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LOS HOMBRES DEL PODER | Alfaro y los cangrejeros de jalisco

LOS HOMBRES DEL PODER | Alfaro y los cangrejeros de jalisco

Jun 13, 2015

Ya ganó Enrique Alfaro la capital de Jalisco; Pablo Lemus dio el campanazo en Zapopan para entrar por la puerta grande en su debut en el mundo de la política, y ahora los del Partido Movimiento Ciudadano se preparan para gobernar poco más de 4.5 millones de jaliscienses, con lo que se renueva la esperanza de que se puede dar un cambio y una renovación en el ejercicio de los gobiernos.

Un gran porvenir se podría vislumbrar en el camino en la vida política para Alfaro. En él está la oportunidad histórica de hacer el bien por medio de la buena política, la que privilegia el diálogo, construye acuerdos y en forma inteligente hacer sinergia con la gente para aprovechar su fuerza y empujar a la ciudad hacia un mismo objetivo.

El gran problema de Jalisco, lo hemos dicho, lo representa aquella gente complicada e incapaz para construir acuerdos que a todos beneficie. Recuerdo a mi amigo periodista Benjamín Fernández Pichardo, quien fuera presidente de la Asociación Mexicana de Editores (AME), quien suele comentar que sus paisanos oaxaqueños «son tan enredosos, tan enredosos que hasta el queso enredan», que por cierto lo sabroso nadie se lo quita.

A lo mejor los jaliscienses no son tan enredosos como los oaxaqueños, pero sí mucho más complicados y que se muestra en la incapacidad para ponerse de acuerdo.

Alejandro Ontiveros, talentoso político jalisciense, un día me comentó al respecto sobre sus paisanos: «¿Sabes por qué los políticos de Jalisco no trascienden en la Ciudad de México? Porque les gana la mezquindad y el egoísmo. Son individualistas y no pueden ver a un emprendedor exitoso, porque luego quieren meterle zancadilla, bloquearlo y desacreditarlo, inventando mil cosas».

«Los políticos de Jalisco son como los cangrejos», decía luego Ontiveros. Y ejemplificaba: «Mete cangrejos en dos baldes. Uno cerrado y otro abierto. El cubierto introduce cangrejos jarochos y el destapado cangrejos de la tierra del tequila y del mariachi».

«De los cangrejos veracruzanos, uno subirá con la ayuda de otros y cuando llegue a la cúspide, seguramente les dará la mano a los de abajo para que suban y así entre todos poder abrir la cubeta y escapar».

«En el caso de Jalisco, la cubeta puede estar abierta. No hay peligro de que escapen. Porque cuando uno de ellos quiera ascender, es imposible que lo haga, pues los demás cangrejos se encargan de jalarlo y tumbarlo».

 

25 años jugando vencidas

Se podrá analizar la falla de los partidos políticos, las camarillas y grupos caciquiles dominantes, pero el fondo de los problemas que vivimos en Jalisco son la falta de acuerdos y la proclividad a la simulación. Y hoy Alfaro y su grupo tienen una oportunidad de ser útiles a Jalisco.

Pero para que su proyecto pueda fructificar se requiere que hable la buena política, la del diálogo y construcción de acuerdos. No la política de la confrontación, de la zancadilla, la del obstáculo, que de alguna manera vivió en Guadalajara como presidente municipal Aristóteles Sandoval frente al gobierno de Emilio González Márquez, que constituyó un juego de vencidas.

¿Cuál será la actitud de Aristóteles ante el gobierno de Alfaro? ¿Será de armar una agenda común que impulse el desarrollo y mejoramiento de la ciudad o será de generación de obstáculos y del conflicto permanente?

Comenta Ismael del Toro que su gobierno en Tlajomulco ha sido difícil y complicado al tener qué estarse defendiendo del fuego que le lanzan funcionarios estatales.

El primer mensaje de Alfaro, la noche que festejó el triunfo frente a sus seguidores que le dieron el voto para que se convierta en alcalde de Guadalajara y ante el grito de «¡Alfaro gobernador…Alfaro gobernador!», logró controlar las emociones y dijo que su principal reto y preocupación es gobernar bien Guadalajara y no fallarle a los ciudadanos.

La campaña, precisó Alfaro, ya pasó y ahora es momento de construir. Bien que haya disposición de las dos partes de armar una agenda común para trabajar por Guadalajara y Jalisco. Si realmente existe voluntad de las partes, puede ganar la buena política; si no hay voluntad, todos pierden, todos perdemos, gana la mala política con el engaño, la simulación y todo aquello que tiene hartos a los ciudadanos.

Esperemos que Enrique Alfaro gobierne con seriedad, inteligencia y también con carácter, pero algo muy importante debe tener presente y que se lo escuché al exgobernador Francisco Ramírez Acuña: que no se victimice.

Alfaro llega con un sólido capital político que le entrega la gente. Esperemos que lo multiplique y no decepcione a esos 331 mil ciudadanos que le dieron el voto para que los gobierne. Ojalá sus acciones sean congruentes y así con su trabajo ayude a revalorar la buena política.

 

Correo electrónico: gabriel.ibarrabourjac@gmail.com