama Obama

May 8, 2011

El 11 de septiembre de 2001 llegué apresurado a la cabina de la extinta estación de radio XEW (después de más de una hora en el tránsito del Distrito Federal y después del segundo avionazo a las Torres Gemelas de Nueva York, cuya noticia escuché en el también extinto Monitor de Radio Red) y transmití con Francisco Zea y Juan Calderón todo lo que iba sucediendo con ese ataque terrorista.

Cuando se especulaba el por qué y sobre todo el quién del acto, por primera vez en el mundo se escuchó el nombre de Osama Bin Laden, ligado directamente a esos hechos. Se contactó, también primero que cualquier otro medio, a una representante de la embajada de Israel, quien sin titubear afirmó que había sido ese personaje.

Aún desconocido para nuestro vocabulario informativo, conforme pasaron las horas, surgieron más voces que involucraban a Al Qaeda, talibanes y Bin Laden.

Bin Laden, un millonario de dos metros, que había hecho negocios con los Bush, resultaba el autor intelectual de la red terrorista más violenta que se conozca y era el quién del golpe más mortífero en territorio de Estados Unidos.

Diez años después, el muerto está muerto. Así se afirma y así quedará, ya que su cuerpo fue tirado al mar.

Para Obama “se hizo justicia”.

Días antes habían intentado lo mismo con el líder libio Kadafi y años antes, con Hussein de Iraq.

Nada de juicios, nada de miramientos: a los enemigos, se les mata.

Así ha sido Estados Unidos a lo largo de su historia.

Como no vi el cuerpo gigantón de Osama, debo creerle a Obama, lo que no es ninguna garantía.

Simplemente así es y punto.

No es la primera ni será la última vez de esas dudas. Pasó con el mismo Hitler, 66 años antes exactamente, y ha pasado hasta con Elvis, Michael Jackson, pasando por nuestros Villa, Zapata y hasta el propio Che Guevara.

El terrorismo es un acto criminal que se ha caracterizado por violentar principalmente a civiles inocentes y lo mismo se ha vivido con palestinos, la ETA y muchos otros grupos. Sin embargo los fieles a Bin Laden fueron otra cosa. Dispersos en el mundo, han convertido su odio en el eufemismo de Guerra Santa, que no tiene nada de guerra (por no respetar ningún código de conducta bélica) y mucho menos santa.

Sin embargo eso no le da permiso a Estados Unidos a incursionar en otro país, preparar una ofensiva militar y matar a un X ciudadano de algún país.

Contra cualquier lineamiento democrático, Estados Unidos juzgó y aplicó pena de muerte sin un juicio previo.

Que yo sepa nadie nombró a Obama o a cualquier presidente de Estados Unidos, como salvador del mundo y mucho menos se le ha autorizado para que ejerza sus leyes como si otras no existieran.

No dudo de las atrocidades del terrorismo ni de que esos miembros de grupos clandestinos merezcan el peor de los castigos, pero de eso a que se les mate nada más porque sí, hay un techo gigante.

Obama tiene ya un punto ganado para su reelección y ni quien se atreva a cuestionarlo.

Pero así como van las cosas, un día van a decidir que el narcotráfico les afecta y van a meterse a nuestro país –como ya lo han hecho– a aplicar Su Justicia (mato y después averiguo).

No me vendan ahora que Estados Unidos es el país de las maravillas democráticas y no me vendan inocencias: Osama debió ser juzgado para explicar –por ejemplo– como el propio Estados Unidos negoció armas para su movimiento contra los entonces soviéticos en Afganistán. Hussein, casi Kadafi, Osama… ¿quién sigue?

Pensar lo contrario es alentar al ojo-por-ojo y sobre todo permitir que venga otro a solucionar lo que yo no puedo hacer.

Así no se cumplen los objetivos.

 

E-mail: leonardo@epicentroinformativo.com