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Políticamente Correcto: El trastorno narcisista

Políticamente Correcto: El trastorno narcisista

Jun 10, 2017

Por César Iñiguez //

De acuerdo con la especialista en psiquiatría, María López Moraila, los trastornos de personalidad están agrupados, de acuerdo a sus características en 3 conjuntos, que a su vez, están categorizados en diez tipos distintos.

En esta categorización destacan algunos trastornos, como el esquizotípico de la personalidad, el límite de la personalidad, el de la personalidad antisocial, el de la personalidad evitativa, el de la personalidad obsesivo-compulsivo y el de la personalidad narcisista.

Este último trastorno destaca de los demás, porque algunos políticos lo padecen y particularmente uno, que es alcalde de un municipio de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

En el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (Diagnostic and Statistiscal Manual of Mental Desorders, DSM por sus siglas en inglés) se describe el trastorno de la personalidad narcisista de la siguiente forma: “El rasgo de la personalidad narcisista es la grandiosidad. Las personas afectadas tienen un sentimiento exagerado de superioridad y esperan ser tratados con deferencia. Explotan a los demás porque creen que su superioridad lo justifica. Sus relaciones se caracterizan por la necesidad de ser admirados. A menudo creen que otras personas los envidian, y son exactamente sensibles a la crítica, el fracaso o la derrota. Cuando se enfrentan al fracaso, para satisfacer su elevada opinión de sí mismos, pueden encolerizarse o sufrir una depresión grave o incluso, el suicidio”.

Los síntomas de de una persona que padece el trastorno son reaccionar a la crítica con sentimientos de rabia, vergüenza o humillación; aprovecharse de los demás para cumplir sus metas, regularmente las personas suelen tener sentimientos excesivos de egocentrismo; requieren reconocimiento y admiración constantes; exageran sus logros, acciones y talentos.

Este trastorno de personalidad, conocido coloquialmente como megalomanía, trae consigo fantasías delirantes de poder, las personas que lo padecen se asumen como extremadamente relevantes, que todo lo pueden, y sufren de un egocentrismo exacerbado.

Si una persona no trata su enfermedad presenta problemas serios en las relaciones interpersonales, laborales y familiares.

Las palabras que Enrique Alfaro pronunció en la entrega de calles pavimentadas en la colonia Lomas del Gallo, el pasado viernes dos de junio, son reveladoras.

La ofensa a los diarios Mural, Crónica y NTR al haberlos llamado medios “basura” es consecuencia de una posible enfermedad que padece, y los síntomas se escuchan en las palabras que pronunció.

Habló en múltiples ocasiones en primera persona, refiriéndose con ínfulas de extrema superioridad con respecto a los demás, llámese medios, ciudadanos y personas que lo han criticado y le han señalado sus errores.

Se refirió de sí mismo como una de “las últimas de las esperanzas” que le quedan a México, en un evidente desfase de su realidad, y remató con una muestra de superioridad incomprensible al decir: “yo me voy en un rato, ¿y después qué? (va a pasar con Guadalajara), ¿quién va a venir, quién va a llegar y qué va a hacer?”, asumiéndose como una persona extremadamente superior a las demás, que serían incapaces de hacer lo que él ha hecho.

Su desfase de la realidad lo hizo hacer retos y reproches a los medios de comunicación, reclamándoles que ellos no hacen lo que él, entregar obras y realizar mejoras a los servicios públicos, y reprochándoles que “no le llegan ni a los talones”, en un evidente desconocimiento de la labor y relación entre los comunicadores y el gobierno. ¿Cómo, el alcalde compara su trabajo de obra pública con el trabajo que realizan los medios de comunicación? Es inconcebible.

Después, en una carta donde ofrece supuestas disculpas y se justifica: “Estaba enojado porque despertar todos los días y leer mentiras y ofensas sobre ti, así como la descalificación sistemática de tu trabajo, a cualquiera le generaría una reacción de esa naturaleza. Pero yo tengo una responsabilidad y un liderazgo que me obliga a moderar mi lenguaje y atemperar mis ánimos.” Manifestó.

Hay algo que el alcalde no entiende, que la labor de los medios es de indagar, observar, señalar y publicar lo que no se hace y no se hace bien; no es una crítica sistemática. El pensar que todo mundo te critica y descalifica es un mal síntoma; y los es también el generar sentimientos exacerbados de ira.

El problema de Alfaro no fue el lenguaje que usó, sino los síntomas que reveló con su mensaje.

Facebook: César Iñiguez

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