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POLÍTICAMENTE CORRECTO: La crónica de un desgobierno anunciado

POLÍTICAMENTE CORRECTO: La crónica de un desgobierno anunciado

Nov 16, 2013

Por César Íñiguez —-

La voluntad mueve montañas; la mejor arma y la mejor herramienta es la decisión, para conseguir objetivos; si no se tiene, difícilmente se alcanza. Ramiro Hernández, el alcalde tapatío, buscaba la candidatura al Gobierno del estado de Jalisco y al no conseguirla, obtuvo como premio de consolación, el competir por la alcaldía de la capital de Jalisco.

Encandilado por el supuesto poder que representaba y sin haber ejercido algún cargo ejecutivo en su carrera política, sin pretender, ni buscar y seguramente sin pretender aceptó el reto, lo que ha implicado su mayor conflicto hasta hoy, gobernar Guadalajara.

Ramiro llegó al cargo con grandes problemas heredados por su antecesor, un enorme empréstito que cataloga al municipio tapatío como el más endeudado de todo el país, con una carga de más de dos mil 600 millones de pesos a cuestas, así como el alza en la inseguridad.

Ramiro Hernández García, no sólo, no solucionó los problemas que heredó, sino que los empeoró; la inseguridad se disparó hasta el punto de ser incontrolable y los escándalos de corrupción han movido regidores y funcionarios de todos los niveles; dejando al gobierno municipal en completa anarquía.

En lo que va del año, se han registrado 123 robos bancarios en la Zona Metropolitana de Guadalajara; más de la mitad de ellos en la capital; cifra que contrasta en el 2008, cuando no se registró un solo hurto de este tipo.

Los “motorratones” comenzaron a hacer de las suyas y a mediados de este años estaban imparables, al grado de que el alcalde diera la “recomendación” de evitar hacer llamadas y usar el móvil en la calle.

Al igual que estos ilícitos, los robos a viviendas y negocios sufrieron un incremento del 30 por ciento con respecto al año pasado.

Las denuncias de corrupción vienen a dar un severo golpe a la administración priísta de Ramiro; primero, con la denuncia que hizo el entonces director de Inspección y Vigilancia, Salvador Orozco, quien denunció que no podía hacer cumplir la ley y retirar a los vendedores ambulantes del centro histórico, por que el secretario general Tomás Vázquez Vigil los protegía.

Uno salió por denunciar y otro salió por el escándalo; esto se complicó con las recientes grabaciones que señalan la corrupción con los vendedores ambulantes, a quienes supuestamente se les pidió dinero por instalar kioscos y poder burlar la ley para instalarse informalmente en el primer cuadro de la ciudad; caso en el que señalan a Tomás Vázquez y a la regidora, coordinadora de los ediles priístas Verónica Flores, a quienes denuncian de haber recibido sobornos millonarios.

Mismo caso es el de la regidora que ya cayó Elisa Ayón, quien se autonombró como la mandamás y les advirtió a los trabajadores de la Dirección de Panteones, que sus espacios de empleo y los bienes de ésta área del municipio pertenecían a su patrimonio; casi al mismo tiempo, fue sorprendida en otra grabación donde pedía dinero a comerciantes para “El Patrón”; a lo que el alcalde se deslindó.

El desgobierno ocurre por dos causas; por acción u omisión, o por ambas.

Nunca han existido malos grupos o buenos grupos; sino buenos líderes o malos líderes; en este caso, tenemos la respuesta a lo que ocurre en la capital jalisciense.

Quizá Ramiro no esté enlodado con estos escándalos y que efectivamente no sea él, el orquestador de todo este desorden, pero es claro responsable. Si Gabriel García Márquez fuera tapatío y hubiera conocido a Ramiro Hernández, seguro hubiera escrito la crónica de un desgobierno anunciado.

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