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Políticamente Correcto: Carta a Margarita

Políticamente Correcto: Carta a Margarita

Oct 7, 2017

Por César Iñiguez //

Lamento, como muchos lamentamos tu partida del PAN, partido en el que naciste, te formaste y luchaste. Eres de familia de cepa panista, a diferencia de muchos de nosotros que conocimos el PAN en la calle, de manera silvestre, tú naciste dentro de él, tu familia, tus padres y hermanos participaron en la construcción del PAN que a principios de siglo llegó al poder, poder que finalmente se logró en la persona de tu esposo, Felipe Calderón, quien llegó a obtener la máxima magistratura del país.

Muchos pensamos que practicabas cabalmente la doctrina del PAN, de la solidaridad, de la subsidiariedad; de la búsqueda del bien común, por encima de los intereses particulares.

Algo pasó en el camino, porque con ése ánimo de escucharte el año pasado, recién pasadas las elecciones intermedias del 2015 y a inicios del 2016, te acompañamos varios compañeros a un evento donde evidentemente las cosas cambiaron y tu discurso fue otro.

Hablabas de una partidocracia rebasada, hablabas de una realidad del país que iba a otro ritmo distinto al de los partidos, incluyendo al PAN.

Acarreaste, en ese evento, camiones de algunos estados vecinos, donde los asistentes apartidistas, con preguntas e intervenciones claramente prefabricadas te animaban a explorar la candidatura independiente, con respuestas tuyas que daban la sensación de que el PAN te quedaba chico.

Extrañado, pensé, que era una estrategia tuya para acaparar un mercado sin partido, lo que comprendí pero nunca justifiqué; dado que tu clara exposición y tu aspiración, en su totalidad, se la debías al PAN.

Luego de ese día, fueron varias ocasiones en las que te escuché en redes, en medios y de manera personal, que la vía independiente era una ruta más que óptima para lograr la presidencia de México.

Lo tenías planeado y lo calculabas, junto con Felipe, desde entonces.

De manera sorpresiva, luego de las elecciones de junio del 2016, cuando el PAN gana siete de doce gubernaturas, ciudades medias, capitales y mayorías en congresos locales, tu discurso volvió a cambiar.

Del cajón de los recuerdos sacaste tus fotografías de joven en las que presumías tu añeja militancia al lado de tu marido, y te convertiste en la más panista de los aspirantes a la presidencia de México, algo que presumías en tus redes y en tu discurso, contrario a lo que manifestabas apenas unos meses antes.

Al haber comenzado mucho antes que todos los demás, y por obvias razones ser la más conocida, pensaste que -ipso facto- y al estilo arrebatador de Felipe, el PAN te daría, como trámite, la candidatura a la presidencia de México.

Tu esposo Felipe, cuando era presidente de México, ponía, quitaba, ungía a los presidentes del PAN en turno y dominaba al partido en una dinámica que creyó tener hasta estas fechas. Algo irreal. Las cosas habían cambiado.

El PAN estaba de regreso, estaba más vivo que nunca y lo sabían, lo tenían medido y no podían dejar escapar la oportunidad, pero las condiciones les eran adversas, había varios candidatos a ocupar la máxima magistratura del país al interior del partido y una dirigencia que no controlaban.

Como método de presión, orillaron al PAN a perder la presidencia de la Mesa Directiva del Senado mexicano, al poner a Cordero, uno de sus incondicionales, en alianza con el PRI.

El tufo del PRI se percibe a la distancia entre ustedes, al ser inexplicablemente, un integrante conocido de su grupo, José Antonio Meade Kuribeña, Secretario de Estado con Peña Nieto y de manera sorprendente, precandidato presidencial por el PRI.

Esto sin contar el parentesco político que tienen tú y tu prima Mariana, con Luis Videgaray, canciller y principal consejero y asesor de Peña Nieto.

Meade, por cierto, frecuente interlocutor en el Senado, entre el grupo tuyo y de tu esposo con el PRI y con otras fuerzas políticas, todo al margen del PAN.

Ahora, decidiste irte del PAN, en una extraña maniobra que le beneficia solo, de manera sospechosa, al PRI y eventualmente a Morena.

Decidiste irte, para no ir a una contienda en la que si bien, no tenías muchas posibilidades de ganar, no habías perdido aún, para vivirla de manera testimonial.

Preferiste incendiar tu casa, con tus hermanos y seguidores dentro, para caprichosamente ver la de tu vecino arder.

Una mala noticia te voy a dar, nuestro partido no se mueve de manera corporativa; nuestro partido no forma caudillos, nuestro partido tiene una antigüedad que se acerca al centenario de vida institucional y que ha trascendido personas y candidaturas, en las que militan ciudadanos que difícilmente siguen aventuras electoreras.

Así que, suerte para ti, para Felipe y sus cinco senadores.

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