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LOS HOMBRES DEL PODER | La muerte del tirano

LOS HOMBRES DEL PODER | La muerte del tirano

Nov 26, 2016

Nadie es eterno. Tarde o temprano tenía qué expirar. Uno de los personajes más controvertidos del mundo fue Fidel Castro y que marcó toda una era en el siglo XX en América.

Castro falleció a los 90 años y logró sobrevivir a 11 presidentes de los Estados Unidos. Al escritor y Premio Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz se le adjudicaba la frase que el último dinosaurio marxista-leninista, «contra lo que se pudiera pensar que moriría en Rusia, se equivocan, será en América».

Paz hacía este tipo de críticas por lo dogmático de la izquierda mexicana, quedando aún algunos asientos con esos vividores de los 42 normalistas desaparecidos por el crimen organizado y la complicidad política y policiaca del estado de Guerrero, pero que en el discurso maniqueo de odio, nos recuerdan a aquellos jóvenes que fueron víctimas del lavado de cerebro en las universidades públicas.

Y así sucedió. Castro fue el último dinosaurio de esa aberración del siglo XX que se llamó comunismo que esclavizó a cientos de millones de seres humanos y que tiene la dimensión del nazismo, ejemplo de lo que son los extremos. La izquierda y la derecha, tan nefasta una como la otra, con personajes tan inmorales y perversos.

Castro fue un personaje legendario que con el «Che» Guevara hicieron moda la lucha revolucionaria, la bandera de la hoz y el martillo que millones de jóvenes latinoamericanos acogieron, convirtiendo sus nombres en ídolos y que llegaron a entregar sus vidas a la causa revolucionaria, como sucedió en América Latina.

Fue la época de las ideologías con las que se dio el engaño y la manipulación, haciendo ver un mundo de blanco y negro. Estás conmigo o estás contra mí. Y así fue como surgieron guerrillas nefastas que en nombre de la justicia y contra la opresión secuestraban y asesinaban, invadidas y movidas por el odio.

 

 

SÍ CAMBIÓ LA HISTORIA

Castro, más allá del discurso, cambió la historia de Cuba, llegando al poder con el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, pero el sueño de acabar con las diferencias sociales que prometió fue un engaño, pues se valió de las armas y del apoyo militar y económico de Rusia para convertir a Cuba en el enclave de la subversión en América Latina.

Castro puso fin a la casta de acaudalados de la era de Batista, pero parió otra plutocracia alrededor del Partido Comunista Castrista, con un terrorismo del que nadie se salvaba, ni los más allegados a su círculo, como existen tantas historias de personajes que lo registran y que terminaron en las cárceles cubanas, por contradecir o no estar de acuerdo con el dictador.

Castro se convirtió en el amo y señor de Cuba, no lo olvidemos, traicionó los ideales de la revolución socialista que más bien utilizó para engañar y luego a través del Partido Comunista creó un sistema fascista de espionaje y denuncia, acusando de antirrevolucionarios a aquellos que no estaban de acuerdo con sus ideas, como suele suceder a los de pensamiento autoritario y dogmático.

Castro encontró a Estados Unidos como su villano y demonio favorito, con lo que justificó la dictadura, la supresión total de libertad de expresión, de pensamiento, de manifestación y de elecciones libres. Y hoy vemos como sobran quienes se rasgan las vestiduras, destacando a Fidel Castro como un gran líder, carismático, sí, lo fue, pero un líder destructivo y maligno, muy perverso con la inteligencia de estar en el control de una isla más de 50 años, convirtiendo a los 11 millones de cubanos en sus esclavos.

Hay una frase que dice que antes de la Revolución Cubana, la isla y sus mujeres eran el prostíbulo de Estados Unidos, que fue cierto, pero Cuba con Castro, cambió de clientela, sus mujeres siguieron como las cortesanas de los mexicanos y extranjeros que iban precisamente por ese tipo de turismo. Esa fue la aportación del comandante Fidel, cuando las mujeres cubanas vendían su cuerpo por unas medias o unos cuantos dólares, para poder llevarles algo de comida y ropa a sus familiares.

Con Castro se cierra una época, la de la guerra fría, que se alimentó en una quimera de construir un mundo más justo, menos desigual, pero que en la realidad se transformó en una feroz dictadura de Estado que con la muerte del comandante de origen gallego, ese sistema forma parte del cementerio de la historia.

Castro representa la frustrada lucha de los equivocados de América Latina, que durante toda una vida lucharon por una causa que consideraron justa, pero muy tarde se convencieron que estaban en el error, que eran utilizados y engañados.

Como extraordinario orador que fue, como todo buen demagogo, a Fidel Castro le gustaba acuñar frases como aquella de que «Condenadme, no me importa, la historia me absolverá».

Los cubanos serán los primeros que lo juzgarán cuando salgan del estado totalitarista y conozcan que hay otro mundo, imperfecto por supuesto, muy imperfecto, pero que no puede ser peor en el que han vivido, con tanta miseria, limitaciones y sin libertad.

Un tirano ha muerto. El ejemplo del líder destructivo y perverso.

Correo electrónico: Gabriel.ibarrabourjac@gmail.com